Los casos de miopía en la infancia han aumentado en los últimos años. Las causas pasan por un cambio en los hábitos de vida, con menos actividades al aire libre y más pantallas, cuando precisamente un estudio ha confirmado que la mejor manera de prevenir este defecto de refracción del ojo es lo contrario: estar menos en casa y más en el parque.
Se trata del estudio del departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, publicado en «Frontiers in Medicine», que ha demostrado que pasar al menos siete horas a la semana al aire libre se asocia con un 50 % menos de riesgo de desarrollar miopía durante la infancia.
El CUFAV
La investigación, elaborada a partir de los exámenes a 2.262 escolares de la Comunidad de Madrid, ha concluido que el CUVAF (la autofluorescencia ultravioleta conjuntival, por sus siglas en inglés), que es la huella solar que se queda en el ojo, sirve para determinar el tiempo de exposición al sol y es un biomarcador para estimar la incidencia de la luz exterior en la infancia.
«Así como nos ponemos morenos cuando nos da el sol en verano, es una reacción normal de nuestra piel de defensa, en el ojo ocurre de una forma parecida. Cuando nos da el sol, se nos queda una huella, una marca, un cambio en las estructuras de la conjuntiva, que no son visibles con luz normal, pero sí con una luz ultravioleta», explica a EFE uno de los investigadores del estudio, el doctor Sergio Recalde.
Al poner la luz ultravioleta sobre el ojo, la huella brilla y se puede medir. Ésta indica el tiempo que las personas han pasado al aire libre, en este caso, los niños y niñas, que es en quienes se ha centrado el estudio.
Así, los investigadores han comprobado que cuanto más tiempo al aire libre, hay menos probabilidad de desarrollar miopía. «Es un factor protector muy importante», señala Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental de la Clínica Universidad de Navarra.
Por qué ayuda el aire libre
Las actividades al aire libre, prosigue el experto, ayudan a la prevención por varias razones. Una de ellas es que con el sol se genera dopamina, y ésta controla el correcto crecimiento ocular.
También por el ciclo circadiano, ya que los ojos son «nuestra ventana», y por el hecho de mirar de forma relajada a lo lejos, sin centrar la mirada en algo cercano, que constituye un factor de riesgo para la miopía.
«Esos factores hacen que este biomarcador, el CUFAV, sea una herramienta muy útil para saber exactamente sobre el tiempo que pasa al aire libre cada niño y por lo tanto la protección que puede tener frente a la miopía», abunda Recalde.
No obstante, en la miopía hay una parte hereditaria, genética, que predispone a tenerla, no solo depende de las actividades que haga la persona.
Esa huella solar que mide el CUFAV y que ayuda a prevenir la miopía, no tiende a desaparecer, pero el experto aclara que hay que mantenerla.
«Es como cuando te apuntas al gimnasio. Vas el primer año y coges una forma buenísima y piensas ya está. Pues no, hay que mantenerlo, seguir haciendo actividades», apunta.
Fases cruciales para el crecimiento del ojo
La franja de edad más importante, según el investigador, es la que se encuentra entre los 8 y los 16 años, es una fase crucial para el crecimiento del ojo. La que va marcar donde puede empezar o no la miopía.
Hay otra fase, ya en la edad adulta, y es durante la universidad, cuando los estudiantes tienen que pasar mucho tiempo estudiando y menos al aire libre.
«Esas dos fases son vitales para el crecimiento del ojo y es donde más puede desarrollarse o no la miopía. Hay que fomentar esos hábitos saludables al aire libre», incide.
Cuantas más horas, mejor
En los tiempos que corren en los que las pantallas han ocupado gran parte el ocio infantil y adolescente, los investigadores insisten en la importancia de pasar tiempo al aire libre porque esas sisete horas semanales no solo suponen un 50 % menos de riesgo de tener miopía, sino que cada hora más supone una reducción de un 2 % extra.
«El mejor tratamiento para la miopía es que los niños jueguen al aire libre. Evidentemente luego hay otros tratamientos que también se pueden utilizar y que son recomendables en caso de que la miopía les vaya avanzando de forma muy rápida. Pero el más eficaz a la hora de prevenir es el hacer actividades al aire libre», redunda.
Sobre este punto hace hincapié en que es como una balanza: si la infancia va hacia el lado de estar con pantallas, gana en riesgo de tener miopía; si va por el otro, por el de jugar al aire libre, gana en prevención frente a la miopía.
El incremento de casos
En este sentido recuerda que uno de los problemas que están viendo en las consultas de oftalmología es el aumento de la prevalencia de la miopía entre los escolares.
Entre los estudiantes de segundo de Primaria, un 6 % tiene este defecto de refracción del ojo, porcentaje que se incrementa hasta un 18 % en sexto de Primaria.
«Estamos hablando de que se triplica en tres o cuatro años y es preocupante. Son cosas que estamos viendo porque están cambiando los hábitos de muchas familias. Se busa de las pantallas y los niños juegan menos en la calle», destaca.
Por eso, el experto de la Clínica Universidad de Navarra considera que estudios como este, realizado en colaboración con la asociación la Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España (AMIRES), vienen bien para trasladar a la sociedad la idea de que pasar tiempo en la calle, salir, es bueno para la infancia.
