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El matrimonio, no es una utopía, es una “vocación” para parejas hispanas

Fidel y Zoila Henríquez posan el 14 de febrero de 2026 en la Misa de Aniversarios de Boda en la Basílica Nacional de la Inmaculada Concepción. Foto/cortesía FH

Los inmigrantes salvadoreños Fidel y Zoila Henríquez cumplen 44 años de casados y, como muchos matrimonios hispanos, han puesto a Cristo en el medio de la unión. Tienen una fe profunda, un amor incondicional por sus dos hijos y dos nietas, se enorgullecen de la familia que han formado y proyectan sus valores católicos como un gran tesoro que pasa de generación a generación.

En estos días celebran con alegría su unión, cuentan que su amor data de mucho tiempo cuando eran vecinos en El Salvador y recuerdan graciosamente cómo se reencontraron en un autobús en Silver Spring, Maryland.

En 1981, Fidel tenía cuatro años viviendo en Estados Unidos y solo 21 años, pero sentía el llamado al matrimonio. Es que, para los católicos, se trata de una vocación, una llamada concreta que Dios hace a seguirle, amarse y santificarse juntos en pareja.

Siguiendo los consejos de su hermana, Fidel se lanzó a la búsqueda de esa vecina de la niñez que también emigró al área metropolitana. La habían visto un domingo en un autobús en Silver Spring, pero nadie tenía ni su teléfono ni dirección, de modo que encontrarla era un reto y una aventura.

“Me subía a los autobuses de la línea S2 y S4, al azar, para ver si la veía. En mis intentos, pude encontrar a Zoila el segundo domingo en el tercer autobús y en el último asiento”.

Conserva muy bien en su memoria esa experiencia que demuestra su tenacidad. Confiesa que lo intentó sin saber que ella sentía lo mismo.

Un año después se casaron en la capilla latina (hoy Nuestra Señora Reina de las Américas) oficiada por el entonces padre Seán O’Malley (cardenal y arzobispo emérito de Boston).

Ella con 19 y él con 22 años empezaron a caminar juntos – y con Dios.

“Si no hubiéramos puesto a Cristo en el centro, con tantos obstáculos que aparecieron, no hubiéramos seguido juntos en estos 44 años”, dijo la pareja que reside en Wheaton y pertenece a la parroquia San Miguel Arcángel.

Zoila afirma que “Dios es el único que puede ayudar cuando hay conflictos, discusiones, cuando vienen las pruebas y uno quiere ‘tirar la toalla’. Entonces, confiando en el Señor, se supera con oración, aceptando al otro como es, perdonándose, amando como Cristo”.

Ella dice que un matrimonio, hasta que la muerte los separe, no es una utopía. “Es posible si se pone a Dios en el centro de la relación, se conserva el respeto mutuo y el entusiasmo con los pequeños detalles”.

Fidel piensa que es importante “aprender a perdonarse ya que no somos seres perfectos”. Su pareja dice que tiene buen humor, bromea y fácilmente la hace reír.

Los dos agradecen a Dios el momento en que se reencontraron en ese bus. “Nos llevamos bien, bailamos y estamos hechos el uno para el otro”, dicen.

Esta es una de las 532 parejas que acudieron el Día de San Valentín, 14 de febrero de 2026, a la Misa de Aniversarios de Boda en la basílica de la Inmaculada Concepción de Washington.

Fidel y Zoila Henríquez el día de su boda, el 28 de febrero de 1982. Foto/cortesía álbum familiar
Fidel y Zoila Henríquez el día de su boda, el 28 de febrero de 1982. Foto/cortesía álbum familiar

Honrando el amor

Es una celebración anual arquidiocesana para honrar la vocación del matrimonio. La arquidiócesis les otorga un certificado a las parejas, independientemente de cuántos años estén celebrando juntos.

En la misa, las parejas se pusieron de pie para la bendición y expresaron al unísono: “Bendito seas, Señor, porque nos has asistido amorosamente en las alegrías y en las penas de nuestra vida. Te pedimos que nos ayudes a cuidar fielmente nuestro amor mutuo para que seamos fieles testigos de la alianza que has establecido con la humanidad”.

Oraron para que la Iglesia continue resaltando la belleza del matrimonio y fomentando el amor por la familia, para que las autoridades civiles defiendan el matrimonio como sagrado y promuevan leyes y normativas que ayuden a los matrimonios y familias a florecer, para que los matrimonios que celebran aniversarios reconozcan y experimenten el amor y gozo que el Señor trae a sus vidas.

“El matrimonio es la fundación de la sociedad humana. Como una comunión de personas, el matrimonio de ustedes está hecho a la imagen de Dios, que es una relación de amor, vida y salvación. Felicidades en este aniversario y gracias por el regalo inspiracional en el misterio de amor a todos nosotros. Ustedes le demuestran al mundo que es en la entrega de uno mismo, de uno al otro y con Dios, que encontramos el más profundo significado de nuestras vidas”, les dijo el arzobispo de Washington, Robert McElroy, a través de un mensaje escrito que fue incluido en el programa de la misa.

Por su parte, el obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar, instó a las parejas a mirarse a los ojos y renovar el ‘sí’. “Te elijo de nuevo, con la gracia de Dios continuamos este camino juntos”, se dijeron uno al otro.

En su homilía subrayó que el gran regalo del sacramento del matrimonio es la expresión más hermosa del amor entre un hombre, una mujer y Dios.

Celebró que entre la audiencia había algunas parejas casadas por más de 70 años, otras por más de medio siglo e incluso una celebrando su primer mes.

“El amor está en el aire, en todas partes donde miro… y debemos creer en él y celebrarlo”, dijo.

Les agradeció por tomar la decisión de celebrar el Día de San Valentín viniendo a misa. “Eligieron no solo flores y chocolates, sino también la Eucaristía”.

Refiriéndose al Génesis, argumentó que “desde el principio, el matrimonio es parte del plan de Dios para la humanidad. Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen, y luego los une como compañeros… para complementarse uno con otro”.

Su matrimonio es parte de la vida amorosa de Dios para ustedes, para la iglesia y para la sociedad -destacó.

El obispo dice que el amor lo elegimos. “Es una decisión consciente, no un accidente, y es una decisión que debe renovarse. No es un cuento de hadas todo el tiempo, sino que incluye momentos de retos que hay que superar, y a veces retrocesos”.

Considera que es en la complejidad de la rutina diaria donde se forja la santidad personal.

Lamentó que, en la actualidad, a veces, las relaciones son desechables. Pero dijo que los matrimonios sólidos y fieles por muchos años, les muestran a las parejas jóvenes que el amor a largo plazo es posible. “El compromiso te hace más fuerte y sabio. Las relaciones duraderas ofrecen un sentido de protección y pertenencia”, puntualizó.

Agradeció a los presentes por su testimonio de amor, en especial, a algunas parejas que voluntariamente son mentores de matrimonio jóvenes. “Los jóvenes los están observando, gracias por mostrar que el matrimonio no es solamente una tradición, sino una promesa de fidelidad vivida cada día”.



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