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El poder de la conversión y del diálogo en el camino espiritual del obispo Boxie

El hoy obispo Robert Boxie III habla en una entrevista en noviembre del 2020 de la necesidad de construir una Iglesia más inclusiva. Foto/captura video AOW

La historia de fe del hoy obispo Robert Boxie III está marcada por la perseverancia, la identidad y el compromiso de construir una Iglesia más inclusiva. Originario de Lake Charles, Luisiana, el sacerdote afroamericano, concedió una entrevista al Catholic Standard en noviembre de 2020 en su condición de sacerdote capellán de la Universidad Howard. Aquí un resumen de su visión que fue grabada para la Arquidiócesis de Washington.

En el video Robert Boxie III indica que su camino espiritual comenzó en una comunidad católica afroamericana vibrante que le enseñó el amor de Dios, la importancia de la oración y el orgullo de vivir su fe.

“Mi fe ha sido algo extremadamente importante para mí durante toda mi vida”, afirmó el padre Boxie al recordar la influencia de sus padres y de la comunidad que lo formó. Desde niño aprendió a rezar y a participar en la misa dominical. Su padre, especialmente, le inculcó la importancia de mantener esa práctica incluso cuando dejó el hogar para estudiar en la universidad.

Con el tiempo, esa fe dejó de ser solamente una tradición familiar y se convirtió en una decisión personal. “La fe se convirtió en algo que asumí por mí mismo”, explicó.

Para el entonces padre Boxie, el testimonio de los católicos afroamericanos está profundamente unido a la perseverancia. Señaló que una fe fuerte y madura ha sobrevivido a siglos de discriminación, injusticias y momentos en los que muchos fieles de color fueron tratados como ciudadanos de segunda clase.

“Es una fe que conoce quién es Dios y quién es Jesucristo”, expresó el religioso, destacando que la experiencia de quienes lo precedieron fortalece su propio ministerio sacerdotal. Agregó que “hubo personas antes que yo que enfrentaron condiciones mucho más difíciles, y eso me inspira todos los días a continuar compartiendo lo que ellos me enseñaron”.

Una experiencia de racismo

Durante su formación sacerdotal en el Colegio Norteamericano en Roma, el padre Boxie vivió una experiencia que marcó profundamente su vida. Al llegar al seminario descubrió que un compañero de habitación tenía una bandera confederada en su cuarto. La imagen lo impactó porque para muchos afroamericanos ese símbolo está relacionado con una historia de esclavitud, segregación y discriminación racial.

Boxie decidió hablar con su compañero y explicarle el significado que esa bandera tenía para él y para la comunidad afroamericana. Aunque inicialmente fue una conversación difícil, con el paso de las semanas el joven decidió retirarla.

Años después, esa experiencia tuvo un desenlace inesperado. En medio de las protestas nacionales contra el racismo y la violencia racial, aquel antiguo compañero lo llamó para pedirle perdón.

El hombre, que entonces era maestro en una escuela católica, le explicó que había comprendido el impacto de aquel símbolo y que quería aprender cómo convertirse en un aliado para promover la comprensión racial y la reconciliación.

Para el hoy obispo Boxie, esa historia demuestra el poder de la conversión y del diálogo: “Mediante la reflexión personal, el discernimiento y el poder del Espíritu Santo podemos estar abiertos a escuchar las experiencias de los demás y avanzar juntos”.

Racismo es una herida en el corazón

En esa ocasión, al reflexionar sobre las protestas contra el racismo, el entonces sacerdote señaló que esta realidad no pertenece únicamente a Estados Unidos, sino que representa un problema mundial.

“El racismo y la discriminación no son solamente un problema de un país o una nación; es un problema del corazón humano”, afirmó Boxie III, describiéndolo como una distorsión espiritual que necesita ser enfrentada.

Según el reverendo Boxie III, la pandemia también reveló profundas desigualdades sociales y de atención médica que afectan especialmente a comunidades afroamericanas, hispanas y otras minorías.

“La verdadera prueba de una gran nación es cómo trata a quienes están en los márgenes, a quienes son olvidados”, señaló el entonces capellán de Universidad Howard.

Para el religioso, esa crisis debió convertirse en una oportunidad de transformación para la sociedad y para la Iglesia.

Un llamado a la Iglesia

El hoy obispo Boxie afirmó durante la entrevista que la Iglesia católica tiene un papel fundamental en la lucha contra el racismo y consideró necesario que sacerdotes, obispos y comunidades parroquiales continúen hablando sobre este tema y poniendo en práctica las enseñanzas de la Iglesia.

Recordó documentos episcopales sobre el racismo y destacó que no basta con conocerlos, sino que deben aplicarse en la vida pastoral.

También insistió en la importancia de la formación de los futuros sacerdotes.

“Los seminaristas deben conocer la historia, recibir herramientas y estar preparados para ayudar a sus comunidades a enfrentar estas realidades”, expresó el hoy obispo Robert Boxie III.

A nivel personal, invitó a cada católico a revisar su propio corazón mediante la oración y pedir la guía del Espíritu Santo para reconocer prejuicios, heridas y oportunidades de reconciliación.

“Debemos educarnos, conocer la verdadera historia y buscar caminos para ser verdaderos discípulos y testigos de Jesucristo”, afirmó el religioso.

Cristo como esperanza

En esa ocasión, cuando se le preguntó qué le permite mantener la fe en la Iglesia y en su país, el padre Boxie respondió con una frase sencilla: “Jesucristo”. “Esta es su Iglesia, este es su pueblo, este es su mundo. Para él, la misión de los cristianos es trabajar por un reino de amor, servicio, reconciliación y paz”.

También manifestó esperanza al observar el liderazgo de los jóvenes en los movimientos sociales actuales: “Ellos no solo son el futuro. Ellos también son los líderes del presente”, afirmó al destacar el entusiasmo de los estudiantes con quienes trabajaba en la Universidad Howard.

Momento para católicos afroamericanos

En esa oportunidad el padre Boxie III también destacó el significado histórico del nombramiento del arzobispo Wilton Gregory como cardenal, convirtiéndose en el primer cardenal afroamericano en la historia de la Iglesia Católica.

Consideró que este acontecimiento representaba un reconocimiento al servicio pastoral del cardenal Gregory, pero también a toda la comunidad católica afroamericana.

“La fe, las contribuciones, el testimonio y la experiencia de los católicos afroamericanos importan y son un regalo para la Iglesia universal”, afirmó el entonces capellán de la Universidad Howard.

Para el obispo Boxie, este momento tiene un significado especial porque durante mucho tiempo los hombres afroamericanos enfrentaron barreras incluso para ingresar al seminario: “Ahora uno de los nuestros es un príncipe de la Iglesia”, expresó con emoción.

El sacerdote concluyó que este acontecimiento no solo pertenece a la comunidad afroamericana, sino a toda la Iglesia en Estados Unidos y al mundo entero, porque refleja una Iglesia llamada a escuchar todas las voces y caminar hacia una mayor unidad.



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