Catholic Standard El Pregonero
Clasificados

Madre e hija caminan con los que sufren

(De izq. a der.) Delia Naranjo, su nieta Reina de la Paz y su hija Carla, tres generaciones dispuestas a conservar la fe católica y el compromiso de ayudar al prójimo. Fotos/cortesía/álbum familiar

Madre e hija, comprometidas con su fe, oran y preparan alimentos por y para los inmigrantes pobres o afectados por los operativos de inmigración, a quienes alientan y acompañan a la corte.

Delia Naranjo y su hija Carla participan en grupos de oración para pedirle a Dios que interceda por las familias inmigrantes que están siendo separadas y sufriendo debido a las redadas migratorias.

Además de acompañar a los parroquianos a las audiencias para defender sus casos en cortes de inmigración, ellas visitan los hogares angustiados y desestabilizados porque un miembro ha sido detenido o deportado.

“Hay tantas familias afectadas a quienes la iglesia les abre las puertas para decirles que no están solos, estamos nosotros para ayudarles en nombre de Jesucristo”, según Delia.

En edad de retiro, Delia (85 años) invierte su tiempo ayudando a sus semejantes. “Lo hago porque veo que la política que está aplicando el gobierno de este país hacia los inmigrantes, con o sin papeles, es muy injusta”, dijo.

Recuerda que hace 58 años, cuando quería emigrar de Ecuador, lo que “nos atraía de esta nación era el corazón abierto de Estados Unidos hacia los extranjeros. Le llamaban ‘melting pot’ porque acogían a estudiantes y a los que no les iba bien en su país debido a la pobreza, violencia o inseguridad”.

Delia Naranjo (85) ayuda activamente a las familias afectadas por los operativos de inmigración.
Delia Naranjo (85) ayuda activamente a las familias afectadas por los operativos de inmigración.

Eso ha cambiado. Los extranjeros no son bien vistos ni son bienvenidos por el gobierno actual que está aplicando todo tipo de medidas para cerrarles la puerta de las oportunidades, ahuyentarlos, desalentarlos o deportarlos.

Esta feligresa de la parroquia San Juan El Evangelista, de Silver Spring, Maryland, no pierde el entusiasmo por ayudar a las familias inmigrantes. Ha caminado casi seis décadas en esta tierra y ahora quiere acompañar a los que acaban de emprender el camino cuesta arriba.

Delia, quien era enfermera en su país natal, asegura que el compromiso de ayudar a los demás lo inculcaron en su hogar y ella también se lo ha transmitido a su hija. “Ahora juntas nos preocupamos mucho por las personas afectadas. Es triste verlos sufrir, especialmente cuando tienen niños. No merecen sufrir de esta manera y depender de otras personas para sobrevivir”.

Son blanco de los inhumanos operativos de ICE, pero, por otro lado, están percibiendo la bondad de los estadounidenses y de extranjeros que ya están establecidos. “Ellos aprecian la ayuda de la Iglesia y el apoyo de los feligreses, y nosotros debemos tener compasión”, dijo esta residente de Kensington.

Delia es también voluntaria en la despensa de la iglesia San Camilo. Cada semana prepara los alimentos para entregarlos a personas sin hogar, sin empleo o con bajo ingreso.

“Debemos ser empáticos, sensibles, hacia los problemas del prójimo. Deberíamos tener un poco de compasión y pensar que lo que a usted le pasa, me puede pasar a mí”, dijo.

Junto con feligreses de San Camilo, suelen hacer viajes de carácter humanitario cada año. Han ido a Filadelfia, también a Puerto Rico, para ayudar a familias pobres.

Saliendo a las periferias

“Estamos caminando con el que sufre”, comentó su hija Carla Naranjo, activa en la parroquia San Camilo y en la adyacente comunidad católica de Langley Park, Maryland. Se reúne con familias que necesitan ayuda, les visita en sus hogares y los acompaña cuando tienen audiencia en la corte de inmigración.

“Quería hacer algo porque creo que hay que tomar acción. Todos los católicos, desde el arzobispo hasta los feligreses, debemos tomar una posición fuerte (definida), denunciar y dar un paso adelante para apoyar de la manera que podamos a las familias afectadas por ICE. Cuando se quiebra la unidad familiar, hay que tomar acción. Ir solo a misa no es suficiente, hay que hacer algo”, afirmó Carla.

Se define como una persona de fe, madre de la jovencita Reina de la Paz, activista, estadounidense de nacimiento, pero cien por ciento hispana.

Sus padres se dieron a la tarea de conservar el idioma español, las tradiciones latinoamericanas y el catolicismo. Reconoce que la educación católica que recibió desde niña tuvo un impacto positivo en la visión de la justicia social.

Dios fue el centro en las aulas de primaria, secundaria, de la Universidad de Notre Dame de Maryland, también en la Universidad Georgetown -donde hizo una maestría en literatura latinoamericana- y luego en Notre Dame otra vez -donde hizo un doctorado en filosofía y educación.

Las injusticias que está cometiendo ICE de fracturar a estas familias, me ha permitido reconectarme con esta comunidad inmigrante, expresó.

Cuando se enteran de una familia afectada por las redadas, madre e hija acuden en apoyo, preguntan qué necesitan, cómo la Iglesia puede ayudarles y entonces les conectan con los recursos como el banco de alimentos, el fondo de asistencia, la ayuda legal, etc.

“Escuchamos a las familias, con empatía, para identificar sus necesidades y seguir adelante en una situación difícil, injusta y traumática”.

Juntas oran cada mes frente a la sede de la corte de Hyattsville con otros parroquianos. “Queremos darles fortaleza espiritual a las personas al ingresar a sus audiencias de inmigración. Es una manera de recordarles que todos somos seres humanos, que tenemos el derecho de vivir en paz, sin hostigamiento, sin amenazas, sin la preocupación de separar las familias”, dijo Carla.

La última vez que acudieron, presenciaron una escena muy triste. Una madre inmigrante perdió su caso y el juez le otorgó 120 días para irse de EEUU. “Tristeza no es suficiente para describir el momento. Me sentía enojada por lo que ocurrió con Brenda, su esposo que fue deportado, sus dos hijas y su bebé de 18 meses.

“Como madre, no puedo ni imaginar lo que es pasar por esos momentos difíciles”, expresó quien también se ha dado a la tarea de ayudar a los hijos de inmigrantes a tramitar su pasaporte.

La red de apoyo al inmigrante organiza clínicas de pasaportes, como parte del plan de preparación en caso de que tengan que abandonar el país. “Los padres tienen que asegurarse de que sus hijos tengan la identificación necesaria. Si deciden regresar a su país natal tienen sus documentos. Es un paso importante y sus hijos tienen el derecho a un pasaporte estadounidense para viajar y que les de protección”, aclaró.

“Hagan todo lo posible para estar preparados, pongan los documentos en un lugar seguro, anoten los números de contacto, digan en su parroquia cómo podemos apoyar y no se queden callados”.



Cuotas:
Print


Secciones
Buscar