El arzobispo Bernard A. Hebda, de St. Paul y Minneapolis, cuyo territorio se ha convertido en un punto álgido en el debate sobre la política de inmigración del país, está pidiendo "una reforma migratoria integral ya", citando "el costo humano para todas las partes".
El arzobispo publicó el 20 de enero un artículo de opinión en The Wall Street Journal en el que reflexionaba sobre los recientes enfrentamientos violentos en su estado relacionados con la inmigración y advertía de que lo que antes era "un difícil debate político" se ha convertido ahora en "un campo de batalla cultural y político" que "se está librando en las calles".
"Si los recientes acontecimientos en Minnesota han aclarado algo, es que ya no podemos posponer la ardua tarea de la reforma migratoria", escribió el arzobispo Hebda. "Cada año de inacción ha hecho que el debate sea más ruidoso, más airado y menos humano".
Lamentó los intentos fallidos de ambos partidos en 2013 para rectificar los retos migratorios de la nación, señalando que un proyecto de ley "sólido" destinado a asignar "miles de millones para la seguridad fronteriza y un camino de 12 años hacia la ciudadanía para los inmigrantes que respetan la ley" había quedado en nada, ya que "la Cámara nunca lo abordó".
Ese proyecto de ley "ofrecía una visión de lo que puede ser una gobernanza responsable", dijo, enumerando "el compromiso bipartidista, la atención a la aplicación de la ley y las vías legales, y el reconocimiento de que la irregularidad generalizada no beneficia a nadie".
Pero, según el arzobispo Hebda, la iniciativa "lamentablemente fracasó, no porque el problema fuera irresoluble, sino porque la voluntad política se derrumbó bajo la presión de los extremos".
"Desde entonces hemos pagado el precio de ese fracaso", añadió.
El arzobispo Hebda afirmó que "cuanto más espera Washington" para llevar a cabo la reforma migratoria, "peor se vuelve el problema".
"Las comunidades están tensas y millones de personas viven en un estado constante de incertidumbre", dijo. "Esto no beneficia ni a la justicia ni al bien común".
El arzobispo Hebda afirmó que "si seguimos retrasándolo, el debate solo se volverá más acalorado y las soluciones más difíciles de alcanzar. El momento de actuar es ahora".
Reiteró "el llamado constante de los obispos católicos de todo Estados Unidos para que los verdaderos estadistas den un paso al frente, dejen de lado los cálculos partidistas y promulguen una reforma migratoria federal significativa".
Esa reforma no descarta "los recientes fracasos" de las políticas de inmigración del país, afirmó.
"El país se vio perjudicado por aquellos que abrieron las fronteras. La avalancha de migrantes desbordó a las comunidades locales, erosionó la confianza pública y debilitó el estado de derecho", escribió el arzobispo Hebda. "La compasión separada del orden no es compasión en absoluto, es negligencia".
Al mismo tiempo, subrayó, "es erróneo culpar a los propios inmigrantes indocumentados, muchos de los cuales vinieron aquí en busca de seguridad, trabajo o reunificación familiar".
"La solidaridad no puede ser selectiva", afirmó. "Debemos apoyar tanto a los ciudadanos como a los inmigrantes indocumentados como seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios".
El arzobispo Hebda enumeró los principios clave de la enseñanza social católica —que se basa en documentos papales, conciliares y eclesiásticos para articular los medios para construir una sociedad justa y vivir la santidad en la vida moderna— sobre la cuestión de la inmigración, que "insiste en mantener unidas verdades que los políticos prefieren separar".
Según esa doctrina, dijo, "las naciones tienen el derecho y el deber de proteger sus fronteras y hacer cumplir sus leyes. Los inmigrantes son seres humanos con derechos naturales que deben ser respetados. La auténtica justicia requiere tanto el imperio de la ley como la misericordia, tanto la responsabilidad como la hospitalidad".
En este sentido, dijo el arzobispo, deben respetarse los esfuerzos de los agentes de inmigración "cuando cumplen su misión de identificar y detener a los delincuentes graves que han entrado ilegalmente en el país", ya que ello sirve al bien común y cumple con la "obligación moral" de "proteger a los inocentes".
Sin embargo, advirtió que "la situación actual es insostenible", ya que "incluso los inmigrantes que respetan la ley viven con el temor de que cualquier interacción con las autoridades pueda separar a los padres de sus hijos o echar por tierra años de trabajo honesto".
El arzobispo Hebda pidió "una solución integral y a largo plazo que refleje la realidad en lugar de la ideología", con la "concesión de un estatus legal" para aquellos que han construido una vida productiva y respetuosa con la ley en sus comunidades, y con el reconocimiento de que "algunas personas serán deportadas".
"La misericordia no niega las consecuencias, y la compasión no significa fronteras abiertas", escribió el arzobispo Hebda.
En última instancia, dijo, la reforma migratoria se trata de "restaurar el orden moral, fortalecer las familias y promover el bien común", y esa labor exige "valentía, humildad y voluntad de compromiso, virtudes que definen el buen arte de gobernar".
El arzobispo Hebda subrayó que su mensaje se basaba en su experiencia pastoral de primera mano con todas las personas afectadas por los retos de la inmigración.
"Como pastor, veo el costo humano en todos los aspectos. Atiendo a feligreses inmigrantes que temen llevar a sus hijos a la escuela o ir de compras, independientemente de su situación legal", escribió. "También atiendo a aquellos que se sienten abandonados por los líderes que parecen más interesados en la postura política que en proteger a sus comunidades".
Añadió: "La Iglesia no puede elegir un rebaño sobre otro. Tampoco debería hacerlo la nación".
