El sueño de tener una vida estable y segura en Estados Unidos, se tornó una pesadilla para un joven colombiano y su familia, luego de que ICE lo arrestara cuando estaba cambiándole el aceite a su auto en Hyattsville, Maryland. Nick M. (28) sufrió una travesía de 15 días en avión, bus y auto para inmigrar en 2022, luego una detención de 29 días en la zona fronteriza. Parecía que el sacrificio valió la pena cuando finalmente pudo reencontrarse con su esposa Kathy S. y su hijo mayor en Maryland.
Todo parecía florecer con esperanza: reciben los permisos de trabajo por su caso de asilo, llega un bebé, va aumentando el ingreso familiar y el sentido de seguridad. Hasta que un paseo a una granja para celebrar el reciente otoño terminó en tragedia. Nick estuvo bajo arresto 47 días en los cuales el gobierno le castigó por “buscar una vida mejor” y salió en libertad el 13 de diciembre para encarar un futuro incierto.
Esta familia católica pudo pasar la Navidad en unidad, pero la incertidumbre se apoderó del hogar. No cuentan con recursos para pagar un abogado ni para subsistir y su vida depende ahora de la decisión de un juez de inmigración.
La decisión
Kathy explicó que no podían seguir viviendo en Colombia en medio de un conflicto armado, la violencia y las guerrillas.
“Mi familia ha sido afectada y tuvimos que huir. Vivíamos en un pueblito rural, en una finca, y nos tuvimos que mudar a Bucaramanga. Pero los grupos paramilitares nos perseguían, venían a amenazarnos para que mi familia quite una demanda”, dijo la joven madre cuyo tío fue asesinado.
En su país, suelen secuestran a los niños para que sirvan en los grupos armados. Afirmó que anhelaban algo mejor para su hijo que actualmente tiene nueve años.
“Todo esto nos hizo huir de Colombia. Lo que queremos es la protección de Estados Unidos”, dijo Kathy.
La travesía
Nick voló en avión de Colombia a ciudad de México. Las autoridades de inmigración lo detuvieron dos días sin razón aparente y le prohibieron subir a otro avión. Aunque las restricciones en México se agudizan, ellas no detienen el ímpetu del que migra buscando un mejor futuro. Así que Nick pasó de bus en bus a Guadalajara, León, Mazatlán y luego tomó un avión hasta la ciudad fronteriza de Tijuana, entonces un auto hasta Mexicali.
Estuvo resguardado en una vivienda hasta que cruzó la frontera a pie en un grupo de treinta personas con apoyo de coyotes. Se entregó a las autoridades estadounidenses en febrero del 2022. Le tomaron fotos y huellas, le quitaron el pasaporte y la identificación de su país. Estuvo detenido hasta que pagó una fianza de tres mil dólares.
Finalmente pudo reencontrarse con familiares en Carolina del Norte y a los dos meses decidió instalarse en Maryland donde viven amigos.
Kathy llegó en mayo del 2023 con su hijo mayor y al año siguiente nació su segundo hijo en suelo estadounidense.
Decidieron pagar 2.400 dólares a unos tramitadores certificados (no abogados), quienes les ayudaron a tramitar las solicitudes de asilo, Seguro Social y permiso de trabajo.
El lugar equivocado
Todo iba bien, sentando raíces y avanzando en un país extraño, hasta el 28 octubre del 2025 cuando un paseo con familiares y amigos terminó en llanto para Kathy y los niños.
Sabían de las redadas de ICE, pero aun así decidieron ir a pasear a una granja en Maryland. Esta familia iba en un auto junto con un amigo. En el otro auto iba un cuñado, la hermana y dos niños.
“Antes de iniciar el viaje, decidimos ir a cambiar el aceite al auto”, dijo Nick, explicando cómo los pequeños detalles pueden darle un giro a la vida.
Se detuvieron en un taller con un solo empleado, sin saber que ocho días antes ICE había arrestado a todos los mecánicos. Después de una llamada sospechosa, a los pocos minutos llegan tres camionetas sin identificación, con seis agentes usando capuchas y chalecos que decían ‘policía’.
Nick pudo percibir un clima de confabulación con los agentes y le queda la duda.
Le preguntaron su estatus de migración y si tuvo problemas con la justicia. Entonces, Nick presentó su licencia de conducir (real ID) y explicó que tiene tarjeta de seguro social y permiso de trabajo. Además, que está en un proceso activo de obtención de asilo, que ya estuvo dos veces en corte y tiene una audiencia programa en septiembre del 2026.
Los agentes argumentaron que no tiene estatus legal porque el asilo no fue aun aprobado y que debe ver a un juez de inmediato.
“No hubo confrontación. Me pusieron las esposas frente a mi familia, entonces mi esposa y mi hijo empezaron a llorar”, contó Nick quien no se resistió al arresto.
Los tres hombres colombianos terminaron arrestados, mientras las dos madres con sus niños quedaron a la deriva.
Bajo arresto
Nick oía con asombro el diálogo de los agentes de ICE. “Tenemos que llenar las tres camionetas”, decían entre ellos con premura. Así que, en pocos minutos, cerca del restaurante Checkers en Hyattsville, vieron gente trabajando en los jardines, les pidieron identificación y arrestaron a dos personas más. Pasaron por el supermercado Megamart y en el estacionamiento detuvieron a otro inmigrante.
Meta cumplida: llenaron las 3 camionetas.
Los llevaron a un lugar desolado y les pusieron esposas en los pies y la cintura.
“Iban burlándose, de modo ofensivo, tratando de expresarse en español”, recordó Nick.
Su grupo estuvo en el centro de procesamiento en Chantilly, Virginia, dos días y sin esposas. Les preguntaron si querían irse voluntariamente deportados o ver al juez.
A Nick lo presionaban, desestimando su cita preestablecida en corte. “Olvídate de ese proceso, tienes que ver a un juez aquí mismo que diga si te aprueba o no”, le decían.
Los agentes fueron tajantes: “No te puedes llevar a tus hijos”. Entonces le quitaron su tarjeta de Seguro Social y permiso de trabajo legítimos.
Este inmigrante calificó el trato recibido como ‘abuso psicológico’.
“Fue una pesadilla, donde uno pierde hasta la noción del tiempo. Los agentes abrían la puerta, nos veían y se reían. Nos decían: ‘Ustedes sin estatus no merecen estar en este país’. Algunos detenidos sufrían, entonces los agentes les hacían ofensas y se reían de ellos”, contó.
El menú era burrito maloliente, en estado de descomposición, para el almuerzo y lo mismo para la cena. Los detenidos trataban de consumir solo agua porque el que comía se enfermaba del estómago.
Luego, los tres hombres fueron esposados nuevamente y trasladados a un centro de detención en Riverside, Virginia, a más de tres horas del área metropolitana de DC. Estuvieron un día, pero no lo olvidan.
“Nos obligaron a quitarnos la ropa, colocarnos en posición inclinada y toser”, dijo sobre una técnica común de las autoridades para descartar que portan drogas en el cuerpo (contrabando).
Nick finalmente pudo hacer una llamada a su esposa Kathy de 15 minutos. “Ella estaba muy angustiada, con incertidumbre, lloraba mucho porque no sabía qué hacer con los niños, cómo pagar la renta, qué iba a pasar”, dijo.
Entonces, los trasladaron a dos horas de allí a otro centro de ICE en Farmville, Virginia.
Explicó que “en cada cuarto dormían 84 personas en camas de ocho personas, todos juntos”. Los despertaban a las 5:30AM para el desayuno, la mayor parte del tiempo no veían la luz del sol y “los guardias eran racistas”. Hacían tres conteos diarios, en los cuales tenían que permanecer de pie y en silencio.
Algunas veces iban al gimnasio, tenían televisor y un teléfono para hacer llamadas -siempre y cuando la familia aporte dinero para el servicio.
Allí muchos se enfermaban y el servicio médico era precario. “El aire acondicionado funcionaba al máximo y por eso yo también me enfermé. Durante una semana no podía ni levantarme de la cama. Pedía Tylenol e ir al médico y se negaban. Después de 15 días me ofrecieron atención médica, cuando ya estaba mejor”, contó.
Libertad angustiante
Nick fue a la corte dos veces y fue asistido legalmente por una organización de Virginia. Pagó una fianza de 3 mil dólares y logró salir en libertad.
Contó que otros detenidos se angustiaban tanto que frente al juez decidían ser deportados. Algunos no aguantaban y se ponían a llorar.
Su cuñado pidió salida voluntaria y lo trasladaron 17 horas hasta Mississippi, esposado de manos y pies. Estuvo 15 días allí y ahora ya está en Colombia.
Su amigo pagó una fianza de 6 mil dólares y está libre.
Están esperando otra fecha para presentarse en corte para proseguir con el caso de asilo. Mencionó que las tarjetas de Seguro Social y permiso de trabajo no se las devolvieron.
“Es muy fuerte estar encerrado. Conoces personas que no han cometido ningún delito, solo han sido detenidos yendo a trabajar. Algunos están solos y no tienen a nadie en este país. Hay personas que llevan hasta trece meses encerradas como es el caso de un joven egipcio, también hay cubanos y venezolanos con casos de asilo ganados”.
Sales libre, dice, pero te queda ese sentimiento de que no puedes hacer nada por esas personas que están allí. “Algunos me llaman desde adentro y me pongo muy mal. Son seres humanos que el único delito que cometieron es huir de su país en conflicto, su único delito es venir a trabajar a EEUU”, dijo Nick.
El impacto de lo ocurrido se extiende a toda la familia. Su hijo mayor se angustia al ver a la policía o camionetas y teme que vuelvan a arrestar a su padre.
A Kathy la tuvieron que asistir tres personas para que ella pudiera trabajar en una tienda a fin de pagar la renta y los gastos básicos. Ahora trabaja en un restaurante, mientras Nick aspira regresar a su empleo en otro restaurante.
La renta del apartamento la pagaban entre cuatro, pero el cuñado de Nick fue deportado.
Esta familia vive en una incertidumbre por el trabajo, la vivienda y su situación legal.
“No sé si me pueden arrestar otra vez, deportar o si van a aprobar el caso”, dijo Nick.
Los abogados privados no quieren tomar su caso porque lo consideran difícil de ganar. Kathy ya tuvo cinco audiencias en corte y le negaron el caso de asilo en junio pasado, pero está apelando.
Como los abogados cobran 3.500 dólares por audiencia y las organizaciones comunitarias del área metropolitana no están aceptando nuevos casos, ella está haciendo el trámite por sí misma.
Esta familia está siendo asistida por el Colectivo de derechos de los inmigrantes del condado de Prince George (PGIRC).
AYUDA
-Caridades Católicas
-Prince George’s County Immigrant Rights Collective
-Amica Center
-Parroquias Católicas
-Immigrant Support and Advocacy Network St. Camillus
-bufetes legales probono
-Centro Católico de Langley Park
