La solemnidad de Corpus Christi, que celebra la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía, adquirió un significado especial para la comunidad católica inmigrante en la misa celebrada en la parroquia Sagrado Corazón y luego en la procesión realizada por las calles del Distrito de Columbia, el domingo 7 de junio de 2026.
El obispo auxiliar Evelio Menjívar Ayala afirmó -en su homilía- que esta festividad recuerda que Cristo no solo alimenta, fortalece y une a los creyentes en la fe, sino que también impulsa a la Iglesia a defender la dignidad humana en tiempos marcados por el sufrimiento de miles de familias inmigrantes.
Lamentó, asimismo, que los recursos públicos sean utilizados para “sembrar miedo, dividir familias, perseguir trabajadores y causar sufrimiento a las comunidades inmigrantes”, en lugar de destinarse al bienestar común, la salud, la educación y el desarrollo social.
Monseñor Menjívar recordó que Cristo cumple su promesa de permanecer con su pueblo y que, al recibir su Cuerpo y Sangre, los fieles se convierten en el cuerpo peregrino de Cristo en la historia.
“Jesús no solo está presente en el Sacramento del Altar, sino también en cada persona, especialmente en quienes sufren, en los vulnerables, olvidados y marginados”, expresó.
El obispo manifestó su solidaridad con los inmigrantes que enfrentan situaciones de atropello, desprecio y humillación a causa de políticas y medidas que calificó como injustas e inhumanas.
Durante su reflexión hizo referencia a la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, en la que se promueve la construcción de una sociedad que proteja la dignidad humana, fomente la justicia y haga posible una convivencia fraterna.
“En este mundo moderno siempre existe el riesgo de crear estructuras sociales deshumanizantes y los cristianos estamos llamados a alzar nuestra voz para defender a toda persona creada a imagen y semejanza de Dios”, afirmó.
Asimismo, insistió en que el sufrimiento de los inmigrantes no es ajeno ni a Dios ni a la Iglesia. Recordó que la Eucaristía crea una profunda comunión entre los creyentes, quienes forman un solo cuerpo en Cristo.
“Cuando una familia inmigrante vive con miedo o una persona se siente excluida, toda la Iglesia debe sentirse afectada y responder con solidaridad. Del mismo modo, cuando un inmigrante encuentra acogida, seguridad y esperanza, toda la comunidad cristiana comparte esa alegría”, señaló.
Para el obispo de origen salvadoreño, la celebración eucarística debe impulsar a los cristianos a construir comunidades donde nadie se sienta extraño, abandonado o excluido.
Gracias por acompañamiento
Al referirse a su próxima partida hacia la Diócesis de Wheeling-Charleston, en West Virginia, monseñor Menjívar agradeció el acompañamiento recibido durante varios años por parte de fieles, sacerdotes, religiosas y organizaciones de la Arquidiócesis de Washington.
También recordó las numerosas peregrinaciones y procesiones realizadas como expresiones de fe y solidaridad con la comunidad inmigrante.
Manifestó que tanto él como monseñor Emilio Biosca, recientemente designado para la Diócesis de Venice, Florida, han sido llamados a servir en nuevas diócesis, pero aseguró que conservarán un profundo vínculo espiritual con la comunidad hispana de Washington.
“Aunque nuestros caminos pastorales continúen en otros lugares, nuestro cariño, gratitud y oraciones permanecerán siempre con ustedes”, manifestó.
Antes de concluir, exhortó a los fieles hispanos a mantenerse unidos y comprometidos con el bien común: “Les pido no permitir que el miedo, el cansancio o las divisiones destruyan lo que Dios ha sembrado en la comunidad”, dijo.
Gestos de solidaridad
Al concluir la misa, cientos de fieles participaron en una procesión eucarística por la Calle 16 y la avenida Rhode Island. Durante el recorrido se registraron paradas en diversas estaciones de oración, en las que se compartieron testimonios sobre la difícil situación que enfrentan muchos inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.
Jaime Ortiz, miembro de los Caballeros de Colón de la parroquia Sagrado Corazón, afirmó que acompañar el Santísimo Sacramento por las calles de la capital estadounidense representa un gesto de solidaridad con miles de trabajadores migrantes detenidos o deportados.
“La fiesta de Corpus Christi nos recuerda que debemos defender la dignidad de las personas, fortalecer nuestras comunidades parroquiales y dar testimonios de esperanza”, expresó Ortiz.
Entre los participantes estuvieron Alexander y Sulma Cruz, esposos salvadoreños de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Gaithersburg, quienes acudieron junto a su pequeña hija: “Queremos demostrar que somos una Iglesia viva y solidaria con los hermanos migrantes que hoy sufren. También deseamos transmitirle a nuestra hija la fe que recibimos de nuestros padres y abuelos”.
Para Jorge Cabanilla, capataz de la Hermandad del Señor de los Milagros de Washington y feligrés de Nuestra Señora Reina de las Américas, la presencia de obispos, sacerdotes y religiosas en la procesión constituyó una señal de cercanía pastoral hacia la comunidad hispana.
“Existe temor por las redadas migratorias, la separación familiar y el desempleo que afecta a muchos hogares. Hoy sentimos que no estamos solos y que, a través de la oración, siempre surge la esperanza de una solución digna”, afirmó Cabanilla.
La guatemalteca Jenny Sánchez compartió el difícil momento que atraviesa su familia desde la detención de su hermano hace tres meses. Explicó que actualmente está a cargo de dos sobrinos pequeños mientras ayuda a cubrir los gastos legales y familiares.
“Mi hermano no cometió ningún delito. Siempre fue un padre responsable, trabajador y sin vicios, pero agentes de ICE lo arrestaron una mañana cuando salía de comprar un café en el Seven Eleven. Eso me parece injusto e inhumano detener a una persona que solo quiere trabajar”, relató Sánchez.
Otro de los testimonios escuchados durante la procesión fue el de Efraín L., quien habló sobre la situación de tres trabajadores de la construcción vinculados a la parroquia St. Martin de Tours que permanecen detenidos y enfrentan una posible deportación.
“Como hermanos estamos llamados a acompañar espiritual y materialmente a quienes hoy están privados de su libertad por ser indocumentados o vivir en las sombras”, expresó Efraín.
