La falta de maestros en el sistema escolar de Estados Unidos es crítica y su futuro académico podría verse afectado si no se solucionan los problemas que afectan a cerca de medio millón de plazas, muchas de las cuales están vacías o cubiertas por personal sin la certificación requerida. Los bajos salarios y el poco estímulo federal aumentan la incertidumbre en muchos jóvenes que sueñan con convertirse en profesores en este país.
El desmantelamiento del Departamento de Educación -ordenado en marzo de 2025 por el actual gobierno- agravó la situación al transferir el problema a los 50 estados. Un informe del Learning Policy Institute (LPI) de julio reveló que el año escolar 2026-2027 se inicia con 387.843 docentes que no cuentan con la certificación completa para sus puestos y 37.569 puestos simplemente no tienen docentes.
Misma vocación
En medio de este panorama, Julio Santamaria, Jessy Cruz y Tony López, estudiantes de segundo año de la carrera de Educación en la Universidad George Mason, en Virginia, han decidido apostar por la docencia pese a las diferencias salariales con otras profesiones.
Los tres coinciden en que, más allá de las consideraciones económicas, su principal motivación es contribuir al desarrollo educativo de la comunidad en general, pero especialmente la hispana.
“Somos conscientes de que si hubiésemos elegido otra profesión las posibilidades de ganar más dinero serían mayores, pero ser maestro es una carrera que trasciende lo económico y se convierte en una forma de transformar la sociedad”, afirmaron los jóvenes hispanos durante una reunión informativa con estudiantes recién ingresados a la carrera.
No cabe duda, que sus propias experiencias durante la etapa escolar fueron determinantes para tomar la decisión de convertirse en maestros.
Santamaria recuerda que desde pequeño fue testigo de situaciones frecuentes entre los estudiantes hispanos que llegaban a las escuelas sin dominar el inglés, básicamente por la dificultad para comunicarse con maestros y autoridades escolares que tampoco hablan español.
“Muchas veces me tocó ser guía de los estudiantes recién llegados, explicarles en español las normas de la escuela y, en ocasiones, hasta servir de traductor a los padres de familia. Ese tipo de experiencias me convencieron de seguir la carrera de Educación y sé que puedo hacer la diferencia en muchas familias hispanas migrantes”, comentó Santamaria.
Para Jessy Cruz, las perspectivas económicas son una preocupación constante, pero no han sido suficientes para apartarla de su vocación.
“Me gusta enseñar. Soy consciente de que otras profesiones ofrecen mejores salarios, pero yo prefiero crecer y desarrollarme con base en mi vocación antes que pensar solamente en un salario”, señaló Cruz.
Ella considera que la labor de un maestro va mucho más allá de enseñar las primeras letras o transmitir conocimientos: “El trabajo en el aula sostiene a los niños y contribuye a sentar las bases educativas sobre las que se formarán los futuros profesionales del país”.
Por su parte, Tony López, observa un creciente conflicto generacional entre la vocación y las expectativas económicas de los jóvenes.
“Desde el décimo grado, la mayoría de los estudiantes mencionan que quieren estudiar carreras que generen altos ingresos y se olvidan del tema vocacional. El ejemplo más desalentador es el que señala a los profesores que se graduaron, empezaron a enseñar y, al poco tiempo, dejaron las aulas porque encontraron trabajos donde les pagaban más. A pesar de eso, yo elegí estudiar para profesor”, explicó.
Salarios vs. costos
El debate sobre la escasez de maestros también está relacionado con los salarios y el costo de obtener un título universitario.
Un análisis publicado por The Washington Post en febrero de 2026 señaló que el interés de los jóvenes por ingresar a la profesión docente ha disminuido debido a los salarios, las largas jornadas de trabajo, el agotamiento emocional y las crecientes exigencias extracurriculares que enfrentan los educadores en las aulas.
De acuerdo con datos de la National Education Association (NEA), un maestro que recién ingresa a una escuela pública puede comenzar con un salario anual de aproximadamente entre $48.000 y $55.000, mientras que el salario promedio de los maestros de escuelas públicas con experiencia esta alrededor de $74.495 anuales.
La comparación con otros empleos dentro del propio sistema escolar evidencia también la presión económica que enfrentan los docentes al inicio de sus carreras. Un conductor de autobús escolar percibe alrededor de $47.920 anuales, mientras que una secretaria escolar recibe aproximadamente $39.173. Un trabajador de mantenimiento o encargado de servicios generales obtiene unos $35.500 al año.
Los costos y beneficios de la formación universitaria de los futuros maestros también son importantes de tener en cuenta.
El College of Education and Human Development de la Universidad George Mason estima que la matrícula y las tarifas para estudiantes de tiempo completo de pregrado ascienden aproximadamente a $14.807 anuales para residentes de Virginia y a $39.803 para estudiantes de otros estados.
Pero, en la misma universidad, los programas de pregrado de ingeniería tienen costos anuales aproximados de $17.016 para residentes de Virginia y $36.480 para estudiantes de fuera del estado.
Aunque las diferencias en el costo de la matrícula no son abismales en todos los casos, la brecha salarial puede hacerse evidente después de la graduación. Un maestro que inicia su carrera puede comenzar ganando alrededor de $48.000 anuales, mientras que un ingeniero recién graduado puede alcanzar aproximadamente $65.000.
Definitivamente, para jóvenes como Santamaria, Cruz y López la decisión de convertirse en maestros no se reduce a una comparación salarial, sino a un profundo respeto por la profesión y un infinito amor por la comunidad.
