Para la comunidad hispana de la Arquidiócesis de Washington, monseñor Evelio Menjívar Ayala ha sido mucho más que un sacerdote y obispo. Los fieles lo reconocen como un hermano en la fe, un compañero de camino y un pastor cercano que ha compartido las alegrías, esperanzas, sufrimientos y luchas de miles de familias inmigrantes.
Así lo expresó Alma Maltez, coordinadora de la Oficina de Diversidad Cultural de la Arquidiócesis de Washington, quien durante varios años trabajó estrechamente con el obispo Menjívar en su misión evangelizadora y de servicio pastoral.
“Tuve la oportunidad de acompañarlo de cerca en su ministerio y puedo dar fe de que ha sido una auténtica expresión del amor de Dios para nuestra comunidad”, afirmó Maltez, al tiempo de desearle éxito en su nueva misión pastoral en la Diócesis de Wheeling-Charleston, West Virginia.
La líder salvadoreña destacó la cercanía que siempre mostró con las distintas comunidades parroquiales, su disposición para escuchar a los jóvenes, su compromiso con los más necesitados y su permanente acompañamiento al pueblo de Dios.
“Durante más de veintidós años de ministerio en la Arquidiócesis de Washington, monseñor Evelio ha sido para la comunidad hispana mucho más que un sacerdote y obispo; ha sido un hermano en la fe, un compañero de camino y un pastor con olor a oveja que ha compartido las alegrías, esperanzas, sufrimientos y luchas de nuestras familias”, señaló.
Solidario con las familias inmigrantes
Maltez resaltó que, como inmigrante salvadoreño, el obispo Menjívar comprendió profundamente la realidad de quienes llegan a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades.
“Conoció de cerca los sacrificios de las familias separadas por las fronteras, entendió las preocupaciones de quienes buscan un trabajo digno y las incertidumbres de quienes anhelan construir un futuro mejor para sus hijos. Por eso, su ministerio siempre estuvo marcado por una especial sensibilidad hacia los inmigrantes, convirtiéndose en una voz de esperanza, defensa y acompañamiento para quienes muchas veces se sentían invisibles o desamparados”, expresó.
Según Maltez, el obispo no solo sirvió a las comunidades hispanas, sino que caminó junto a ellas, especialmente al lado de los trabajadores que diariamente salen a ganarse el sustento familiar mientras enfrentan el temor a las redadas migratorias.
“Caminó con los ancianos que encontraron en él una palabra de consuelo y una presencia cercana. Caminó con los jóvenes, creyendo en ellos y alentándolos a descubrir que son parte esencial de la Iglesia de hoy. Caminó con las familias en sus momentos de celebración y también en sus horas de dolor”, añadió.
De manera muy especial, caminó junto a las diversas devociones, expresiones de fe y movimientos eclesiales que enriquecen la vida espiritual de nuestras comunidades hispanas. Acompañó con cercanía pastoral y profundo respeto las celebraciones dedicadas a Nuestra Señora de Guadalupe, al Divino Salvador del Mundo, al Señor de los Milagros, al Señor de Esquipulas, a la Virgen de Suyapa, a la Virgen de la Caridad del Cobre, a la Virgen de los Ángeles, así como la Antorcha Guadalupana y muchas otras manifestaciones de fe que forman parte de la identidad de nuestros pueblos.
Asimismo, Maltez enfatizó que el obispo estuvo presente en la vida y misión de numerosos movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y comunidades apostólicas, alentando su compromiso evangelizador y fortaleciendo su comunión con la Iglesia. Con su cercanía, escucha y acompañamiento, ayudó a que estas comunidades siguieran creciendo como espacios de formación, oración, servicio y encuentro con Cristo.
La representante arquidiocesana recordó además que durante la pandemia de Covid-19, cuando la incertidumbre y las dificultades económicas golpearon a numerosas familias, monseñor Menjívar permaneció al lado de su comunidad. Desde la parroquia Santa María, en Landover Hills, impulsó diversas iniciativas de ayuda para atender a quienes sufrían hambre y enfrentaban serias necesidades económicas.
Apoyo a los jóvenes
Maltez también destacó el trabajo pastoral desarrollado por el obispo con la juventud hispana, un ámbito en el que, afirmó, dejó una huella imborrable.
“A través de la Pascua Juvenil y de múltiples espacios de formación y encuentro, ayudó a miles de jóvenes a descubrir que Cristo los llama a ser protagonistas de la misión de la Iglesia. Su confianza en ellos despertó vocaciones de servicio, liderazgo y compromiso pastoral que continúan dando fruto en nuestras parroquias y movimientos”, señaló.
Asimismo, subrayó que el obispo Menjívar enseñó con su ejemplo que la Iglesia es una familia en la que todos tienen un lugar: “Mostró que la autoridad se ejerce sirviendo, que el liderazgo nace de la escucha y que la evangelización comienza cuando somos capaces de acercarnos al otro con respeto, compasión y amor”.
Visiblemente emocionada, Maltez expresó finalmente su gratitud por el legado espiritual que deja el obispo tras más de dos décadas de servicio en la Arquidiócesis de Washington.
“Hoy damos gracias a Dios por el regalo de su ministerio. Damos gracias por cada palabra de aliento, por cada visita pastoral, por cada celebración compartida, por cada gesto de cercanía y por cada vida transformada a través de su servicio. Su legado permanecerá vivo en nuestras comunidades, en nuestros movimientos, en nuestras familias y en nuestros corazones”, concluyó.
