La secretaria ejecutiva de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), Yasmine Fouad, ha situado la financiación privada en el centro de la COP17: pese a depender en muchos casos de la tierra y el agua para subsistir, el sector prinvado solo aporta hoy el 6 % de los fondos destinados a su restauración.
Al tiempo que las intensas reuniones de la decimoséptima Conferencia de las Partes (COP) de esta convención tienen lugar en Ulán Bator, Fouad explica a EFE en una videollamada la importancia de recabar dinero para costear la solución de un problema que ya afecta al 40 % del terreno mundial.
La egipcia, que asumió el cargo en mayo de 2025, deja claro que esta búsqueda de financiación es una inversión que se traducirá en el propio beneficio de las empresas, de manera similar a lo que ha ocurrido con las energías renovables.
«Si no lo hacen, sus negocios no existirán dentro de 10 o 15 años”, advierte Fouad, que menciona compañías como la textil, de alimentación y bebidas, minería o energía, que dependen para su funcionamiento de la tierra y del agua.
Tras reunirse con distintos grupos regionales en lo que va de COP, asegura haber percibido «un gran apetito del sector empresarial y privado por implicarse más», y ha destacado que se ha duplicado el número de representantes del ámbito privado inscritos respecto a la COP16 de Riad (Arabia Saudí).
Dimensión alimentaria, económica y política
Fouad, ministra de Medio Ambiente de su país entre 2018 y 2025, presenta los problemas derivados de la degradación de la tierra “más allá” de lo ambiental y pone sobre la mesa su dimensión alimentaria, económica o política.
«Si no ponemos la tierra en el centro, no encontraremos comida e incluso el agua se verá afectada», ha advertido, una urgencia que se agrava ante un futuro en el que, según la ONU, el mundo necesitará producir un 50 % más de alimentos para 2050.
A su juicio, la pérdida de tierra fértil y de alimento agrava la vulnerabilidad de la población, desembocando en más conflictos, menos estabilidad y migración irregular, al tiempo que sus consecuencias son capaces de provocar caídas significantes en la economía de los países afectados.
Una cumbre exitosa
Preguntada por lo que consideraría un éxito para esta cumbre, ha mencionado una decisión sobre sequía que incluya medios de implementación y recursos financieros, así como comenzar a actuar desde la proactividad en lugar de la reactividad, un enfoque que, en datos de Naciones Unidas, puede llegar a ser hasta diez veces más rentable.
Fouad también aspira a que la COP17 deje avances concretos en pastizales —una de las iniciativas clave promovidas por el país anfitrión— y en la implicación del sector privado.
«Si logramos avanzar algo en eso, manteniendo a las personas en el centro de las decisiones, creo que sería un buen resultado», ha concluido.
La COP17 de la CNULD reúne desde el pasado lunes en Mongolia a sus 197 partes —196 países y la Unión Europea— para impulsar medidas frente a los desafíos interconectados de la desertificación, la degradación de tierras y la sequía, fenómenos agravados por el cambio climático, los incendios o la deforestación, que reducen la capacidad del suelo de producir alimentos o agua.
