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No ser indiferentes al miedo e injusticias que viven los migrantes, pide obispo Menjívar

El obispo de Arlington, Michael Burbidge (izq.); y el obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar (der.), responden a las preguntas de los asistentes al concluir la charla sobre “La Migración y la Voz Profética de la Iglesia”, organizada por la Diócesis de Arlington (VA) el 7 de marzo de 2026. Fotos/MV

“Estoy aquí para hacerme eco del grito que estos días cruza nuestras fronteras, el grito de nuestros hermanos migrantes que sufren por ser indocumentados”, dijo el obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar-Ayala, en la conferencia Paz y Justicia organizada por la Diócesis de Arlington (Virginia), el 7 de marzo de 2026.

En su intervención compartió su experiencia pastoral con las familias migrantes del área metropolitana, en el contexto de la Cuaresma y un clima político tenso en torno a la migración.

El obispo Menjívar de dirigió a más de medio millar de fieles de la parroquia Nativity en Burke, en su mayoría ciudadanos estadounidenses, con quienes reflexionó sobre “La Migración y la Voz Profética de la Iglesia”, ante la presencia del obispo de Arlington, Michael Burbidge, sacerdotes y lideres pastorales.

El obispo Menjívar habló del sufrimiento de Cristo en la cruz, quien antes de morir, lanzó un grito de dolor y abandono -pero al mismo tiempo- de fe y confianza de que alguien pueda escucharlo. “Aquí surge un paralelismo entre el grito de Cristo y el grito del migrante de hoy, que atraviesa fronteras, que sufre con sus familias, que llega a las parroquias y ciudades en busca de seguridad y de un futuro digno”.​

El obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar-Ayala, habla durante la conferencia Paz y Justicia organizada por la Diócesis de Arlington (Virginia) el 7 de marzo de 2026.
El obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar-Ayala, habla durante la conferencia Paz y Justicia organizada por la Diócesis de Arlington (Virginia) el 7 de marzo de 2026.

Muchas veces ese grito cae en oídos sordos y choca con la indiferencia, que fácilmente se podría hablar de una “globalización de la impotencia”, lo cual equivocadamente se podría entender como que nada se puede hacer ante tan grandes injusticias, que mejor es permanecer inmóviles y resignados, señaló.

“Es momento de retomar el llamado del papa Francisco para promover una ‘cultura del encuentro’ y continuar con el pedido del papa León XIV que pide reencontrarse a través del dialogo, sin distorsionar la verdad, reconociendo la dignidad inviolable de cada persona, incluso de quien piensa distinto”, manifestó el obispo.

Destacó el papel de los obispos católicos de Estados Unidos, que en noviembre de 2015 aprobaron en Baltimore una declaración conjunta sobre la crisis migratoria, algo que no ocurría desde hacía doce años.

En esa declaración se enumeraron varias preocupaciones como el clima de miedo y ansiedad que han generado los controles migratorios, al igual que la criminalización del inmigrante indocumentado que ahora son presentados como delincuentes peligrosos.

El obispo auxiliar mencionó, también, la ruptura de familias provocada por redadas en casas y autos de migrantes indocumentados, que separan a padres e hijos de la noche a la mañana sin medir las consecuencias sociales, económicas y emocionales.

“No podemos olvidar que la unidad familiar es un principio básico de la doctrina social de la Iglesia, porque la familia es la célula fundamental de la sociedad”, acoto..

Monseñor Menjívar dijo que las detenciones han escalado a “espacios sensibles” como escuelas e iglesias, dificultando el ejercicio del culto y la misión caritativa. De igual modo, apuntó, que las barreras lingüísticas y procesales impiden a muchos migrantes comprender sus derechos y defender sus casos ante la justicia.​

Explicó que los católicos deben tener presente los tres principios de la doctrina social de la Iglesia sobre migración: el derecho a migrar, el derecho a no ser forzado a migrar y el derecho y la obligación del Estado de regular sus fronteras y salvaguardar el bien común, respetando la dignidad humana.

Debemos “recordar las palabras del obispo Burbidge, quien -como otros obispos- insiste en que la comunidad política existe para proteger la familia y la dignidad humana, y que ‘nadie debe ser visto como un problema que deba eliminarse’. La defensa de la vida y de la dignidad es indivisible, abarca a los no nacidos, migrantes, refugiados, enfermos, ancianos y las personas con discapacidad”, enfatizó.

Invitó a los presentes a estar cerca de quienes sufren, a brindar ayuda concreta y sumarse a la defensa pública de sus derechos. También a mantenerse unidos en la oración y pedir a Dios que abra los corazones de los indiferentes y poderosos para que transformen las estructuras del país. ​

El obispo recordó su historia como extranjero e indocumentado que en la década de los 80 fue acogido, con los brazos abiertos, por Estados Unidos, donde encontró una Iglesia que siempre lo acompañó, que respeto su trabajo, su cultura y su espiritualidad.

“Los migrantes somos una bendición para la Iglesia y para Estados Unidos como lo fueron las generaciones de inmigrantes que llegaron antes. Tenemos que mirar el futuro con esperanza, siendo generosos, dando cobijo, alimento y consuelo al hermano necesitado, porque ayudando al desvalido recibiremos la bendición de Jesucristo”, concluyó.



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