En un ambiente marcado por la gratitud y la esperanza, la Arquidiócesis Católica Romana de Washington acogió el nombramiento de dos nuevos obispos auxiliares, cuyas historias personales y vocaciones reflejan una Iglesia viva, diversa y en salida. Las palabras del cardenal Robert McElroy no solo destacaron sus trayectorias, sino que dibujaron el perfil de dos pastores llamados a responder a los desafíos actuales, especialmente el acompañamiento a los jóvenes y a comunidades culturalmente diversas.
El cardenal presentó al padre Gary Studniewski como un sacerdote excepcional, forjado tanto en el servicio militar como en su ministerio pastoral. Su experiencia en el Ejército —dijo— no solo habla de disciplina y entrega, sino también de su cercanía con los hombres y mujeres de las fuerzas armadas, “a quienes recordamos especialmente en este tiempo de guerra y por quienes oramos”. En su vida sacerdotal, añadió, ha sabido conjugar liderazgo, energía y una profunda devoción a Dios, junto con una notable capacidad para tocar el corazón de los fieles.
Quienes lo conocen —subrayó— ven en él a alguien que encarna el verdadero sentido del sacerdocio. Por eso, el cardenal expresó su gratitud “a Dios, al Papa y a ustedes… por decir ‘sí’”.
Al referirse al padre Robert Boxie, el tono se centró en su ardor evangelizador, especialmente entre los jóvenes, una de las grandes urgencias pastorales de la arquidiócesis. Su labor en la Universidad Howard fue destacada como un espacio clave donde ha impulsado la renovación y el fortalecimiento de comunidades afroamericanas, esenciales en la historia y el futuro de la Iglesia local.
La figura del obispo Campbell apareció como hilo conductor en esta historia: mentor de Boxie y ejemplo de entrega, ahora se retira dejando como legado, entre otros frutos, la vocación episcopal de uno de sus formados. El cardenal también tuvo palabras de reconocimiento para él, recordando su paso del mundo bancario al sacerdocio como una respuesta valiente al llamado de Dios.
En medio de estos cambios, también se recordó la reciente designación del obispo Evelio Menjívar para Wheeling-Charleston. Su ausencia fue notada, pero también su legado: una pasión clara por los pobres, los marginados y los inmigrantes, que ahora acompañará a una nueva comunidad.
Cuando tomó la palabra, el padre Studniewski habló desde la memoria agradecida. Recordó cómo en 1987 se enamoró de la Iglesia de Washington, descubriendo en su diversidad una profunda unidad en Cristo. Ese encuentro, dijo, marcó el inicio de un camino que lo llevó al sacerdocio. Ahora, ante su nueva misión, expresó su deseo de recorrer la arquidiócesis, escuchar y servir. Su lema episcopal —“Mi gracia es suficiente para ti”— resume la confianza con la que asume este desafío.
El padre Boxie, por su parte, habló con emoción del apoyo recibido y del ejemplo del obispo Campbell. Para él, el nombramiento no es un logro personal, sino el reflejo de una comunidad que lo ha formado: su familia, su parroquia y la comunidad universitaria. Con sencillez, contó que dijo a los estudiantes de Howard que “han hecho obispo a su capellán”, destacando la fuerza de una Iglesia viva y cercana.
En la rueda de prensa, ambos ofrecieron claves sobre cómo sus experiencias marcarán su ministerio. Studniewski recurrió a su formación militar para explicar la importancia de la obediencia, la flexibilidad y el trabajo en equipo: “Haces un plan, pero todo cambia. Entonces confías en la gracia de Dios”.
Boxie, en cambio, puso el foco en los jóvenes. Aseguró que son profundamente conscientes de sus realidades y buscan respuestas auténticas. Por eso, insistió en la necesidad de una Iglesia que escuche, acompañe y se haga cercana. Un gesto sencillo —aprender sus nombres— puede ser, dijo, el inicio de una verdadera relación pastoral.
Ambos coincidieron en que la misión de la Iglesia es tarea de todos: ser líderes y evangelizadores desde la propia vida cotidiana, ayudando a otros a encontrarse con Cristo.
Al final, la reflexión se abrió hacia un horizonte más amplio: el papel de la Iglesia como puente entre culturas. Boxie recordó que la Iglesia es, por definición, universal. En ella, todos tienen un lugar. Esa unidad, sin embargo, no significa uniformidad, sino un “hermoso mosaico” donde cada cultura refleja algo del misterio de Dios.
Así, entre historias personales, desafíos pastorales y esperanza compartida, la arquidiócesis comienza una nueva etapa acompañada por dos nuevos pastores llamados a servir con cercanía, fe y compromiso.
