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La aventura empresarial de vender velas ecológicas

La empresaria Diana Castrillón le da una de sus velas Almendro a una joven clienta durante una reciente exhibición de productos fabricados en Washington. Fotos/cortesía/Almendro

Periodista y madre colombiana lleva cuatro años disfrutando de su aventura empresarial de vender velas ecológicas, que ofrecen la oportunidad de crear en el hogar un espacio cautivador cargado de paz: un rincón con luz de vela y olor a flores para orar, escribir o reflexionar.

“Almendro” es una empresa pequeña que nace en 2022 en Washington DC, pero tiene el corazón de América Latina, explicó la empresaria Diana Castrillón (39). “Creamos, diseñamos, pintamos a mano tazas de cerámica hechas por artesanas en Colombia. Cada taza es una pequeña obra y no hay dos iguales”.

Dentro colocan la vela elaborada a nivel local con insumos hechos en USA: cera de soya, aceites esenciales y pabilo de madera (mecha). “Cuando se acaba la vela, queda una taza -que es una pieza única hecha a mano y reutilizable”, explicó la emprendedora inmigrante.

Quien compra estas velas, compra la conexión entre Colombia y EEUU. Detrás de cada producto hay artistas que invierten muchas horas de trabajo: “Más allá de las velas, queremos mostrar el talento de las mujeres artesanas, celebrar la artesanía latinoamericana y rendir homenaje a mi ciudad Cali”.

Al comprar en Almendro, dice Diana, compras un producto que te deja una taza que puedes seguir usando. “Lo más significativo es romper el paradigma de comprar y botar. Algo tan lindo como una vela no debería convertirse en basura”.

De la tragedia a la paz

El sueño de tener un negocio como Almendro nació cuando Diana era una niña. De esa niñez, recuerda que en su casa en Colombia siempre había una taza de café y olor a flores.

Contó que recién en 2018 ese sueño empresarial empieza a tomar forma y se concreta luego durante un periodo muy difícil de su vida, cuando estaba navegando pérdidas personales y profesionales.

En plena pandemia en 2020, a su esposo lo transfieren a un puesto laboral en DC, entonces ella comenzó como corresponsal para una cadena de noticias radial.

Surge el COVID-19 y surge el ambiente de incertidumbre. “Todo el mundo en la pandemia perdió algo”, dijo la comunicadora con la voz quebrantada.

Mientras la gente estaba protegiéndose en casa, ella trabajaba en la calle con trajes clínicos, exponiéndose y arriesgando su vida. “Iba a investigar y hacer entrevistas en hospitales, crematorios y cementerios. En muchas ocasiones, era la última persona que hablaba con los afectados. Todo eso tenía una gran carga emocional, a lo cual se sumaron mis propias pérdidas”, dijo.

En marzo del 2020 en Bogotá, mientras esta periodista estaba reportando, contando esas historias, ella se da cuenta de que empieza a sangrar. “En ese momento, al aire, perdí mi bebé”, recordó quien aún sigue afectada. Confiesa que el estrés de esos días pudo haber contribuido.

Es entonces cuando descubre que algunas actividades cotidianas le daban mucha paz. Uno de sus hábitos era justamente prender una vela y tomarse un cafecito en un rinconcito con flores. “Ese lugar me traía paz en medio de la tormenta. Era mi espacio para reconectarme conmigo misma, mi espacio para escribir, para llorar, para reflexionar”.

Confiesa que, al crear Almendro, su intención fue compartir ese espacio que le daba paz, para que otros tuvieran también la oportunidad de disfrutar lo mismo.

Almendro

Diana no sabía nada de negocios, nunca había sido empresaria, entonces tomó un curso para emprendedores. Se inscribió en el programa de apoyo a pequeños empresarios de la escuela Carlos Rosario en el Distrito de Columbia. “Ellos me guiaron, abrieron la compañía por mí y me acompañaron en el proceso”, dijo.

Descubre que la industria de las velas “es espectacular” y, de hecho, “genera 4.5 mil millones de dólares en EEUU. Se consumen 780 millones de velas al año en este país, lo que representa un billón de libras de cera”.

En este rubro, se recicla solamente el 6 por ciento. La mayoría no puede ser reciclado y genera basura. Su iniciativa, entonces, se enfocó en un producto ecológico y reutilizable.

“Nos hemos dado cuenta de que hay mercado para nuestras velas únicas. La mayoría de nuestros clientes son mujeres, pero ampliamos la variedad de esencias porque a los hombres también les gustan”, dijo quien actualmente trabaja en un organismo internacional en Washington.

Se vende mucho en la temporada de Acción de Gracias y Navidad, pero aún más en primavera cuando se pone en venta las velas de Cherry Blossom. Las velas tienen un precio de 60 dólares y pueden adquirirse en Almendrostation.com. Igualmente hay una exhibición de estos productos en las tiendas de Georgetown y Dupont Circle de “Shop Made in DC”, donde se venden solo productos fabricados en DC.

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La empresaria Diana Castrillón le da una de sus velas Almendro a una joven clienta durante una reciente exhibición de productos fabricados en Washington. Fotos/cortesía/Almendro

En “Shop Made in DC”, Diana Castrillón acomoda las velas que ella fabrica evocando sus raíces colombianas.



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