Los pueblos indígenas no son pobres por naturaleza, su pobreza está causada por siete aspectos estructurales que van desde la invisibilidad estadística y el despojo de tierras hasta las nuevas presiones como el cambio climático y proyectos de transición energética que se imponen sin su consentimiento.
Así lo revela un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentado este jueves en Roma.
La presentación del documento ‘El White/Te Oranga Paper sobre los Pueblos Indígenas. Superando la transformación rural no inclusiva’, se ha realizado en el marco del foro Global Hub on Indigenous Peoples and Food Systems, que se lleva a cabo dentro del Foro Mundial de la Alimentación.
«Te Oranga es una palabra maorí que significa salud, bienestar y florecimiento, ligados a la tierra, la cultura y la comunidad», según un comunicado de la FAO, que apunta que en la redacción de este ‘Libro blanco del Bienestar de los Pueblos Indígenas’ han participado personas expertas indígenas y no indígenas.
El texto, aseguran, se plantea como un diagnóstico que recoge siete factores estructurales interconectados de pobreza y exclusión, «los que más repiten los líderes de los Pueblos Indígenas en las siete regiones socioculturales, y muestra cómo se refuerzan entre sí».
Según el documento, «476 millones de personas de pueblos indígenas viven en más de 90 países (con datos de la OIT de 2020), calculadas a partir de datos que cubren solo 58 de ellos, por lo que la cifra real es mayor».
Suponen alrededor del 6 % de la población mundial y casi el 19 % de las personas en situación de pobreza extrema, y más del 80 % vive en países de ingreso medio.
Esta segunda edición del informe, la primera es de 2021, es «un texto riguroso a nivel científico» y está orientado en las soluciones que pueden ser implementadas por los países donde viven.
«Las recomendaciones no son nuevas», señala la FAO, «consolidan lo que los Pueblos Indígenas llevan décadas reclamando, y el problema no es la falta de soluciones, sino que no se aplican».
Expone la «cristalización», un concepto nuevo que subraya «la discriminación» que existía antes de los Estados modernos y no se abordó cuando estos se formaron. Quedó fijada en sus instituciones y en sus leyes, sostienen.
Señala que la pobreza debe ser vista desde el punto de vista de bienestar de los Pueblos Indígenas, no de los ingresos, «lo que provoca un cambio de quién es tratado como beneficiario y quién como titular de derechos».
Subraya, además, que existen nuevas presiones sobre las antiguas como la crisis climática, la conservación y la transición energética que pueden convertirse en «nuevas causas de despojo (de tierras) cuando se llevan a cabo sin el consentimiento de los Pueblos Indígenas».
Recoge que teniendo en cuenta factores como la invisibilidad forzada; la invisibilidad estadística; el despojo de tierras; la negación de los derechos colectivos y de la gobernanza consuetudinaria; la erosión de los sistemas alimentarios y de conocimiento; las injusticias ecológicas y de la transición energética; y la injusticia judicial, existen políticas a cambiar para mejorar la vida de estos pueblos.
Entre ellas, contar a los Pueblos Indígenas incorporando «la autoidentificación» en los censos y respetar la soberanía de los datos; asegurar la tierra y el territorio; permitir que planifiquen su propio territorio; y dar a los gobiernos de los Pueblos Indígenas el control de los fondos públicos.
Asimismo, hacer interculturales los sistemas de salud y alimentarios, como los comedores escolares, y, por último, respetar el derecho de consulta previa, libre e informada para los proyectos de energía renovables, sin desplazamientos de las áreas protegidas.
El autor principal del informe es el español Yon Fernandez-de-Larrinoa, jefe de equipo de Poblaciones Indígenas de la FAO, quien señala en el comunicado que «para tener políticas públicas eficaces que apoyen a los Pueblos Indígenas y los saquen de la pobreza, es fundamental comprender primero cuáles son sus nociones de bienestar».
Por su parte, Carol Zavaleta-Cortijo, quechua de Perú, de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, y coautora del texto apunta que «Te Oranga es importante porque no habla del dinero como la salida de la pobreza. Habla de derechos. No habla de vulnerabilidad. Habla de adaptación constante, resiliencia y determinación».
El informe es un trabajo colectivo del Global-Hub sobre los Sistemas Alimentarios y de Conocimiento de los Pueblos Indígenas, un centro de reflexión mundial que reúne a 40 instituciones miembros y cuatro redes internacionales de investigación, entre ellas universidades y organizaciones indígenas, que sitúa en pie de igualdad el conocimiento de los pueblos indígenas y la investigación académica.
