Es con frecuencia que, en el Norte, se cuestione el por qué los hispanos del Caribe, mayormente, insisten tanto en regresar a su patria. Y el interrogante se plantea, pues históricamente, los grupos europeos que fueron los primeros inmigrantes a la gran nación norteamericana vinieron a quedarse. Fueron los que hoy son conocidos como los ‘Founding Fathers’, o sea, los ‘Padres Fundadores’. El error común, es hacer una comparación entre las dos experiencias, la de los de Europa y la de los de Latinoamérica. El trasfondo histórico de cada grupo es complicado y extenso. El planteamiento se hace, pues la nostalgia de regresar a la patria mostrada por los caribeños es dramática y complicada.
Sí se sabe que los grandes grupos de inmigrantes que fueron los pioneros emigraron buscando liberación de situaciones sociopolíticas y religiosas en sus países originales. Su propósito era establecerse permanentemente en América del Norte. Y así fue como diferentes grupos europeos emigraron a distintos lugares de la nación. Los Estados Unidos de América, se decía, era como un crisol donde las distintitas nacionalidades se convertían en un nuevo grupo. La historia ha probado, sin embargo, que tal experiencia nunca se dio. Cada nacionalidad ha conservado su lengua, su cultura, su religión y sus tradiciones. Los del Sur hablan inglés con una tonalidad muy distinta a los del Norte. Los del Medio Oeste, de igual manera, hablan distinto a los de la costa Oeste. Es fascinante caer en cuenta que la nación es todo un ‘mosaico’ de lenguas, culturas y tradiciones. Es esa actitud de permanencia, la apropiación de toda una nueva cultura de los actuales ‘norteamericanos’, la que se convierte en un obstáculo para que estos ciudadanos, no entiendan la actitud y comportamiento de los hispanos, como nuevos inmigrantes.
Poco a poco, se ha venido a aceptar que la presencia del pueblo hispano en la nación, representa toda una experiencia histórica diferente. Que éstos se resisten a asimilarse y mantienen muy claro su concepto de identidad. Muchos han llegado como inmigrantes ‘transeúntes’, o sea, están aquí, se hacen ciudadanos, contribuyen grandemente a la economía y al bien común de la sociedad, pero no dejan de soñar con su regreso a la patria. El mexicano canta su apasionado “México Lindo y Querido”, el cubano se emociona con su “Cuando Salí de Cuba” y el puertorriqueño llora con su “En Mi Viejo San Juan”, por mencionar algunos. Y es que los tiempos han cambiado grandemente. Los irlandeses y europeos llegaron y no tenían los medios de transportación que existen hoy, para regresar a su país de origen. El hispano, en contraste, ¡ya en noviembre, esta preparando maletas para irse a su pueblo para navidades!
La angustia de regresar a la patria, nos es algo momentáneo y pasajero, es un sentimiento profundo permanente que ‘duerme calladamente’ en lo más profundo del corazón hispano. La ‘generación de oro’, vive con nostalgia las memorias de sus vidas ‘allá en el campo’, cada vez que se reúnen para alguna celebración familiar. Su música navideña, no es el famoso “Jingle Bells” de los norteamericanos. Nooo, cantan y bailan al son de sus coplas, sus boleros, merengues y sus vallenatos. Muy cierto es el dicho, ‘recordar es volver a vivir’, y es esa capacidad del ser humano que lo renueva y lo enriquece. No, no es vivir en el pasado, al contrario, es dejar que ese pasado que informó, formó y transformó toda su identidad, lo renueve y enriquezca.
En toda esta experiencia de desarraigo, el corazón se agita cuando se le ofrece la oportunidad de recordar las memorias que han quedado guardadas en lo ‘recóndito del corazón’. Por supuesto, se dan también casos de algunos hispanos que han estado aquí por muchos años, pero no han decidido que ésta es su vida permanente. Decidieron venir, pero no han aceptado emocionalmente, la realidad concreta del nuevo medioambiente que es la totalidad de su vida acá. En general, es interesante notar que algunos grupos de hispanos han progresado en todos los renglones de la sociedad, más que otros. Mucho influye la situación sociopolítica y económica que prevalece en su país de origen. O sea, para unos, no existe la opción de regreso a la patria. Para otros, que ya son ciudadanos, el recibir los beneficios de ayuda económica disponibles, no les motiva a tomar iniciativas de mejorar su situación financiera.
No falta el dilema que se da en muchas familias, donde mayormente el papá, después de muchos años y ahora, disfrutando de su retiro, insiste en regresar a la patria. Pero su esposa, que ya es abuela, se aferra a que sus hijos y nietos siguen siendo el amor de su vida. Éstos nacieron en USA, son ciudadanos y se han establecido permanentemente en la nación. Ahhh …, ¡cuántos sufrimientos y angustias! Ella está consciente que su obligación principal es su marido, pero su corazón de madre le exige ‘un apego y amarre’ que los demás no entienden. Con total abnegación y un corazón destrozado, ella cumple son su obligación de esposa. Ahí está, junto a su marido, en su casita de la patria. Pero la paz y la calma que muestra, son todo un esfuerzo heroico de ser fiel.
La angustia de regresar a la patria se vive de múltiples maneras. Cada situación es diferente, cada decisión tomada al respecto, dolorosa. Esto nunca se tomó en cuenta años atrás, cuando inicialmente abrazaron la experiencia de emigrar hacia la gran nación norteamericana.
