La inteligencia artificial transformará profundamente el mundo del trabajo, pero nunca podrá sustituir la dignidad de la persona humana, dijo el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, durante la Misa del Día del Trabajo celebrada en la catedral de San Mateo Apóstol, el 6 de septiembre de 2026.
La celebración anual arquidiocesana, organizada mancomunadamente con la Red Católica del Trabajo, en vísperas del Día del Trabajo, estuvo dedicada a “orar por todos los trabajadores, honrar la dignidad del trabajo humano y reflexionar sobre las enseñanzas sociales” de la Iglesia.
Concelebraron la misa monseñor W. Ronald Jameson, rector de la Catedral de San Mateo Apóstol; y los vicarios parroquiales Isaac Sagastume y Joseph McHenry.
En su homilía, el cardenal McElroy reconoció a los presentes como “representantes de todos los trabajadores: hombres y mujeres que, con su labor, mantienen en pie a las familias y a la sociedad”.
El arzobispo señaló que, “aunque muchos enfrentan presiones y desafíos, este día ofrece un espacio para reunirse y reconocer el valor de quienes sostienen la vida diaria con su esfuerzo”.
Reflexionando sobre la lectura de las Escrituras proclamada durante la misa, tomada del Libro del Génesis, el arzobispo dijo a los fieles que el mundo creado es un don de Dios confiado a la humanidad, y que las personas participan en su desarrollo continuo mediante su trabajo.
Desde el Génesis hasta la era digital, el cardenal trazó un recorrido sobre la responsabilidad moral del ser humano y la defensa histórica de los trabajadores.
A partir de la primera lectura, recordó que “la creación fue confiada no a individuos aislados, sino a la comunidad entera”. Cada enseñanza, añadió, es un regalo que Cristo ofrece por amor.
El cardenal afirmó que “el trabajo no es un castigo, sino una expresión profunda de la identidad humana” y un medio para participar en la obra creadora de Dios.
“Es una forma de expresión personal: de crear, contribuir, construir nuestra identidad. Es parte del llamado que Dios nos hace. Así como Dios creó el mundo, nosotros construimos el mundo con nuestras manos, con responsabilidad y esfuerzo”, dijo.
El arzobispo insistió en que el trabajo es una participación directa en la obra creadora de Dios. “Cuando trabajamos, participamos en la cocreación”, afirmó, y enfatizó que en el esfuerzo cotidiano se encuentra la dignidad de la vida.
La Iglesia, continuó, ha insistido siempre en el destino universal de los bienes: lo que existe es para el bien común, y la propiedad privada solo tiene sentido dentro de esa responsabilidad compartida.
“Dios nos da derechos, pero también responsabilidades sobre la creación. Debemos construir, participar, ordenar lo que está contaminado, hacerlo bello, útil y beneficioso para todos”, señaló.
“Somos cocreadores con Dios”, recordó el arzobispo, llamados a transformar lo recibido en algo bueno, útil y edificante.
El cardenal enlazó esta visión bíblica con la enseñanza social de la Iglesia, especialmente con la encíclica Rerum Novarum de León XIII, que en 1891 denunció la explotación laboral y defendió la dignidad del trabajador.
A finales del siglo XIX, explicó, la Iglesia insistió en el respeto que debe recibir el trabajador por parte del Gobierno, los empleadores y la sociedad, promoviendo mejores condiciones de vida y una remuneración justa.
“Gracias a ese impulso, surgieron los sindicatos como fuerza protectora de los más vulnerables y se consolidó una tradición de defensa de los derechos laborales que sigue siendo necesaria”, afirmó.
En ese contexto, recordó el cardenal, que recientemente se reunió en Silicon Valley con los cardenales Joseph W. Tobin, arzobispo de Newark; y Blase J. Cupich, arzobispo de Chicago; para mantener conversaciones con líderes de equipos de inteligencia artificial de empresas que se encuentran a la vanguardia de esta tecnología.
Destacó que entre los temas abordados figuraba “el impacto que la inteligencia artificial podría tener en la fuerza laboral, especialmente cuando se combina con una robótica cada vez más avanzada y capaz”.
Sobre esos retos que traerá la IA, el prelado señaló que “es un tema que preocupa profundamente a la Iglesia por su impacto en el futuro del trabajo”.
El cardenal McElroy llamó a anticipar estos cambios y a construir nuevas estructuras que protejan a las familias y eviten la explotación. “Debemos asegurarnos de que las decisiones que se tomen no destruyan la vida de los trabajadores”, insistió, subrayando que la transición tecnológica debe ser humana, creativa y beneficiosa para toda la familia humana.
La homilía concluyó con una acción de gracias por la belleza de la creación y por la dignidad del trabajo, así como con una súplica para que Dios conceda fortaleza en este momento histórico.
“Qué podamos construir la creación que Él nos dio desde el principio”, dijo, invitando a la comunidad a defender la dignidad de cada persona frente a los desafíos que se avecinan.
“Damos gracias por todos los que trabajan en este mundo: hombres, mujeres, niños y familias que sostienen la vida cotidiana”, concluyó el cardenal McElroy.
