Las celebraciones del Mes de la Herencia Hispana 2026 están marcadas por un profundo contraste. Mientras miles de familias izan banderas, disfrutan de la gastronomía, escuchan música y exhiben con orgullo sus tradiciones, otras mantienen un bajo perfil por el temor de encontrarse con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que realizan operativos en distintos puntos del país.
La tradicional celebración, que comenzó en 1968 como una semana de reconocimiento a las contribuciones de los hispanos y que posteriormente fue ampliada a un mes, se desarrolla este año en un ambiente particularmente complejo para las comunidades inmigrantes.
El temor provocado por las políticas migratorias y los operativos de deportación ha ensombrecido las celebraciones. Para muchos inmigrantes, especialmente aquellos que carecen de un estatus migratorio permanente, participar en actividades públicas implica hoy una decisión que va más allá del orgullo cultural.
De acuerdo a cifras de ICE, entre enero de 2025 y marzo de 2026 fueron arrestadas 400.186 personas, mientras que se estima que alrededor de 900.000 personas fueron deportadas o salieron voluntariamente del país. Estas cifras han incrementado la preocupación entre las familias inmigrantes, muchas de las cuales viven con el temor de que una detención pueda separar a padres de sus hijos.
Presencia en la economía
Pese al ambiente de incertidumbre, los hispanos continúan desempeñando un papel fundamental en la economía y en la vida social y cultural de Estados Unidos.
Un informe de la Universidad de California (UCLA) señala que los hispanos generaron en 2024 alrededor de 4.4 billones de dólares en actividad económica para el país. Además, reveló que el crecimiento y la participación laboral latina, sumado al consumo y la creación de empresas, han convertido a nuestra comunidad en uno de los principales motores de la economía estadounidense.
Los investigadores también han advertido que los próximos informes económicos (2025-2026) deberán reflejar los posibles efectos de las políticas migratorias y de deportación implementadas durante el gobierno del presidente Donald Trump.
En medio de este escenario, las voces de los propios hispanos reflejan diferentes maneras de enfrentar la celebración: algunos desde la prudencia y el temor, otros desde la fe y la familia, y muchos desde la convicción de que preservar sus raíces también constituye una forma de contribuir al país.
Tiempo de celebrar
El mecánico Héctor Ruiz, que ya no cuenta con la protección del Estatus de Protección Temporal (TPS), reconoce que vive con cautela ante la posibilidad de una redada, pero asegura que no contempla regresar a su país de origen.
“Desde 2017 las cosas están cambiando en EEUU y se han puesto muy difíciles para los indocumentados, pero siempre hay motivos para celebrar el orgullo latino. Tengo fe en que las cosas cambien para bien, porque nosotros solo queremos trabajar, vivir en paz y no le hacemos daño a nadie”, afirmó el inmigrante nicaragüense.
Para Ruiz, la celebración de la herencia hispana no significa ignorar las dificultades que enfrentan los inmigrantes, sino recordar que detrás de cada cifra o crecimiento de una ciudad existen familias, trabajadores y comunidades que durante años han contribuido a su desarrollo.
Lucero Bonifaz, que vive sin estatus migratorio permanente y madre de dos hijos nacidos en Estados Unidos, encuentra en la oración, la gastronomía y las tradiciones de su país una manera de mantener viva su identidad cultural.
“Llegué aquí en 2001 y hasta ahora no he podido encontrar la manera de regularizar mi situación migratoria. Yo me siento orgullosa de ser hispana y siempre hago que mis hijos participen en las actividades de sus escuelas durante el Mes de la Herencia Hispana”, expresó la inmigrante peruana.
Para ella, transmitir las tradiciones a sus hijos representa también una manera de mantener vivo el vínculo con el país de origen de sus padres y también fortalecer su identidad estadounidense.
Para Lino Maccheri, nacido en Virginia de padres venezolanos, el Mes de la Herencia Hispana constituye una oportunidad para celebrar la convivencia entre dos culturas.
“Soy feliz de mis raíces hispanas. En casa aprendí que todas las culturas son buenas y desde pequeño comprendí que el respeto y el diálogo son básicos para entenderse en una sociedad tan compleja como la que hoy vivimos”, señaló Maccheri.
El considera que la celebración debe servir para reconocer no solamente lo que los hispanos reciben de Estados Unidos, sino también lo que aportan diariamente: “Este mes es de celebración, no por lo que recibimos, sino por todo lo que damos al engrandecimiento del país”, afirmó.
Para la activista Lenka Mendoza, fundadora de la organización Dreamer Mothers In Action, la celebración del Mes de la Herencia Hispana representa una oportunidad para reafirmar la presencia de la comunidad latina en Washington y hacer visibles sus contribuciones.
“Las políticas antinmigrantes no nos pueden detener. Es momento de salir pacíficamente a pedir por nuestros hermanos indocumentados y exigir a nuestros legisladores que debatan y aprueben una reforma migratoria. Quedarse callado no soluciona nada; es tiempo de acción”, sostuvo la activista.
Mendoza considera que las celebraciones culturales pueden convertirse también en espacios para reclamar derechos y recordar que la comunidad hispana forma parte integral de la historia y del presente de Estados Unidos.
Trascendiendo el miedo
El Mes de la Herencia Hispana nació oficialmente en 1968, cuando el presidente Lyndon B. Johnson promulgó una ley que estableció una semana de reconocimiento a las contribuciones de los hispanos. Veinte años después, durante la administración del presidente Ronald Reagan, la celebración fue ampliada a un período de un mes.
Desde entonces, del 15 de septiembre al 15 de octubre, escuelas, iglesias, organizaciones comunitarias, gobiernos locales y familias de todo el país realizan actividades para reconocer la historia, la cultura y las aportaciones de los pueblos latinoamericanos.
Pero incluso en medio del temor, las voces de Héctor, Lucero, Lino y Lenka coinciden en un viejo mensaje acuñado en el tiempo: Ser hispano en Estados Unidos también significa mantener vivas las raíces, trabajar por la familia y contribuir a una sociedad que, pese a sus diferencias, se ha construido con el aporte de millones de inmigrantes.
