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Los riesgos sanitarios tras los terremotos en Venezuela pueden prolongarse durante meses

Un inspector revisa un edificio en ruinas antes de ser demolido con explosivos. Foto/EFE

Los terremotos que azotaron Venezuela el pasado 24 de junio conllevan una serie de riesgos sanitarios que pueden prolongarse durante meses. La necesidad de continuar con los tratamientos de los heridos y los enfermos crónicos, la salud mental de los supervivientes y la propagación de infecciones suponen todo un desafío.

El número de víctimas mortales del doble terremoto sigue en aumento y el último balance alcanza más de 3.600 fallecidos y más de 16.700 heridos, mientras el país trata de retomar la normalidad con la vuelta de los escolares a las clases y el reinicio parcial del trabajo.

En La Guaira, el estado más castigado por los seísmos, continúan las colas para conseguir comida y medicina y retiran los escombros para recuperar más cuerpos.

El escenario tras el desastre

Desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), los expertos advierten de que además de la atención a las personas heridas y las labores de rescate, hay que continuar con los tratamientos médicos, restablecer los servicios básicos y prestar atención a las consecuencias psicológicas del desastre.

Subrayan que en las primeras horas, los terremotos provocan un gran número de fracturas óseas complejas, aplastamientos, quemaduras, laceraciones y otros traumatismos que pueden saturar de forma rápida los servicios sanitarios.

Se unen los daños en los centros sanitarios y en las carreteras, la falta de acceso al agua potable, el deterioro de las condiciones de higiene y el desplazamiento de la población, que generan «nuevas necesidades de salud». por eso, advierten los epidemiólogos, tienen que abordarse «desde las primeras fases de la emergencia».

Para los expertos, la respuesta sanitaria en una emergencia como los terremotos de Venezuela «no puede limitarse a atender a las personas heridas, «también debe garantizar la continuidad asistencial, restablecer los servicios básicos y proteger la salud mental de la población afectada», insisten.

Los riesgos sanitarios en terremotos como los de Venezuela se extienden a las personas que tienen enfermedades crónicas porque hay más posibilidades de descompensación.

Pueden aumentar las complicaciones obstétricas y neonatales si se interrumpen los servicios de atención al parto y al recién nacido.

Y por la degradación del entorno y el empeoramiento de las condiciones de higiene hay más riesgo de infecciones y la proliferación de mosquitos y roedores.

Los más vulnerables

La SEE recuerda que los cuerpos de las personas fallecidas no suelen representar riesgos colectivos tras los terremotos como los de Venezuela, porque «la mayoría de los microorganismos patógenos no sobreviven más de 48 horas en los cadáveres».

En este sentido, los epidemiólogos señalan que el riesgo sanitario se centra sobre todo en el personal de rescate, los equipos forenses, así como en los operarios que manipulan los cuerpos, por eso es «imprescindible» que utilicen equipos de protección individual.

Los problemas de accesibilidad y movilidad en el país, por la destrucción de las carreteras también impiden que las personas mayores, aquellas que están enfermas o que tienen discapacidad puedan llegar a los centros asistenciales.

Debido al miedo y la tragedia vivida por los terremotos, otro de los riesgos sanitarios es el empeoramiento de la salud mental. Experiencias como ésta aumentan el riesgo de trastornos psicosociales, según alertan los expertos de la SEE.

Por eso, la atención a la salud mental debería incorporarse durante todo el proceso de recuperación de forma transversal.

«La pérdida de familiares y redes de apoyo, la destrucción de la vivienda, la desaparición de los medios de vida y las dificultades diarias para subsistir pueden generar un estrés prolongado y cronificar el trauma entre las personas supervivientes», advierten desde la SEE.

Semanas que determinan la supervivencia

En el mismo sentido se pronuncian los expertos de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) que insisten en que las grandes catástrofes «no terminan cuando cesan los temblores o concluyen las labores de rescate».

“Las primeras horas salvan vidas, pero las semanas posteriores determinan la supervivencia de comunidades enteras”, afirman desde SESPAS.

Por eso, resaltan la respuesta internacional y la labor de las organizaciones humanitarias, profesionales y personas voluntarias que trabajan «en condiciones extremas» para atender a la población afectada.

Inciden en que la protección de la población afectada por las crisis humanitarias tiene también «un elevado coste humano para quienes prestan ayuda» y añade que el incremento «sin precedentes» de los trabajadores humanitarios fallecidos en los últimos años «exige un mayor compromiso de la comunidad internacional con su protección y apoyo».




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