Vestidos con hábitos morados y acompañados de oraciones, cantos y profundas muestras de devoción, cientos de fieles participaron, el 25 de octubre, en la procesión del Señor de los Milagros por las calles de Washington, DC.
La salida del Cristo Morado no solo constituyó una manifestación pública de fe, sino también una oportunidad para que la comunidad peruana renovara su esperanza en Dios y mantuviera viva una tradición que pasa de padres a hijos, incluso lejos de la tierra que lo vio nacer.
Por cuarto año consecutivo, la imagen del Señor de los Milagros salió en procesión desde la parroquia del Sagrado Corazón del barrio latino de Mount Pleasant. La misa fue celebrada por el párroco Anthony Baetzold, quien destacó en su homilía la importancia de esta celebración para toda la comunidad y pidió a los fieles elevar sus oraciones por quienes viven con temor e incertidumbre ante las redadas migratorias.
“Es importante pedirle al Señor que nos dé confianza y consuelo en estos momentos de dificultades migratorias, de mucha incertidumbre sobre el futuro de las familias y el temor que experimentan numerosos trabajadores ante la posibilidad de separaciones familiares. En ese contexto, caminar junto al Señor de los Milagros se convierte también en una plegaria colectiva por la protección, la dignidad y la unidad de las familias”, manifestó el párroco Baetzold.
Al concluir la misa, los integrantes de la Hermandad del Señor de los Milagros de Washington, DC, conformada por más de 60 miembros, se organizaron en cuadrillas para cargar la pesada imagen por la Park Road, el barrio de Mount Pleasant, las calles Irving y 16, en un recorrido marcado por la oración y la participación de numerosos devotos.
La presencia del Señor de los Milagros en la capital estadounidense tiene una larga historia. En 1982, la imagen salió por primera vez en procesión en el Distrito de Columbia, inicialmente desde la iglesia de Santo Tomás, en el área de Mount Pleasant, y luego desde la Parroquia Nuestra Reina de las Americas y -desde hace 4 años- desde la parroquia del Sagrado Corazón. Entre 1990 y 1991 se fundó la primera cuadrilla de damas, considerada la primera de su tipo en Estados Unidos.
Voces de fe y devoción
Para muchos fieles hispanos de la Arquidiócesis de Washington, participar en esta celebración representa mucho más que una festividad religiosa. Es una oportunidad para confiar sus preocupaciones al Cristo crucificado, agradecer las bendiciones recibidas y encontrar consuelo ante las dificultades que acompañan la experiencia migratoria.
Los testimonios de los devotos reflejan el profundo significado que esta tradición tiene para las familias y las nuevas generaciones.
Los esposos Erika y Aldo Kunamari mantienen viva su devoción al Señor de los Milagros y procuran transmitir a su hija Melanca el valor de las tradiciones peruanas, permitiéndole vestir atuendos típicos y bailar marinera durante la procesión.
“Hoy nuestra familia hace el máximo esfuerzo por mantener viva esta tradición y pedir por la protección del Señor para nuestros hijos y familiares”, expresaron los Kunamari.
Para Luis y Susana Gregovini, asistir a la procesión es una tradición heredada de sus padres y abuelos. Explicaron que el mes de octubre tiene un significado especial para las familias peruanas, que encuentran en esta celebración una oportunidad para renovar su fe y fortalecer sus vínculos familiares.
“Nosotros encontramos en la oración y la devoción al Señor de los Milagros la fortaleza necesaria para enfrentar los problemas cotidianos y, a la vez, hacer que nuestros hijos conozcan y conserven esta bella herencia religiosa”, señalaron.
Por su parte, Isolina Campos, quien asiste a la procesión del Señor de los Milagros en Washington desde 1984, destacó que la participación de numerosos fieles contribuye a preservar una tradición que une a distintas generaciones y congrega a personas que comparten una misma esperanza.
“Como yo, muchos fieles llegaron hace décadas y la vejez ya nos afecta, pero qué alegría ver a niños y jóvenes nacidos en Estados Unidos vistiendo el tradicional hábito morado, como lo usaron sus padres y abuelos”, manifestó Campos.
Carlos López, integrante de la Hermandad de Cargadores del Señor de los Milagros de Washington, explicó que la devoción al Cristo Morado no se limita a la procesión anual, sino que se manifiesta durante todo el año en la vida familiar y en la oración cotidiana.
“Nuestra Hermandad tiene el compromiso de enseñar a las nuevas generaciones que la fe puede sostenerlas en los momentos de mayor vulnerabilidad y que las procesiones ayudan a mantener unidos a los fieles”, afirmó.
La procesión del Señor de los Milagros en Washington, DC, reafirma el compromiso de la comunidad peruana con una de sus expresiones religiosas y culturales más representativas. A través de la oración, la participación de las hermandades y el testimonio de las familias, el Cristo Morado continúa convocando a fieles de distintas generaciones en la capital estadounidense.
