El uso indiscriminado de las redes sociales es peligroso para la salud mental, el rendimiento académico y la seguridad de los niños. La lista de desventajas es larga, dicen los educadores católicos, mientras hay una aplicación que puede ayudar a minimizar el problema.
El impacto negativo de las nuevas tecnologías en los niños y jóvenes ya se reconoce y varios países preocupados por los menores buscan controlar el uso.
Australia fue el primer país en prohibir el uso de redes sociales a menores de 16 años. Este año escolar, Francia prohíbe a menores de 15 años el acceso y restringe el uso de teléfonos en las escuelas. Noruega planea prohibir o restringir el acceso a las redes aumentando la edad límite de 13 a 16 años. En China hay limitaciones para el tiempo de uso y contenido para menores. Reino Unido tiene regulaciones y busca hacerlas más estrictas. En Austria la edad mínima de acceso es 14 y en España es 16.
En Estados Unidos, California planea limitar el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años. Hay restricciones o prohibiciones en varios estados como Florida, mientras en Utah y Arkansas hay litigios para ponerlas en efecto.
Preocupación
En la escuela católica bilingüe Sagrado Corazón de Washington, DC, no se permite que los alumnos usen sus teléfonos. Pueden tenerlos en sus mochilas, pero si los usan, la escuela confisca el aparato, lo cual ya ha ocurrido en cuatro ocasiones.
Hubo un caso de mal uso de las redes sociales, fuera de la escuela, por parte de dos alumnos que ‘postearon’ indebidamente y se creó un conflicto estudiantil. La escuela les dio la oportunidad de la mediación para que encontraran una solución por medio del diálogo.
“No recomiendo el uso de teléfonos, laptops o IPads (tabletas de Apple). Hay que ser responsable con el contenido al que se exponen y la cantidad de tiempo que invierten los niños en estas nuevas tecnologías. Debe haber madurez y responsabilidad y hay que educar a los chicos sobre el riesgo”, según el director Elías Blanco de la escuela Sagrado Corazón (preescolar al 8vo. grado).
Igualmente, con los videojuegos, en los cuales los chicos pasan horas y horas -dijo.
El exceso de exposición a las plataformas digitales y todos estos nuevos distractores, crean adicción y el director advierte que “los chicos adictos pierden el pensamiento crítico, el interés por los estudios, la concentración, el buen rendimiento académico, la habilidad de socializar e interactuar en persona con sus compañeros y padres”.
Los padres deben tomar el control de la situación. “Es responsabilidad de ellos, deben establecer límites en el tiempo de uso y estar conscientes de que cada aparato que les entregan a sus hijos siempre implica un riesgo”, dijo.
Aconsejó también instalar filtros para que los menores no accedan a imágenes e información inapropiada para su edad.
Blanco tiene cinco hijos, entre 2 y 11 años, y por los momentos no usan ni teléfono ni tableta. Tienen una computadora en la sala, no en los cuartos, y pueden usarla media hora cada día si la necesitan para la escuela o si quieren jugar videojuegos.
“Tratamos de cenar en familia. Es el momento para orar, compartir todos juntos y dialogar. Luego, los niños pueden ver una hora de televisión al día”, contó.
‘Appstinencia’
Es un movimiento que busca que las personas reduzcan su actividad en las plataformas digitales, desactiven las cuentas una a una, las borren, le resten valor en su vida y finalmente se salgan del mundo digital.
Parece una postura extrema, pero también son extremas las consecuencias del uso de las redes sociales que ya se han vuelto comunes: niños adictos que bajan las notas y arruinan su futuro, personas que se suicidan por la presión social, otros que caen por un barranco por tomar una foto para las redes, ancianos que caen víctima de fraude y pierden los ahorros de toda la vida, mujeres que buscan amor y terminan engañadas, gente deprimida, ansiosa, malhumorada y aislada, votantes manipulados y consumidores adictos a lo que no es necesario.
La lista es larga, por eso hay quienes proponen un cambio de vida lejos de las plataformas.
“Appstinencia” insta a reemplazar las redes (aplicaciones o apps) con un robusto hábito de comunicación directa en persona, volviendo a la cultura de ‘llamadas’ en vez de posts, chats y mensajes de texto.
“Queremos restablecer la fibra de la experiencia humana: profundizar en las relaciones y cuidarlas. Queremos remover la tecnología adictiva de nuestras vidas”, dicen los líderes de este movimiento en busca de una saludable salud mental.
Es curioso. Este movimiento fue creado en noviembre de 2025 por Gabriela Nguyen, una joven de 25 años recién egresada de una maestría en Harvard. Además, está liderado e impulsado por jóvenes de la generación Z, nacidos entre 1997 y 2012 en plena era digital, familiarizados con el internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes.
Argumentan que quieren revertir “la atrofia social y la degradación moral de una generación entera (y de la población en general) arraigada en la normalización de la tecnología adictiva”.
Nguyen se dio cuenta de que el estilo de vida actual es tóxico para el desarrollo personal y la salud mental. Somo adictos a las redes, estamos siendo manipulados absolutamente a través de ellas y hemos caído en un deterioro generalizado de la calidad de vida.
El éxito en la vida no viene por ser exitoso en las redes sociales y tener miles o millones de seguidores, el éxito hoy se resume así: cambia tu forma de vida, moldéala tú y toma control de ella, antes de que las redes te gobiernen y cambien radicalmente tu existencia.
El movimiento de resistencia tecnológica para ayudar a las personas a dejar las redes sociales se está fortaleciendo y tú también puedes sumarte a él: https://appstinence.org.
