Catholic Standard El Pregonero
Clasificados

“En español aprendí a profesar mi fe”. Familias hispanas llevan a la mesa de Acción de Gracias la fe y las raíces que trajeron consigo

(De Izq. a Der.) Daniela Flores, Guadalupe Osorio, José Hernández (líder del grupo de jóvenes) Brianna Rodríguez, Meibelyn Pineda, Steven López y Anderson Martínez son los jóvenes de catequesis voluntarios quienes se encargaron de brindar orientación a los padres de familia y al público en general en el Día Catequético 2026, realizado en la escuela católica DeMatha, en Maryland, con la participación de más de 700 personas, el 17 de octubre de 2026. Lo jóvenes también hablaron cómo el español sigue siendo la lengua en que se reza y se transmite la fe. Foto/MV

“En español aprendí a profesar mi fe por su calidez, que no la siento en otra lengua”, dice Daniela Flores, de 15 años, hija de inmigrantes salvadoreños y voluntaria en el Día Catequético 2026. Lo que ella expresa lo repitieron, con otras palabras, las familias y los jóvenes hispanos que, a pocas semanas del Día de Acción de Gracias, muestran cómo se hace propia una fiesta estadounidense sin renunciar a las raíces: la pupusa, el mole y el pozole comparten la mesa con el pavo, y el español sigue siendo la lengua en que se reza y se transmite la fe.

Durante el Día Catequético 2026, el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, subrayó ante más de 700 asistentes en DeMatha, el 17 de octubre, que la familia es el primer lugar donde se aprende a amar y a compartir. Es un mensaje que las familias hispanas del área viven también en torno a la mesa.

Entre los asistentes, numerosas familias hispanas y jóvenes voluntarios hablaron de cómo las comunidades inmigrantes incorporan Thanksgiving con una asimilación ecléctica: la integran a la vida familiar, mantienen las costumbres de sus países de origen y las enriquecen con ella. En todos los relatos, el español aparece como signo de identidad religiosa y vehículo insustituible de la fe católica.

Faustino de la Paz y Martha Santos acudieron al Día Catequético con la intención de “pasar la fe y participar en un día de formación con la idea de compartir con los demás”, pensando ya en la fiesta familiar de Acción de Gracias, que comienza muy temprano con la asistencia a misa. Feligreses de San Bernardo, donde colaboran en el RICA, preparan por la tarde la tradicional cena familiar: una comida “mestiza” con gallina horneada, pan con pollo, tamales de gallina y las infaltables pupusas.

Delmis Rosales -madre de cuatro hijos nacidos en EEUU- dice que la lengua materna es fundamental en la transmisión de la fe: “Mis hijos han aprendido la fe en español, han aprendido el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo en español”. Foto/MV
Delmis Rosales -madre de cuatro hijos nacidos en EEUU- dice que la lengua materna es fundamental en la transmisión de la fe: “Mis hijos han aprendido la fe en español, han aprendido el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo en español”. Foto/MV

El español, lengua de la fe

Delmis Rosales, madre de cuatro hijos nacidos en Estados Unidos y catequista de Alma Eucarística, considera que participar en esta jornada es una experiencia enriquecedora que permite conocer a catequistas de otras parroquias. Define su labor como una lucha diaria entre el cuerpo y el espíritu: “Uno no puede dar a los jóvenes lo que no se tiene, de allí la importancia de participar y alentar a los demás a hacerlo”.

Rosales recuerda a los padres y a sus hijos que, en cuestiones de fe, nada es más importante que la santa misa, que no es una opción: si no se entiende “el sacrificio de la misa”, no se la valora en su real significado. El ejemplo de los padres, afirma, es la mejor “escuela” para formar desde pequeños la conciencia de los hijos y para confiar en que mantendrán los principios que se les enseñó.

Para ella, la lengua materna es fundamental en la transmisión de la fe: “Mis hijos han aprendido la fe en español, han aprendido el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo en español. Acuden también a misa en inglés, pero se saben las oraciones en español”.

Agrega que, en las familias hispanas, son las abuelas y las madres quienes han transmitido la fe en español, una fe más devocional, a la que se suman otras tradiciones familiares, como Thanksgiving. Ese día, la familia acude a casa de su cuñada y cocina pavo; como sus hijos no son aficionados a él, preparan también pupusas revueltas, arroz, pan relleno (con repollo, mayonesa, remolacha, rábano y tomate) y vegetales crudos.

Rosales hizo hincapié en que, en estos tiempos recios, muchas familias inmigrantes han sido separadas, otras han perdido su trabajo y no cuentan con recursos para una gran cena. Pero, subrayó, lo importante es compartir en familia: “Es la fiesta que más me gusta porque nadie piensa en llevar regalos, solo en compartir nuestra rica comida en familia”.

En su parroquia, el santuario del Sagrado Corazón se prepara y se sirve comida a los desamparados durante todo el año. El martes, antes de Thanksgiving, se ofrece una cena especial en la que jóvenes catequistas, acompañados de sus padres, atienden y sirven a las personas sin hogar. Para Rosales, el recuerdo más valioso es compartir con la familia y con los demás y dar gracias a Dios por el regalo de la vida: “A pesar de todas las adversidades, Él siempre está presente; todos tenemos dificultades, pero Dios siempre va a brillar”.

Faustino de la Paz Ojeda y Martha Santos Ojeda, feligreses de San Bernardo, acudieron al Día Catequético con la intención de “pasar la fe, participar en un día de formación con la idea de compartir con los demás”, pensando ya en la fiesta familiar de Acción de Gracias. Foto/RR
Faustino de la Paz Ojeda y Martha Santos Ojeda, feligreses de San Bernardo, acudieron al Día Catequético con la intención de “pasar la fe, participar en un día de formación con la idea de compartir con los demás”, pensando ya en la fiesta familiar de Acción de Gracias. Foto/RR

Un encuentro de culturas en la mesa

La cena de Acción de Gracias se ha convertido, hoy más que nunca, en un verdadero encuentro de culturas, por los matrimonios entre migrantes de distintos países, algo que se refleja en los platos que se sirven en todo el territorio estadounidense.

“Los que se casan con personas de otras culturas que no saben de las nuestras, como es mi caso, se enamoran de nuestras pupusas y de la horchata”, dice Rosales. “Además de la comida, se contagian de la calidez y el trato de nuestras familias; y en ese aspecto las mamás somos únicas en el modo como identificamos y llamamos por sus nombres a nuestros hijos”. A esa calidez y alegría (“somos bastante bulliciosos”) se suma la devoción a la Inmaculada Concepción y a la Virgen de Guadalupe, estandarte de las comunidades hispanas.

Los esposos José Ángel y Elvia Claribel Campos, padres de un hijo adolescente, participan juntos en toda actividad familiar, desde ir a misa -como Elvia solía hacerlo con su abuela- hasta la celebración de Acción de Gracias, tradición que aprendieron aquí y han hecho suya. Agradecidos con Dios y con el país que los acogió, celebran la Navidad evitando la espiral consumista y cuidan de que su hijo use la tecnología con responsabilidad, para que esta no lo domine.

Festejan Acción de Gracias con la familia extendida en casa de su hermano, a quien le gusta tener a todos reunidos. Cada uno llega con algo para compartir, para “dar gracias a Dios y compartir la fe. Y como los nativos americanos ayudaron a los peregrinos a sobrevivir, así también ayudamos a los demás”. Sobre la mesa figuran las ubicuas pupusas, los tamales y lo que prepara el padre, que es chef: “Una gran fiesta en la que todos disfrutamos de la mesa”.

“Como inmigrantes venimos con un sufrimiento personal que hacemos social, y no enseñamos a nuestros hijos las raíces de su tradición”, dice Elvia. Su hijo las aprendió de su abuela. “Los que estamos aquí necesitamos hablar y enseñar a los jóvenes desde esas raíces, y desde el sufrimiento, a no olvidarse de sus tradiciones”.

A su familia le ha funcionado hablar español en casa: en la escuela los niños pasan ocho horas en inglés, pero el español en el hogar despierta el interés por las tradiciones propias en un país donde conviven muchas culturas. El idioma, afirma, es fundamental en la transmisión de la fe y portador de una sensibilidad cultural llena de frases y expresiones antiguas que hablan de la manera de ser de los hispanos.

Los Campos forman parte de la parroquia de St. Margaret, comunidad americano-caribeña que celebra en Acción de Gracias una cena comunitaria a la que se invita a los parroquianos a compartir los platos típicos de sus países de origen.

Heydi Laparra, feligresa de la Capilla Latina y madre de Andre, Pamela y Kennet, subraya que transmitir la fe a sus hijos ha exigido hacerlo en español, su lengua materna. Ser bilingüe es importante, dice, pero hay que enseñar a los hijos a hablar bien el español para que puedan transmitir la fe.

Recuerda que, en su primer año como inmigrante, puso todo de su parte para adaptarse a un nuevo país, una nueva lengua y nuevas costumbres. Hoy, en las cenas de Thanksgiving, tradición que abrazan con entusiasmo, llevan a la mesa la comida “chapina” de su Guatemala natal: enchiladas de curtido (con repollo, remolacha y zanahoria cocidos con vinagre), ensaladas, pavo y camote. Valoró, además, los temas del Día Catequético, orientados a aprender “a ser buenos catequistas para poder transmitir la fe”, en particular a los jóvenes.

(Arriba) José Ángel Campos -su esposa Claribel y su hijo- en Thanksgiving dan gracias a Dios y comparten su fe y, como los nativos americanos ayudaron a los peregrinos a sobrevivir, así también ayudan a los demás (Foto/MV). (Izq.) Juan Sotelo, destaca la importancia del español en la formación catequética y de fe, y es más relevante con los niños a quienes los padres enseñan la fe en su lengua materna. Foto/RR
(Arriba) José Ángel Campos -su esposa Claribel y su hijo- en Thanksgiving dan gracias a Dios y comparten su fe y, como los nativos americanos ayudaron a los peregrinos a sobrevivir, así también ayudan a los demás (Foto/MV). (Izq.) Juan Sotelo, destaca la importancia del español en la formación catequética y de fe, y es más relevante con los niños a quienes los padres enseñan la fe en su lengua materna. Foto/RR

Jóvenes voluntarios: la fe heredada en español

La presencia juvenil fue notoria. Jóvenes voluntarios orientaban al público por doquier, muchos de ellos asistentes de catequesis en sus propias parroquias.

Es el caso de Daniela Flores (15), de la parroquia de San Marcos y alumna de la escuela pública Montgomery Blair, quien dice que “ayuda a crear la fe enseñando con el ejemplo, como Jesús lo hizo, asistiendo a la gente”. En su casa se reza el rosario todos los miércoles, se asiste a misa los domingos y la familia se reúne, sobre todo en Thanksgiving y Navidad, en torno a platos típicos de El Salvador: pupusas, empanadas, tamales y pavo.

Del español dice con candidez: “Me toca de una manera diferente al inglés, que no me toca mucho”. Es la lengua en la que aprendió a profesar su fe, por una calidez que no siente en ninguna otra. Participa en un grupo juvenil que sirve en la misa y en los eventos parroquiales, actividades que, según su experiencia, ayudan a los jóvenes a crecer en la fe. Su madre tuvo un papel fundamental: “Ella me enseñó siempre a poner primero mi fe en todo lo que hago”.

Christopher Osorio (19), de San Bernardo e integrante del grupo de renovación carismática juvenil Tira la Red, participó por primera vez como voluntario movido por el deseo de dar ejemplo y transmitir a otros el regalo de la fe que recibió de sus padres, de origen mexicano. Aprendió la fe en ambos idiomas, pero el español tuvo un papel distinto: en esa lengua aprendió a rezar y por ella le llegó el “mensaje” de la fe, a través de su madre.

Nacido en Estados Unidos, como la mayoría de los jóvenes hijos de inmigrantes, vive la lengua, las costumbres y las tradiciones de sus padres como parte indisoluble de su identidad. Su familia celebra el Día de los Difuntos, propio de México, y el Día de Todos los Santos, y ha sumado con ecléctico entusiasmo Thanksgiving, donde los chilaquiles (tortillas en salsa verde y roja), las enchiladas de pollo y queso y el mole dan “un especial toque y sabor” a la cena. Su madurez y su preocupación por que los jóvenes no se pierdan se traducen en su compromiso con San Bernardo, donde coexisten diversos grupos juveniles.

Steven López (15), hijo de madre salvadoreña y padre hondureño, fue llevado desde niño a misas en español, idioma con el que recibió y arraigó su fe. También es su primera vez como voluntario y se dice orgulloso de ayudar. Cuenta que este 2026 se acercó más a Dios y que en agosto tuvo su primer retiro. Nacido en Estados Unidos, atesora las tradiciones de sus padres, quienes celebran Acción de Gracias con “una nueva personalidad” en la mesa, donde los panes de pollo y las bayadas con tortilla, huevo, frijoles y queso son los “protagonistas”. El español, afirma, es el idioma en que más “entiende” su fe.

En la joven voluntaria Meibelyn Pineda (19), su tía Roxana (45) tuvo un papel importante en la transmisión de la fe: invitaba a la familia a participar en grupos y oraciones donde todo, rezos y cantos, era en español. Meibelyn participa en los retiros de Tira la Red y alentó a otros jóvenes “a seguir adelante y a participar”. Habló con calidez de Acción de Gracias, tradición incorporada a las suyas, y no escatimó elogios a la comida familiar: los “coditos” (mezcla de ensalada y pasta), frutas, pavo y puré de papas.

Servir en dos lenguas, en una sola comunidad

Juan y Jacquelin Sotelo (ambos de 42 años), feligreses de St. Matthias, sirven en la formación catequética y de fe. Ambos destacan la importancia del español en su labor, en primer lugar, porque facilita la comunicación para invitar a las familias a participar. Es aún más relevante con los niños, a quienes los padres enseñan la fe en su lengua materna.

En St. Matthias se les instruye en ambos idiomas, “a ser bilingües”, y a practicar su fe con sus padres en su idioma, precisó Jacquelin. “Seguimos el ejemplo de nuestra abuelita, porque si no fuera por lo que ella nos mostró y enseñó no estaríamos ahora aquí sirviendo, algo que lastimosamente se está perdiendo en nuestra cultura”.

Su labor consiste en seguir “tirando la red” y abrir las puertas de la iglesia local no solo a los hermanos de sangre, sino a toda la comunidad, donde conviven la africana y la hispana, que se unen para impartir catequesis a los niños los domingos. Esa colaboración multicultural se extiende a la asimilación de Thanksgiving, que enriquece las relaciones familiares y permite celebrar, de paso, la identidad: quiénes son y de dónde vienen.

Para Los Sotelo, procedentes de México y El Salvador, el Día de Acción de Gracias es, además de un encuentro familiar, una mesa común donde sobresalen el pozole, los tacos y los tamales mexicanos y las pupusas y los panes rellenos con pollo salvadoreños.

Pertenencia

En un país de inmigrantes como Estados Unidos, los participantes coinciden en que nadie debe sentirse ajeno ni sentir que no pertenece. “Tenemos una voz, un sentido de pertenencia y un valor en este país; hay que asumirlo con entereza para dar el ejemplo a nuestros hijos, que han nacido aquí”, acotan los esposos Sotelo.



Cuotas:
Print


Secciones
Buscar