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Reducen reglas contra la contaminación, advierten impactos directos en la salud, el trabajo y los hogares

Un grupo de madres hispanas de la organización Moms Clean Air Force posan juntos estudiantes de 60 escuelas del país frente al Capitolio en marzo del 2023. Foto/MV/archivo

La agencia de protección ambiental (EPA) anunció, el pasado febrero, la eliminación de la Declaración de Peligro, que le permitía controlar la contaminación que contribuye al cambio climático. También, se debilitan los límites sobre cuánta contaminación pueden generar los automóviles.

Aunque el cambio suena técnico, sus efectos se sentirán en la vida diaria de millones de personas.

Durante años, esta regla permitió al gobierno poner límites a la contaminación por gases de efecto invernadero procedentes de los autos, las plantas de energía y las operaciones de petróleo y gas, al reconocer que este tipo de contaminación daña la salud. Sin esa herramienta, la EPA tendrá menos capacidad para exigir aire más limpio.

Organizaciones de salud y medio ambiente advirtieron que la decisión puede acarrear consecuencias reales, especialmente para comunidades que ya enfrentan mayores riesgos. Una de ellas es Moms Clean Air Force.

Liz Hurtado, gerente de la organización y líder de EcoMadres, explicó que las familias latinas ya viven los efectos de la contaminación y del clima extremo, y que esta decisión puede empeorar la situación.

La ciencia es clara: el calentamiento global está agravando los fenómenos climáticos extremos, como las olas de calor, las tormentas y las inundaciones. Más contaminación por gases de efecto invernadero significa más días con temperaturas peligrosamente altas. Para las personas que trabajan al aire libre, en construcción, agricultura, jardinería o limpieza, esto puede traducirse en más casos de deshidratación, golpes de calor y emergencias médicas. En algunos casos, trabajar se vuelve simplemente inseguro.

También hay impactos en los hogares. Las olas de calor elevan las facturas de electricidad debido al uso constante del aire acondicionado. Las tormentas más fuertes e inundaciones, que se intensifican por el calentamiento global, pueden dañar viviendas, provocar desalojos temporales y generar gastos que muchas familias no pueden cubrir. Cuando una casa se inunda o pierde el suministro eléctrico, el riesgo para la salud aumenta, especialmente para niñas, niños y personas mayores.

La salud infantil es otra preocupación. En muchas ciudades, las familias viven en zonas consideradas “islas de calor urbanas” por tener pocos árboles y mucho concreto, donde el calor se queda atrapado. Con temperaturas más altas, los niños pasan menos tiempo al aire libre y enfrentan mayores riesgos de asma y otros problemas respiratorios asociados a la mala calidad del aire.

En el plano económico, los eventos extremos también afectan el ingreso familiar. Cuando una tormenta cierra un negocio, interrumpe el transporte o daña un lugar de trabajo, muchas personas pierden horas laborales o salarios completos. Para familias que viven al día, incluso una interrupción breve puede tener consecuencias graves.

La EPA de Trump ha pasado el último año desmantelando de forma constante las regulaciones que protegen a nuestras familias contra estos riesgos y su decisión de revocar la Declaración de Peligro es quizás el ataque más atroz de todos. Para las organizaciones comunitarias, la decisión beneficia principalmente a las grandes empresas contaminantes, mientras que las familias asumen los costos en forma de problemas de salud, gastos adicionales y una mayor inseguridad.

En paralelo, la actual administración ha emitido órdenes para reabrir varias plantas de carbón que estaban programadas para cerrar. También busca permitir que la Oficina de Administración de Tierras utilice millones de acres de tierras públicas para la nueva minería de carbón, junto con otras prácticas que igual son destructivas para el medio ambiente.

Si estas medidas avanzan, el impacto no será abstracto. El carbón es una de las fuentes de energía que más contribuyen al calentamiento global y a la contaminación del aire. Reactivar su uso no solo aumenta las emisiones que agravan el cambio climático, sino que también puede elevar las facturas de electricidad de los hogares, asociadas a fenómenos climáticos extremos especialmente en estados que no han priorizado la transición hacia energías limpias.

La quema de carbón no solo genera emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global, sino que también produce una mezcla tóxica de contaminación del aire, que se relaciona con múltiples problemas de salud, como asma, cáncer, enfermedades cardíacas y pulmonares, daños neurológicos y otros problemas como la lluvia ácida y el aumento de las temperaturas globales. Para comunidades que ya enfrentan calor extremo, mala calidad del aire y acceso limitado a servicios de salud, el costo del carbón no se mide solo en emisiones, sino también en hospitalizaciones, ausencias laborales y vidas afectadas.

El anuncio llega en un momento en que el país enfrenta más olas de calor, tormentas e inundaciones que en años anteriores. Especialistas y líderes comunitarios advierten que, sin protecciones claras contra la contaminación ambiental y del aire, estos impactos seguirán creciendo y afectarán con mayor fuerza a quienes ya viven en situaciones vulnerables.



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