“No hay duda que los malos no vinieron hoy,” … dijo el Padre de mi parroquia al comienzo de la Cuaresma. Por supuesto, todos los que allí estaban se sonrieron con un poco de vergüenza. Es que ya es tradición el recibir la ceniza, … ¡‘tradición’, no ‘convicción’! De hecho, algunos creen que, si no reciben la ceniza, no van a estar vivos el año próximo. Se menciona este hecho, solo para sugerir lo apropiado que es detenerse a cuestionar con que disposición cada cual responde al llamado a la conversión. Y sí, ese es el propósito central de toda la Cuaresma. Es tiempo especial para un tipo de inventario personal, mirando desde cerca la vida espiritual. Y es ‘especial para los buenos como yo’. Esto no se señala con sarcasmo o duplicidad. Se menciona como la realidad que caracteriza a la mayoría de nuestro pueblo que acude como multitud a recibir las cenizas. Oportunidad pastoral para tocar la conciencia y el corazón de tanta gente buena, que, por alguna razón u otra, han dejado de asistir a la parroquia.
Según los estudiosos del comportamiento humano, un sentido de satisfacción, de afirmación personal, son necesarios para la salud mental. El famoso ‘conócete a ti mismo’, de la filosofía griega, es la base de todo crecimiento personal y espiritual. Así es también, requisito de la madurez emocional. Que quede bien claro, que esa madurez emocional no se adquiere por los años que se añaden al pasar del tiempo. Se adquiere a través de un esfuerzo continuo de ‘la mirada interior’. Es fruto de un tomar tiempo para revisar la actuación y la relación humana. Es tomar conciencia de las virtudes y limitaciones que me identifican en esta etapa de la vida. Hoy en día, la práctica de tener un consejero espiritual es más común que en tiempos pasados. En círculos de la élite, le llaman, ‘tener un coach’, que orienta y acompaña a la persona interesada en un crecimiento personal. En la formación de los seminaristas, ese guía espiritual es requisito indispensable.
No es arrogancia el conocerse a uno mismo como persona con principios morales, un corazón noble y temeroso de Dios. Una vida de virtud, disciplinada, transparente y enamorada del Amor es el ideal de todo bautizado. El ambiente del mundo actual es en general, negativo y violento. Las guerras y conflictos bélicos a través del mundo entero dan la impresión que la paz es un ideal idílico imposible de lograr. Aquí es donde ‘los buenos como yo’, tienen una obligación moral de dar testimonio público de su fe, su integridad y su compromiso con la sociedad y la Iglesia. Los medios de comunicación, especialmente la TV y la prensa, causan un impacto inmenso sobre la población. El publicar buenas noticias, darles realce a personas y sus vidas heroicas, no causan sensación ni venden periódicos. De ahí, que esos medios de comunicación, usualmente, no enfocan lo bueno de la vida, ¡solo su tragedia!
Unos cuantos años atrás, en ámbito de la pedagogía, se descubrió que los estudiantes actuaban con mayor interés y enfoque, cuando se les trataba con exhortaciones de afirmación y señalamientos de cualidades positivas. Es irónico, cuando en el seno familiar, o ambiente escolar, se trata a los niños con regaños continuos, sin el complemento de lo positivo. Por ejemplo, cuando desde la infancia, se trata a una criatura repitiéndole “que es un menso o un inútil”, ese niño se desarrolla precisamente, como “menso e inútil”. Este incidente se da con mayor frecuencia, en las familias pobres y en lugares de baja calidad de vida, (i.e. un arrabal o parcela al borde de las grandes ciudades). Frecuentemente, es una familia de poca educación académica y de malas costumbres, (deshonestidad, vocabulario vulgar, pobre higiene y baja moral).
La cautela que hay que tener, al mencionar esta realidad, es de no caer en una mentalidad fatalista. Las condiciones mencionadas de poca educación y malas costumbres no son determinantes incambiables. El ser humano tiene siempre el potencial de cambiar su situación, mejorar su condición económica y desarrollarse como persona hábil, capaz e industriosa. Ayuda muchísimo, por supuesto, cuando las autoridades, tanto del gobierno como de la Iglesia, se muestran creativos en crear oportunidades de aprendizaje y destreza. (i.e. talleres manuales, entrenamientos, etc.)
Interesante señalar que en los documentos del Vaticano II y de Medellín, se exhorta a que la parroquia, no solo sea lugar de culto, pero también un instrumento que propicie crecimiento y desarrollo humano. Ejemplos ya existen, donde los Párrocos y líderes laicos han creado tale oportunidades con mucho éxito. Se han establecido talleres de cerámica, carpintería y pintura, por mencionar algo en concreto. Motivados por la fe, también han comenzado cooperativas financieras que han ayudado a muchos necesitados. La Iglesia se ha manifestado como instrumento del Espíritu para ser mediadora de salvación, tanto en lo espiritual como en lo humano. De esa manera, por decirlo así, se desarrollan y crecen ‘los buenos como yo’.
