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Arzobispo de San Antonio: Intereses económicos y política influyen en trato inhumano contra migrantes

El arzobispo Gustavo García-Siller de la Arquidiócesis de San Antonio, en compañía de obispo Mark J. Seitz de El Paso (izq.) y el obispo mexicano Alfonso Gerardo Miranda Guardiola de Piedras Negras (der.), responde preguntas a la prensa el 27 de febrero de 2026. Foto/OSV/Fernie Ceniceros, cortesía de la Diócesis de El Paso

Días después de una reunión entre varios obispos católicos que atienden al pueblo de Dios a ambos lados de la frontera entre Texas y México --una reunión habitual de los obispos de la frontera--, OSV habló con el arzobispo Gustavo García-Siller de San Antonio para conocer su opinión sobre el impacto de la continua represión de la administración Trump contra la migración.

Esta es una traducción de la entrevista con el arzobispo, que tuvo lugar en inglés.

OSV: ¿Cómo resumiría la situación actual en la frontera entre Texas y México?

Arzobispo García-Siller: Está muy claro que, para los migrantes del sur --de México y otras partes de Centroamérica y Sudamérica--, ha habido muy pocos cruces durante semanas.

Por lo general, pensamos en la migración (en la frontera entre Estados Unidos y México) como un movimiento de sur a norte. Y en la reunión que acabamos de tener, se afirmó claramente de muchas maneras diferentes que ahora la migración es de norte a sur. Así que se trata de un cambio.

Por supuesto, entendemos que las naciones tienen el derecho de proteger nuestras fronteras. Pero la cuestión aquí es este nuevo fenómeno, en el que hay algunos migrantes o refugiados recientes que fueron aceptados legalmente en los Estados Unidos --sin embargo, con esta nueva administración, han pasado de ser procesados legalmente como refugiados y migrantes, que han estado aquí legalmente, a ser ilegales, automáticamente de un día para otro. Y también han sido etiquetados como delincuentes.

Pero muchos de los que se convirtieron en “ilegales” y ahora en “delincuentes” son personas que han estado aquí en Estados Unidos durante 10, 15, 20, incluso 30 años. Y esos son los que están detenidos.

Y de los que están detenidos, en los numerosos centros de detención del país y en los muchos más lugares que está consiguiendo el ICE, debemos recordar que la mayoría de ellos, alrededor del 70%, no entran en la categoría de delincuentes.

Así que la pregunta es: ¿por qué están detenidos y qué trato reciben en los centros de detención?

OSV: Algunos de esos centros de detención se encuentran dentro y alrededor de su arquidiócesis, ¿verdad?

Arzobispo García-Siller: Aquí en San Antonio tenemos tres, y ellos (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU, o ICE, por sus siglas en inglés) acaban de adquirir un edificio enorme cerca de San Antonio. Son edificios que no están pensados para albergar a personas, sino mercancías; no seres humanos.

OSV: ¿A qué tipo de situaciones se enfrentan los migrantes deportados al regresar?

Arzobispo García-Siller: Varios obispos presentes en nuestra reunión señalaron que las personas liberadas de la custodia estadounidense y enviadas de vuelta carecen de documentación de identidad: los funcionarios de inmigración estadounidenses les han quitado todos los documentos de identidad que tenían, incluso los de su propio país. Así que estas personas regresan sin nada que acredite su identidad. Se les ha despojado de su identidad.

Además de eso, no han estado en su país de origen por mucho tiempo. Así que están perdidos.

Y ha habido detenidos que han sido enviados a países que ni siquiera son sus propios países de origen.

Así que todo está diseñado para crear caos en el proceso de cómo las organizaciones ayudan a las personas a adaptarse, a integrarse y a recibir apoyo. Quiero decir, ellos (las autoridades de inmigración de EEUU) simplemente los dejan en su país de origen o incluso en un país del que no saben nada.

Y los tratan como prisioneros, como delincuentes, para hacerlos sufrir durante todo el proceso, pase lo que pase.

Y hay diferentes organizaciones (y centros de detención), y no tienen exactamente los mismos procedimientos. Algunos procedimientos deben ser similares en relación con el gobierno federal, pero en cuanto a cómo los llevan a cabo, tienen diferentes estilos, formas, regulaciones y prácticas. Y a los detenidos los trasladan de un lugar a otro.

Conocimos a una familia cuyos padres fueron trasladados a siete centros de detención diferentes en los últimos meses. Es difícil incluso comprender en nuestras mentes cómo esas personas se las arreglan (con esos traslados). No saben qué hacer en un centro de detención. Exigen esto (en un lugar); el otro lugar ni siquiera tiene paredes; es como una tienda de campaña. Quiero decir, las dinámicas son muy diferentes.

Y el objetivo es que no se sientan cómodos y que no comprendan el sistema. El gobierno los controla a ellos y a los centros de detención.

Nos oponemos totalmente a ello. En la Iglesia, nos oponemos totalmente a ello. Proclamamos la dignidad humana.

Queremos que comprendan el sistema para encontrar formas de lidiar con él, y queremos soluciones que les ayuden a seguir adelante de cualquier manera que podamos.

OSV: Para muchos, si no para la mayoría, de los que regresan a sus países de origen, las condiciones que los llevaron a emigrar por razones de seguridad --como los conflictos, el narcotráfico o la degradación ambiental-- siguen sin cambiar. ¿Cómo están afrontando esa realidad las personas con las que habla?

Arzobispo García-Siller: No solo no ha cambiado, sino que quienes regresan llevan varias décadas fuera de su país de origen. Para ellos, la situación es aún peor.

Pero les diré algo: muchos de los detenidos han llegado a un punto en el que dicen: “Depórtenme. Porque esto es vergonzoso; no soy un criminal. Y me han humillado hasta tal punto que quiero que me envíen de vuelta”.

Otro aspecto más de estos centros de detención es que no están enviando a todos los que quieren regresar. No los envían de vuelta.

Entonces la pregunta es: ¿por qué?

Porque es un negocio. Así que el gobierno necesita utilizar lo que tiene en el presupuesto para esta ofensiva contra la inmigración. Esa es una enorme cantidad de dinero. Tienen que contratar centros de detención, organizaciones, todo con fines de lucro.

Debemos recordar que estos centros de detención que utiliza el gobierno federal son con fines de lucro.

No pueden tener camas vacías, porque de lo contrario no ganan dinero. Así que retienen a los detenidos tanto como pueden, hasta que saben que serán reemplazados por más detenidos, por nuevos detenidos.

Así que es negocio, negocio, negocio, negocio, negocio.

Y la gente está sufriendo, incluidos los niños. Yo lo llamo un sistema realmente perverso e inhumano de tratar a las personas.

Y podemos decirles que conocemos estas situaciones, porque en esta arquidiócesis y en muchas otras diócesis del país, hemos estado trabajando por los migrantes y los refugiados durante muchas décadas. Pero no es con fines de lucro. Así que es muy diferente cómo abordamos el respeto por las personas. Nosotros (la Iglesia) no estamos utilizando esta situación de los migrantes y los refugiados para hacer negocios.

OSV: ¿Le preocupa que, con la nueva guerra entre EEUU e Irán, la preocupación nacional por los migrantes quede relegada a un segundo plano?

Arzobispo García-Siller: Cuando pienso en las guerras que están teniendo lugar ahora en todo el mundo, son lideradas por autócratas, tiranos, con sistemas creados para ejercer un control extremo. Nosotros (aquí en EEUU) estamos tratando de ser pacificadores, pero creo que ya hay una guerra en EEUU; hay conflicto y violencia dentro del país. Y luego esta sensación de conflicto se extiende fuera del país. Quiero decir, es difícil entender la lógica. … Es un caos.

OSV: ¿Ha observado algún cambio durante el último año en la forma en que los católicos estadounidenses ven la inmigración?

Arzobispo García-Siller: A veces, en alguna que otra conversación, escucho que la gente ha cambiado de opinión. Y a veces es porque algunos de ellos se han visto afectados porque un vecino, unos amigos o feligreses han sido detenidos. Eso los lleva a reflexionar sobre el tema, y llegan a decir: “Bueno, necesitamos controlar nuestras fronteras, pero tal como está sucediendo, hay algo que no está bien”.

Pero sigue siendo un porcentaje muy bajo. Para la mayoría que no cambia, es porque su partido político y su afiliación parecen más importantes, y eso ha adquirido una dimensión de mayor importancia con respecto a lo importante que es nuestra fe y tener a Dios en nuestras vidas. Para algunos católicos y cristianos, Jesucristo --sus palabras, sus acciones, su estilo de vida, los valores que presenta la fe-- no son una prioridad.

Jesús experimentó la migración más profunda que cualquier otro ser humano en el mundo. Él, como Dios, también se hizo hombre.



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