DOHA -Los albicelestes cerraron su Ahora sí, el dos veces campeón mundial Argentina ya puede sentirse favorito en la Copa Mundial Qatar ‘22.
Al equipo gaucho le faltaba ese contacto con su fiel hinchada, con ‘esa barra quilombera que no te deja de alentar’ y que el pasado 26 de noviembre demostró una vez más su apego al equipo de sus amores. El ‘número 12’ abarrotó el coloso de Stadium 974 que, como nunca, lució un marco impresionante por lo vivido antes, durante y después del compromiso que sufrió hasta sus postrimerías ante 44.089 almas que alentaron los noventa siete minutos.
Los bicampeones abrieron su camino a octavos mostrando la misma garra, temperamento y coraje.
Y por la única vía, la del penal, no convertido por su ‘salvador’, Leo “Piojo” Messi. Justamente por decisión del VAR, Messi intento abrir el camino a los 39 minutos, pero su remate de izquierda termino atajada por el meta polaco Wojciech Szczesny.
Los albicelestes encontraron a un arquero como Szczesny quien estuvo en su noche. Parecía que el polaco le aguaba la fiesta a Arentina. Con sus atajadas dejó con la miel en los labios a todos los argentinos. Sí, porque no había más que gente de Argentina.
Polonia y su bien apostada defensa trabajaron a destiempo para contener la avanzada gaucha, que valgan verdades estuvo medrosa.
Ni Messi, menos Angel Di Maria pudieron con enorme fuerza de espíritu de los dirigidos por Leonel Scaloni. Por allí, Julián Álvarez y el eterno Alexis Mac Allister, cual ‘chiquilín’, intentaban, pero la pared polaca no se lo permitían.
Tamaño descrédito para la Argentina sacarle lustre al campeonato Mundial. Había que despedirse bien de la primera etapa y coronar con broche de oro la pulcra campaña. Entonces, había que irse con todo. El técnico Scaloni realizó algunos cambios que de alguna forma le dieron mayor respiro arriba: Leandro Paredes por Di Maria y Nicolas Tagliafico por Marcos Acuña.
Las piernas de los polacos ya no eran las mismas. Y entonces, había que irse al ataque en pos de romper la paridad. Esta llegó a los 46 minutos, mediante remate de Mac Allister desde la derecha para el 1 a 0 transitorio.
Despues del gol Argentina ya se codeaba con el festejo. Enzo Fernández se proyectó por la derecha y llegó un nuevo error de la zaga polaco y ahí estuvo preciso Julián Álvarez para convertir el 2-0 definitivo.
Tenía que ser Álvarez y no Messi, quien con su gol hiciera delirar a la tribuna. Y entonces, el grito desenfrenado de la hinchada albiceleste y de los millones de fanáticos argentinos que no hizo esperar. Argetina había ganado, cerrando un ciclo del Grupo C que puede repetirse en los octavos de final. Apenas al minuto y medio de juego, el cuadro negro ya se codeaba con el festejo.
El menudo atacante de Messi, pieza clave en estos últimos partidos en que el cuadro de Scaloni se afianzó en el primer lugar del Grupo C, dedicó el triunfo a "todos los que creyeron en mí y en la selección".
"Ahora podemos irnos a descansar tranquilos, luego de dos semanas agitadas. Se logró el objetivo, que era pasar a octavos de final. Argentina es un justo ganador de grupo, se lo merece", refirió.
Un ritual albiceleste danzaba su jolgorio característico sobre el verde. Tatuados de encanto y sobre una escenografía que dibujaba sonrisas anchas y relucientes.
Los argentinos tocaban el cielo. A paso redoblado ingresaron a la cancha sobre una nube de periodistas, seguidores y curiosos que se plegaban en el túnel. Era la media noche. Las bombardas remecían los cimientos del 974, y una ovación le daba la bienvenida.
El amor eterno se convertía en la vorágine primitiva de un pueblo argentino que conoce de emociones, actos heroicos y sensaciones que erizan el alma. Once guerreros saltaban al campo y ofrendaban un sentimiento puro y gozoso. Puños al viento, y mirada al cielo. El Stadium 974 era un cántico eufórico, desmedido, tribal y emotivo. La albiceleste hacía de su fiesta, la mejor de todas. A volumen alto y compartido en alegrías.
