Para muchos jóvenes católicos, un retiro, una conferencia o la invitación de un familiar o un amigo a la iglesia puede marcar el inicio de un camino capaz de transformar sus vidas. Eso ocurrió con Keyla Dinarte, quien no imaginaba que la decisión de sus padres de cambiarla a la escuela católica San Camilo, en el séptimo grado, cambiaría también el rumbo de su fe.
Criada en una familia protestante, Keyla, de raíces salvadoreñas, afirmó que encontró en la Iglesia Católica algo que no había experimentado antes: "Una familia que trasciende fronteras, idiomas y culturas".
Keyla (20), quien participó como acompañante en la primera conferencia juvenil arquidiocesana EXULT, está convencida de que este tipo de eventos, entre otras actividades, pueden transformar la vida de otros jóvenes, como transformaron la suya.
Bajo el lema “Que mi oración suba ante ti como incienso” (Salmo 141, 2), cientos de jóvenes de la Arquidiócesis de Washington participaron en una jornada de oración, formación y convivencia orientada a fortalecer la relación de los jóvenes Cristo y con otros católicos. La jornada llamada EXULT se realizó en la Universidad Católica de América, el 24 de octubre de 2026.
“No importa dónde uno vaya, los católicos son mi familia”, expresó Dinarte, feligresa de la parroquia San Bernardo de Claraval en Riverdale. Tras participar en peregrinaciones, retiros y encuentros juveniles, ella considera que estas iniciativas son esenciales para fortalecer la fe de las nuevas generaciones porque “nos une y nos anima a participar”.
Dinarte destacó la influencia que tuvieron en su formación actividades como la Pascua Juvenil arquidiocesana y los retiros espirituales: “Tuve el privilegio de tener una parroquia, una escuela y un grupo católico adónde ir, y, por eso, queremos transmitir esa alegría y oportunidad a otros jóvenes”.
Sobre los jóvenes participantes dijo que ellos están dando los mismos pasos que ella dio antes. “Tener esta conferencia en el patio trasero de nuestra casa es una gran bendición”.
Descubrir a Cristo para servir
José Hernández Vivar (22), miembro de Tira la Red y servidor en la parroquia San Bernardo, recordó que fue “un retiro y su participación en el grupo juvenil Soldados de Cristo lo que le permitió vivir una experiencia personal con Jesús”. Hoy él comparte ese mismo espíritu de servicio como catequista y mentor de jóvenes, convencido de que la clave está en que cada adolescente "se atreva a tener una experiencia personal" con Cristo.
Para Emily Linares (17), también de San Bernardo e hija de inmigrantes mexicanos, la conferencia representó una oportunidad para encontrarse con otros jóvenes. Recordó que su fe cobró un significado más profundo cuando participó en un retiro a los 12 años: “Sentí mucho amor en el corazón. Creo que fue esa vez cuando realmente conocí a Cristo”.
Reconoció que antes veía la vida de fe de una manera muy distinta: “Pensaba que en la Iglesia todo era leer la Biblia y rezar, y que era aburrido”. Su percepción cambió al integrarse al grupo juvenil de su parroquia, donde encontró amistad, formación y apoyo espiritual.
Ese sentido de pertenencia ha sido especialmente importante en los momentos difíciles. “El grupo de jóvenes es mi lugar. Ahí me siento segura y en confianza”, dijo.
Con la convicción de quien ha encontrado una segunda familia en la Iglesia, Emily envió un mensaje a otros adolescentes: “Queremos que los jóvenes sepan que no están solos. Estamos aquí con los brazos abiertos para ayudarlos y compartir con ellos para que puedan experimentar el amor de Dios como lo hemos hecho nosotros”.
Crecer en la fe en familia
Evelyn Perea Pech (13), estudiante de escuela media y feligresa de San Bernardo, encontró en la conferencia la oportunidad de compartir con otros jóvenes que, como ella, desean acercarse más a Dios.
Monaguilla junto a sus dos hermanas, explicó que sus padres son catequistas y que toda su familia participa activamente en la vida parroquial.
Recordó que su primer retiro comenzó con dificultad, pero terminó convirtiéndose en una experiencia transformadora, especialmente durante una adoración al Santísimo Sacramento en la que los jóvenes recibieron cartas escritas por sus padres.
“Fue muy bonito que tus padres te escriban y te digan que están orgullosos de ti porque estás ahí”, recordó.
Aquella experiencia la motivó a seguir involucrada en la pastoral juvenil y posteriormente servir como líder en otro retiro. “Nos acercamos más a Dios y encontramos una razón para seguir acercándonos a Él. Encuentras una razón para vivir y para tener a Dios en tu vida”, expresó.
Dios en la amistad y la oración
Otra servidora de San Bernardo, Julissa Herrera (15) decidió asistir animada por otros jóvenes de su parroquia que ya le habían hablado con entusiasmo sobre la conferencia.
A lo largo de los años ha participado en retiros y encuentros donde, además de profundizar en su fe, ha construido amistades duraderas. “Los disfruto mucho, hago amigos y aprendo sobre Dios”, comentó.
Para ella, la fe también desempeña un papel importante en los momentos de dificultad. “Cuando veo que la vida se pone más difícil y hay momentos que te aturden, mi mejor opción es ir a la iglesia, adorar al Santísimo y confesarme”, explicó.
Julisa también expresó su deseo de que la arquidiócesis continúe ofreciendo oportunidades para reunir a los jóvenes: Tienen que hacer más eventos como este”.
Para Gabriela Benítez, 17, y estudiante de Don Bosco Cristo Rey, la fe ha sido una bendición que ha alcanzado a toda su familia.
Gabriela comenzó a estudiar en una escuela católica cuando cursaba tercer grado, una decisión que, asegura, los ayudó a acercarse más a Dios y les abrió puertas que nunca imaginaron. “La escuela me ha dado muchas oportunidades”, dijo con orgullo.
Ella considera que los mayores frutos han sido espirituales: “Siento que encontré quién soy desde que llegué a la Iglesia”.
Antes se describía como “una persona muy tímida y de carácter difícil”, pero gracias a su participación en el grupo juvenil aprendió a desenvolverse, servir en retiros y relacionarse con los demás con mayor confianza.
Afirmó que también “hay un amor mucho más profundo en nuestra familia desde que todos nos acercamos a Dios. Antes teníamos problemas y ahora estamos mejor”. Dijo, además, que “compartir la fe junto a otras familias y escuchar sus testimonios la ha llenado de amor y la ayuda a ver la vida de una manera diferente”.
El padre Noé Vera, de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos, destacó que encuentros como EXULT no solo ayudan a los jóvenes a acercarse más a Cristo, sino también a descubrir su vocación.
Como promotor vocacional de su congregación, señaló que la convivencia con sacerdotes y religiosos les permite conocer distintas formas de servir a la Iglesia y discernir con mayor claridad el llamado de Dios en sus vidas.
Los participantes coincidieron en que los retiros, grupos juveniles y encuentros católicos les han permitido encontrar amistad, propósito y una relación más profunda con Cristo.
Su desafío ahora es ayudar a que más jóvenes descubran que la Iglesia no es solo un lugar al que se asiste, sino una familia a la que se pertenece y así contribuir con la meta arquidiocesana de evitar la avalancha de jóvenes que abandonan la Iglesia.
