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“La santidad no tiene edad”: obispo Boxie exhorta a jóvenes con ejemplo de católicos filipinos

El obispo auxiliar de Washington, Robert Boxie III, inciensa el altar -al lado derecho la Virgen María, San Lorenzo Ruiz y san Pedro Calungsod- en la misa celebrada, el 17 de octubre, en la parroquia St. Mary de Rockville, donde se honró las tradiciones y el legado de los santos filipinos. Foto/MG

La profunda fe, la devoción mariana y la riqueza espiritual de la comunidad filipina elogió el obispo auxiliar de Washington, Robert Boxie III, durante una misa donde se honró las tradiciones y el legado de los santos de esa comunidad inmigrante.

En la celebración, realizada el 17 de octubre en la parroquia St. Mary de Rockville, Maryland, el obispo Boxie III, dijo a los católicos filipinos de distintas parroquias arquidiocesanas que deben mantenerse firmemente arraigados en Jesucristo y hacer de sus vidas un testimonio visible del Evangelio.

La misa, organizada por DC Filipino Catholic con el apoyo de la oficina de diversidad cultural y enlace comunitario, fue celebrada por el párroco de St. Philip the Apostle, Ryan Pineda, capellán de la comunidad católica filipina de la arquidiócesis; y concelebrada por el párroco de St. Mary, Robert Amey; y otros religiosos invitados.

La jornada comenzó con una procesión en los alrededores de la iglesia y continuó con el rezo del Santo Rosario, antes de la celebración eucarística presidida por monseñor Boxie.

En su homilía, el obispo Boxie destacó que esa fe, transmitida a través de generaciones y fortalecida por el ejemplo de santos y mártires filipinos, “debe inspirar a los creyentes a vivir el Evangelio con valentía y coherencia en el mundo actual”.

Al inicio de su homilía, Boxie recordó una conversación reciente con el padre Pineda, quien le había hablado de la profunda devoción mariana y la riqueza espiritual que caracterizan a la comunidad católica filipina. Tras participar en la procesión realizada antes de la misa, el obispo afirmó que los fieles filipinos ciertamente “se distinguen por vivir su fe de manera visible y comprometida”.

Monseñor Boxie describió a la comunidad como "profundamente radical", aclarando que utilizaba el término en su sentido original, derivado de la palabra latina radix, que significa raíz. "Ustedes son radicales porque están firmemente arraigados en su fe", afirmó.

Explicó que, para un cristiano, estar arraigado en Cristo no significa adoptar posturas extremas, sino permitir que la fe transforme toda la vida hasta convertirla en un testimonio visible del Evangelio.

Añadió que, en sus viajes por distintos países, ha constatado “cómo las comunidades filipinas conservan su fe, sus devociones y su fuerte sentido de familia” sin importar dónde se encuentren.

"Sin importar dónde vivan, ustedes llevan la fe consigo", dijo el obispo. "Echan raíces, confían en la protección de la Santísima Virgen María y recuerdan constantemente que María es también nuestra Madre".

Monseñor Boxie afirmó que la comunidad filipina enriquece la vida de la Iglesia con sus devociones, su espíritu de servicio, su fidelidad y su fuerte sentido de comunidad y de familia.

Ese testimonio también se refleja en su especial amor por san Lorenzo Ruiz y san Pedro Calungsod, quienes permanecieron fieles a Cristo hasta el martirio. Al recordar a ambos santos filipinos, el obispo señaló que la fe celebrada hoy por la comunidad "fue sembrada hace siglos, echó raíces profundas en el corazón del pueblo filipino y se convirtió en parte fundamental de su identidad".

Añadió que esas raíces se han extendido por generaciones y continúan dando fruto en la vida de innumerables personas que siguen dando testimonio de Jesucristo.

El prelado recordó a los fieles que son herederos espirituales de los mártires y de quienes transmitieron la fe de generación en generación. Dirigiéndose de manera especial a los jóvenes, evocó el ejemplo de san Pedro Calungsod, quien entregó su vida por Cristo cuando tenía apenas 17 años. "Su ejemplo nos recuerda que la santidad no tiene edad", afirmó.

"No tengan miedo de dar testimonio de su fe. No tengan miedo de vivirla y de sentirse orgullosos de quiénes son -exhortó el obispo a los jóvenes presentes-. La fe forma parte de su identidad. Está en sus raíces, en su historia, en sus familias".

Boxie añadió que la Iglesia y la sociedad necesitan el testimonio de nuevos santos y expresó su deseo de que de esta comunidad surjan futuras vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.

Al concluir su homilía, el obispo animó a la comunidad a permanecer fiel a ese legado espiritual. "Necesitamos que esta comunidad siga profundamente arraigada en Dios, porque solo cuando permanecemos arraigados en Cristo podemos dar fruto abundante", afirmó.

Una comunidad arraigada en la fe

Para el padre Ryan Pineda, la celebración representó una oportunidad para que los inmigrantes filipinos mantengan vivas sus tradiciones religiosas y culturales, incluso lejos de su país de origen.

El sacerdote señaló que la devoción a san Lorenzo Ruiz y san Pedro Calungsod “ocupa un lugar especial en la espiritualidad filipina” y recordó que la arquidiócesis realiza estas celebraciones de manera organizada desde 2016.

El padre Ryan destacó además que la comunidad filipina está presente en numerosas parroquias de la arquidiócesis y que encuentros como este fortalecen el sentido de pertenencia entre los fieles.

“Todos somos una sola familia”, afirmó al invitar a otros católicos filipinos a participar en estas celebraciones, que describió como una expresión viva de la fe, la cultura y la unidad de la comunidad.

La comunidad católica filipina cuenta con una profunda tradición de fe marcada por su amor a Jesucristo, la devoción a la Santísima Virgen María y el testimonio de sus santos y mártires.

San Lorenzo Ruiz y san Pedro Calungsod son recordados como ejemplos de fidelidad a Cristo, valentía en la fe y compromiso misionero, valores que siguen inspirando a generaciones de católicos filipinos dentro y fuera de su país. La espiritualidad filipina está también profundamente marcada por la devoción mariana.

La fe filipina lejos de casa

Para Antonio Cataro, de la comunidad filipina de la parroquia San Miguel en Silver Spring, la celebración tiene un significado especial porque honra a San Pedro Calungsod, el segundo santo de Filipinas después de san Lorenzo Ruiz.

“Esta celebración nos recuerda el sacrificio y la profunda fe de san Pedro Calungsod, quien entregó su vida por Cristo y por la difusión del Evangelio. Su ejemplo de fidelidad y entrega sigue inspirando a los filipinos a vivir su fe con valentía y devoción”, dijo.

San Pedro Calungsod (1654-1672) fue un joven catequista filipino que participó en la evangelización de las Islas Marianas junto a misioneros jesuitas. Con apenas 17 años, fue asesinado en Guam mientras defendía su fe y acompañaba a los misioneros en su labor pastoral.

Cataro destacó el testimonio de fe del joven mártir, quien permaneció fiel a Cristo hasta entregar su vida por sus creencias.

Con evidente emoción, Manuela Pagunsan, feligresa de la parroquia St. Philip the Apostle, describió la celebración como “una manifestación de la fe, la cultura y las tradiciones del pueblo filipino”.

Quien asistió por primera vez a esta festividad en honor de los santos filipinos, señaló que la jornada reflejó “la manera en que la comunidad integra sus valores y devociones en la vida cotidiana”. También destacó como un momento especial la presencia del obispo Boxie, quien presidió la celebración junto a líderes de la comunidad filipina.

Para Enjay Aquino, residente en Estados Unidos desde 1996, la celebración de los santos filipinos representa “una oportunidad especial para mantener vivas la fe y las tradiciones de su país de origen”.

Aquino destacó que, en una sociedad tan diversa como la estadounidense, resulta valioso reunirse con personas que comparten la misma herencia cultural y religiosa. “Es hermoso ver a los filipinos reunirse y poder traer aquí, a Estados Unidos, una parte de nuestro país”, expresó.

Por su parte, Eden Lat, quien llegó a Estados Unidos hace 16 años, señaló que este tipo de celebraciones “ayudan a la comunidad filipina a mantenerse unida y a conservar sus tradiciones de fe lejos de su país natal, fortaleciendo el sentido de familia y pertenencia entre sus integrantes.



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