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Proyecto Clean Rivers de DC Water en su etapa final

Trabajadores caminan por el interior de un túnel casi terminado debajo del río Anacostia. Foto/MV

Después de más de dos décadas de trabajos, el monumental “Clean Rivers Project” del Distrito de Columbia ha ingresado en su etapa final con el objetivo de reducir drásticamente el vertido de aguas residuales en los ríos Anacostia y Potomac y en el arroyo Rock Creek.

La iniciativa, administrada por DC Water, combina una gigantesca red de túneles con infraestructura verde destinada a captar las aguas residuales y de lluvia durante las tormentas, almacenarlas temporalmente y conducirlas posteriormente hacia modernas instalaciones para su tratamiento.

Iniciado en 2005, el proyecto tendrá un costo final estimado de $3.270 millones y está diseñado para beneficiar no solo a los más de 700.000 residentes atendidos por DC Water, sino también a trabajadores, turistas de la capital y a las comunidades de toda la región que dependen de estos recursos hídricos.

El objetivo ambiental es reducir la contaminación que llega a los ríos durante los episodios de fuertes lluvias, protegiendo los ecosistemas acuáticos, la fauna y flora, aguas subterráneas y la bahía de Chesapeake.

Gigantescas obras bajo tierra

Durante una visita realizada el 19 de septiembre, DC Water mostró parte de los trabajos que forman parte de esta monumental infraestructura.

Uno de los proyectos principales es el túnel Potomac River, que tendrá una extensión de aproximadamente 5.5 millas y estará situado a más de 100 pies bajo tierra. Una vez concluido, se espera que reduzca en aproximadamente 93% el volumen de aguas residuales que actualmente llega al río Potomac durante la época de lluvia.

La conclusión de este túnel está prevista para 2030, con una inversión estimada de $819 millones.

También avanzan los trabajos del túnel Piney Branch, de aproximadamente media milla de longitud, diseñado para almacenar hasta 4.2 millones de galones de aguas pluviales y residuales durante las tormentas. Su terminación está prevista para finales de 2029.

Uno de los elementos más llamativos de las obras es la gigantesca máquina excavadora bautizada como “Emily”, en homenaje a Emily Edmonson, activista afroamericana del siglo XIX que luchó por la libertad de los esclavos en Maryland.

A pesar de sus enormes dimensiones, “Emily” avanza lentamente bajo tierra: aproximadamente seis pies cada 18 minutos, mientras excava los túneles que formarán parte del complejo sistema destinado a proteger los ríos de la capital.

20 años de arduo trabajo

La dimensión e importancia de esta infraestructura se puede entender también desde su historia. En mayo de 2014, el entonces arzobispo de Washington, cardenal Donald Wuerl, participó en una ceremonia de bendición de una de las etapas de las obras y compartido con decenas de trabajadores católicos.

En aquella ocasión bendijo a los trabajadores y una imagen de Santa Bárbara, patrona de los mineros, destinada a ser colocada en la cabina de control de una gigantesca excavadora que trabajaría bajo el río Anacostia.

Desde entonces, la construcción de túneles, sistemas de almacenamiento e infraestructura verde ha convertido al proyecto en una de las mayores obras de infraestructura ambiental de la capital estadounidense.

El agua y el cuidado de la “casa común”

Aunque el Clean Rivers Project es una iniciativa pública del Distrito de Columbia orientada a mejorar el sistema de agua y saneamiento de la ciudad, sus objetivos ambientales coinciden con preocupaciones planteadas por la Iglesia sobre el cuidado de la creación.

La encíclica Laudato Si’, publicada por el papa Francisco, coloca el cuidado del agua entre las responsabilidades fundamentales para proteger la “casa común” y recuerda que el acceso al agua potable y segura está estrechamente vinculado con la vida y la dignidad humana.

En esa misma perspectiva, el papa León XIV ha reiterado la necesidad de proteger los recursos hídricos y promover una gestión justa y sostenible del agua, así como un acceso equitativo a este recurso esencial.

Desde esta mirada, la recuperación de los ríos Anacostia y Potomac, así como las aguas provenientes del arroyo Rock Creek, que bordean Washington DC constituye también un ejemplo concreto de cómo las ciudades pueden enfrentar los efectos de la contaminación y de las aguas pluviales mediante inversiones de largo plazo en infraestructura y protección ambiental.

El desafío no termina con la construcción de los túneles. La recuperación de los ríos mencionados dependerá también del mantenimiento de estas instalaciones, de la protección de las áreas verdes y de la responsabilidad de autoridades, empresas y ciudadanos.

Para el Distrito de Columbia y las comunidades de la región, el propósito final es claro: que el agua que atraviesa la capital deje de ser un vehículo de contaminación y vuelva a cumplir plenamente su función como fuente de vida para las personas y los ecosistemas.



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