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¡Cuidemos el medio ambiente! Tesoro que debemos preservar para toda la humanidad

Desde hace más de 50 años soy un entusiasta “observador de aves”. Me encanta observar de cerca cómo se comportan estas increíbles criaturas en su vida cotidiana. Ahora tengo, en la terraza de mi residencia, tres comederos de pájaros y les doy a mis alados amigos el alpiste y todas las semillas que puedo. Dondequiera que me ha tocado vivir he instalado comederos para observar las aves con atención.    

Cuando me mudé al Distrito de Columbia, me dijeron que las únicas aves que seguramente visitarían mis comederos serían las palomas. Yo sabía, por lo que había visto antes, que las palomas locales no serían los únicos seres volátiles que vendrían. Los tres comederos que tengo cuentan con una jaula exterior para que solo los pajarillos más pequeños puedan aprovechar las sabrosas semillas. 

En la Sagrada Escritura hay frecuentes menciones de aves. El propio Jesús utilizó el ejemplo de los pájaros para enseñar que Dios nos cuida a todos con gran generosidad [Mateo 6, 26 y Lucas 12, 24]. En el Antiguo Testamento hay igualmente varios pasajes en los que se mencionan las aves, desde los relatos de la creación, en el Libro del Génesis, hasta el envío de una paloma como mensajera para informar del estado de la tierra tras el gran diluvio del que Noé y su familia se salvaron en el Arca. En épocas más recientes, los mineros han aprovechado la sensible naturaleza física de las aves para advertirles de inminentes peligros atmosféricos. En la Escritura se pueden leer, además, diversos pasajes en los que se hace alusión a las aves, e incluso el propio Espíritu Santo ha sido representado como una paloma.

El padre del arte renacentista italiano, Giotto, pintó una encantadora imagen de San Francisco de Asís predicando a una bandada de pájaros, como otro ejemplo de su admiración por toda la creación de Dios. A su vez, el papa Francisco ha tomado como tema constante de su pontificado el respeto y la reverencia a la creación. El Santo Padre nos exhorta a todos a cuidar el medio ambiente, como valioso tesoro que debe preservarse para toda la humanidad.

Hay ecologistas que limitan mucho el modo en que hemos de cuidar el medio ambiente; algunos incluso aducen que es mejor no dar comida a las aves, ya que eso puede alterar sus hábitos naturales de sobrevivencia. Pero el Santo Padre sigue animándonos a utilizar las destrezas tecnológicas con el fin de preservar la creación de Dios para las generaciones futuras.

El tiempo de Cuaresma nos ofrece una gran oportunidad para tener presente la magnificencia de la creación de Dios y nos orienta sobre cómo utilizar, con respeto y generosidad, los virtuosos dones que ella contiene. La encíclica Laudato Sí nos exhorta a utilizar los bienes de la naturaleza para satisfacer las necesidades de la familia humana y no simplemente para granjearse viles beneficios. Estamos ahora comenzando el sagrado recorrido cuaresmal, que nos invita a reflexionar sobre cómo debemos compartir caritativamente algo de lo que tenemos de sobra para ayudar a saciar las necesidades de quienes tienen mucho menos que nosotros. La creación de Dios está llena de innumerables símbolos de la bondad y la presencia divinas… solo hace falta darnos tiempo para observar atentamente el mundo que nos rodea, como lo hizo Jesús al instruir a sus primeros discípulos y también a nosotros.

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