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La violencia nos está ahogando

En fotografía de archivo se muestran pistolas automáticas en la bóveda de armas del Centro Nacional de Laboratorios de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, en Beltsville, Maryland. Foto/CNS/Gary Cameron, Reuters

Vivimos en una democracia, (del griego: demos=pueblo; cracia=poder). Es el pueblo quien decide, por elecciones libres, quienes son sus gobernantes. La función de los partidos políticos es promover sus ideales y persuadir adeptos que se unan a su causa, siempre buscando el bien común de la sociedad. Dentro de las normas de una democracia, los partidos políticos establecen sus propias directrices y definen sus propósitos y metas. Cada ciudadano, tiene derecho a escoger su partido, promover sus ideales y elegir a sus candidatos. La meta, en último caso, es ‘tener el poder’ y ganar la contienda política. En este país, el término de Gobierno es 4 años. Hacia el final del cuatrienio, se renueva de nueva la contienda, promoviendo sus candidatos a la gobernación. O, como puede ser el caso, prolongar el poder de los actuales gobernantes.

No pasa un día, que los medios noticiosos, no comuniquen algún incidente de violencia, especialmente en el ámbito de la política, gobernantes y servidores públicos. Y esto por muchas razones. Es una situación social compleja y difícil de resolver. En este país hay grupos que se asocian para fortalecer sus ideales y promover sus metas. Uno de los grupos que por años ha sido contencioso, pero muy poderoso es la conocida ‘National Rifle Association’ (NRA). Proponen el derecho de poseer armas de fuego, con sus debidas licencias. Son millones de dólares los que están envueltos en la asociación. De vez en cuando, (y hoy en día, no con tanta frecuencia), algún candidato político propone el control de las armas de fuego, pero la gran mayoría de la nación no acepta la propuesta. Como consecuencia, el tema permanece ‘debajo de la mesa’…, ¡intocable! Ningún político, por lo visto, se arriesga a proponer el tema como parte de su plataforma. El pueblo, irónicamente, defiende ese derecho, … ¡aunque lo maten!

Es un hecho interesante, que la incidencia de la violencia es más frecuente en los países desarrollados, como en esta nación. Claro, no se ignora que la pobreza que se vive en Latinoamérica, y en otros lugares geográficos, (ej. Bangladés, al sur de África) es también considerada como una forma de violencia. Cualquier situación social, política-económica, que afecta la calidad de vida, se puede considerar como un elemento que incita violencia. Los grandes latifundios que se dieron al principio de la colonización establecieron estilos de vida y mentalidad de privilegiados, que justificaron la importación de esclavos de África para mantener la economía. Esa experiencia influyó mucho en el perjuicio racial que todavía es prevalente en nuestra sociedad. Que quede claro, que, según la doctrina católica, el perjuicio racial es considerado como un pecado serio. Lo triste, en todo esto es, que ese perjuicio racial es tan prevalente, que se vive sin conciencia de inmoralidad. Algunos fatalistas dicen, … “¡pues, así es la vida; esto no lo cambia nadie!” Triste pensar que los seguidores de Cristo Jesús se acomodan sin conciencia de culpa, a esta forma de violencia.

En el ámbito de la psicología social, prevalece una línea de pensamiento de que el ser humano es inevitablemente inclinado a la maldad. Recuérdese que, según la doctrina católica, el ser humano nace en pecado, o sea, un ser fallido. ¡Pero, ahí la grandeza del misterio de la Encarnacion! El Hijo de Dios se hizo hombre, transformando esa condición de pecado en estado de gracia. La redención o liberación del ser humano, está en el corazón de la fe católica. Cada bautizado recibe el poder del Espíritu Santo, quien capacita a cada discípulo del Señor Jesús con la gracia necesaria para contrarrestar su inclinación a la maldad. Y, por supuesto, es el ser humano quien tiene el poder de decidir, … o escoge el bien o el mal. Según los académicos, el medio ambiente donde uno nace y se desarrolla influye mucho en el sentir y pensar de cada uno. Es siempre una decisión racional el escoger entre la gracia y el pecado. Es ahí donde se muestra la evidencia del ‘libre albedrio’ de cada criatura de Dios.

Cuando la conciencia se ‘adormece’ por lo repetido de una vida de pecado, es solo la gracia de la ‘conversión’ lo que la puede sacudir a restaurar un sentido de virtud y de gracia. Eso es siempre una decisión racional. Lo que es importante recordar es que el ser humano tiene el don del ‘libre albedrío’. ¡Nadie lo obliga a nada! Él es protagonista de su propio destino y el responsable de su comportamiento. Como agente libre de su propia salvación, ante Dios y ante su conciencia, el ser humano acepta la fe como un don del Espíritu Santo. La abraza con pasión y compromiso, o la vive con indiferencia. De ahí la grandeza de los santos que se sacrificaron a modo heroico, entregando su vida al amor de Dios. La santidad es la única alternativa del bautizado.

Ahogado por la violencia del medio ambiente, el creyente vive en un estado continuo de amenaza. Sobrevivir el azote de la maldad es solo posible con determinación y convicción de fe. Lo indispensable, por supuesto, es una fe inquebrantable y un amor a Dios incondicional. La Iglesia como Madre, ofrece todos los medios necesarios para que el discípulo de Jesús logre vivir una vida de gracia y santidad. NO, …la violencia no va a desaparecer, pero el discípulo de Cristo tiene la gracia necesaria para contrarrestarla.

¡Esa es nuestra fe!



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