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La tiranía del amor

Jóvenes sostienen globos con forma de corazón en la Puerta del Sol en Madrid y celebran a San Valentín, patrón de los enamorados. EFE / Miguel Osés/Archivo

Un arma de fuego es un aparato que siempre será controversial. Su uso es para defender y resguardar la vida. Obviamente, si se usa para perjudicar la vida, herirla y matarla, ya cambia toda su naturaleza. De hecho, en manos de un niño, de un loco, de un ladrón y de un asesino, es algo peligroso y prohibitivo. Y el punto aquí es, reconocer que el Amado, el Creador, hizo todo muy bien y para engrandecer la felicidad del ser humano. Pero, todo depende de cómo y con cuánta responsabilidad ese ser utiliza y maneja lo recibido de Dios. La Historia de Salvación es un relato fiel de esa experiencia. En el corazón de la vida, está el amor, que como energía divina sustenta, enriquece y adelanta toda la condición humana. La Palabra Revelada lo expresa muy bien, en I Juan 4: 7-8. “Queridos, Dios es la fuente del amor: amémonos, pues, unos a otros. El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”.

El don de amar comienza como todo un instinto de sobrevivencia. El sentimiento inicial, es de pertenecer. Esto es evidente en todas las criaturas, incluyendo los animales que no razonan. El bebé nace con el instinto de nutrirse, mamando de los pechos de su madre. Se desarrolla entonces, todo un lazo de intimidad, que se manifiesta en el amor maternal. El amor del papá surge de la presencia afectiva que éste intencionalmente, crea con su relación y cariño. El amor se desarrolla en un proceso de ‘familiaridad’, donde la criatura, en toda su inocencia, queda impactada por un profundo sentido de ‘seguridad y bienestar’. ¡Sí, es todo un misterio! Pero es ese misterio que se convierte en la ‘esencia de la vida’, adelantando todo el crecimiento y desarrollo del ser humano.

En una mirada interior, el ser humano, se reconoce capaz, hábil, inteligente e importante en el conjunto de toda su existencia. Lo normal y natural, es defender, proteger y enriquecer la totalidad de su experiencia humana. Su mayor deleite lo vive cuando comienza a experimentar lo que es el amor. Descubre que es una fuerza, una energía, que se torna en ‘pasión’. El estar apasionado le permite sacrificarse por lo que lo atrae y lo cautiva. Es entonces que se ‘rinde’ y se entrega. Ante los demás, que no entienden la experiencia, lo juzgan posiblemente, a modo negativo. En un noviazgo, los padres usualmente, tanto de ella como de él, no ven la relación con buenos ojos. La actitud es que ‘nadie será lo suficientemente bueno’ para mi ‘nene/a’. La ironía, especialmente en la cultura hispana, es que también es todo un desespero, si ese nene/a no acaba de conseguir a alguien.

Los que actualmente viven el amor, gradualmente se dan cuenta que la experiencia es toda una ‘tiranía’. Entendiendo el concepto, como algo que obliga, que exige, que no cede. Pero es ahí que se encuentra toda su riqueza. El estar enamorado, no es una obligación, …es una decisión, como se ha señalado ya varias veces. “Esto es lo que yo decido, lo que libremente yo escojo”. Y así es como la vida se torna ‘misterio’ y se asemeja más a lo divino. Un ejemplo concreto de todo esto, es lo que ocurre con los que deciden escoger el sacerdocio o la vida religiosa. ¿Castidad, … para toda la vida? Y ese interrogante es el más común en la cultura hispana. Entendiendo que el pueblo, por tradición, identifica el matrimonio como expectativa normal. Algunos argumentan que en general, el hispano, no procesa con facilidad todo el concepto de soltería y de consagración religiosa. Y triste admitirlo, un gran número de creyentes cuenta y recuenta la historia de sacerdotes que no fueron fieles. De los que entregaron la vida por su pueblo hasta la muerte, no se habla tanto. ¡Ironía de la cultura hispana!

El amor, cuando es genuino, es algo transformativo. Absorbe la personalidad y cualidades de los cónyuges. Al pasar de los años, poco a poco, uno se parece al otro. Claro, siempre reconociendo que ese amor es intencional y estable, motivando una fusión de caracteres y personalidades. Ese fenómeno psicológico, impacta también a los hijos. Éstos tienden a adoptar los sentimientos y comportamientos de lo que ven y viven todos los días. Los desafíos a los cuales se enfrentan unos hijos sin un papá o una mamá son tristes y penosos. Y, sin embargo, en la modernidad lamentablemente, esa situación ocurre con mayor frecuencia. Aun en el seno familiar, la tecnología y medios de comunicación, absorben la atención de todos, cada uno enfocado en su celular o en su televisor. ¡No hay diálogo, no hay comunicación!

Pero no tiene que ser así, …no, si los adultos responsables en la familia toman conciencia de lo que está ocurriendo en todo un proceso de fragmentación familiar. Esa enajenación entre miembros de una familia ocurre con frecuencia también con matrimonios jóvenes, que, para poder disfrutar de las comodidades actuales, ambos trabajan fuera. Peor todavía, cuando los horarios de trabajo les impide estar juntos como familia, excepto los fines de semana.

La ‘tiranía del amor’ deja de serlo, cuando por fin, se cae en cuenta que el amor es el regalo más grande que Dios le ha concedido al ser humano. Entonces se decide vivir amando, dejando que ese amor sea el corazón y la razón de ser de toda la existencia humana. Entre sollozos y lágrimas, sí, …¡pero con un corazón ‘enamorao’!



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