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'Cristo escucha el clamor de los pueblos' ante el mal, afirma León XIV cerca de mayor mina de diamantes de Angola

El papa León XIV saluda a una anciana durante su visita a una residencia de ancianos en Saurimo, Angola, el 20 de abril de 2026. Foto OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media

El papa León XIV viajó el 20 de abril al corazón de la región de Angola que alberga las minas de diamantes más importantes del país, instando a las decenas de miles de personas reunidas en la Misa Papal celebrada en el noreste del país a confiar en que "Cristo escucha el clamor de los pueblos" ante el mal.

En el octavo día del viaje apostólico del papa León a África, el pontífice voló unos 800 kilómetros al este de la capital angoleña, Luanda, hasta Saurimo, una ciudad situada cerca de la frontera del país con la República Democrática del Congo y a unos 32 kilómetros de la mina de diamantes más grande de Angola, Catoca.

En medio de la explotación que desde hace tiempo se asocia con la industria del diamante de Angola, el Papa pronunció una homilía en portugués en la que no eludió las realidades sociales de una región marcada desde hace mucho por la extracción de recursos y la desigualdad.

"Hoy vemos, de hecho, que muchos deseos de la gente son frustrados por los violentos, explotados por los prepotentes y engañados por la riqueza", dijo el papa León en su homilía. "Cuando la injusticia corrompe los corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos".

"Ante estos males, Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia; de cada caída nos levanta, en cada sufrimiento nos consuela y en la misión nos alienta", dijo el Papa.

Las autoridades locales estimaron que unas 40.000 personas se reunieron en la explanada de Saurimo bajo el sol abrasador para la Misa, con otras 20.000 participando desde fuera de los límites de la zona acordonada para la liturgia.

En Cristo, dijo el Papa a la multitud, la proclamación de nuestra resurrección "se hace voz".

"Como el pan vivo que siempre nos da --la Eucaristía-- tampoco su historia conoce fin, y por eso quita el fin, o sea la muerte, de nuestra historia, que el Resucitado abre con la fuerza de su Espíritu", dijo el Papa.

"No hemos venido al mundo para morir. No hemos nacido para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma: toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad", añadió.

En su homilía, el Papa advirtió contra la sustitución de la fe auténtica por "un comercio supersticioso, en el cual Dios se convierte en un ídolo al que sólo se recurre cuando nos conviene, mientras nos conviene", y "incluso los dones más hermosos del Señor --que siempre cuida de su pueblo-- pueden convertirse en una exigencia, un premio o un chantaje, y son malinterpretados precisamente por quienes los reciben".

El Papa León dijo que hay "existen motivos equivocados para buscar a Cristo, sobre todo cuando se le considera un gurú o un amuleto de la suerte", pero rápidamente añadió que el Señor "no rechaza esta búsqueda insincera, sino que anima a la conversión".

"Cristo nos llama a la libertad", proclamó el Papa a los católicos angoleños.
Antes de la Misa, el Papa León visitó un hogar de ancianos que alberga a 74 residentes de entre 60 y 93 años. Muchos llegan en malas condiciones físicas, traídos por la policía que interviene después de que sus familiares los abandonan, a menudo acusándolos de brujería.

El personal del hogar ha observado que tales acusaciones se utilizan cada vez más como pretexto para evitar la carga de cuidar a los familiares mayores. Una cuidadora de la residencia dijo a Vatican News que veía la visita del Papa como "una lección inmensa" para una sociedad que, en su opinión, debe redescubrir el valor de sus mayores.

La visita al Hogar de Acogida para Personas Mayores estuvo marcada por momentos de alegría. Varios residentes bailaron para celebrar la presencia del Papa, incluido un anciano que bailó apoyándose en un bastón.

El papa León se dirigió directamente al personal y a los residentes, calificando el cuidado de los más vulnerables como una medida de la salud moral de una sociedad.

"El cuidado de las personas frágiles es un indicador muy importante de la calidad de la vida social de un país", dijo el Papa.

Y añadió: "No olvidemos que a las personas mayores no sólo hay que asistirlas, ante todo hay que escucharlas, porque custodian la sabiduría de un pueblo".



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