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Mujeres que sanan heridas en medio de la migración

Mujeres solas migrantes que han dejado su patria, pero caminado con sus hijos protegiéndolos de los innumerables riesgos reciben clases en CAFEMIN. Foto/VN/ Rocío García Villegas

La violencia, pobreza y falta de oportunidades obligan a miles de latinoamericanos a migrar a Estados Unidos, desencadenando una crisis migratoria que la Vida Consagrada enfrenta con profesionalismo y misericordia: CAFEMIN.

“En el camino migrante he visto cuerpos cansados, pero sobre todo corazones heridos; sanar esas heridas es recordarles que su vida tiene valor”, así describe la hermana María Soledad Morales Ríos la misión que realizan las Hijas de María del Señor San José a través de la Casa de Acogida, Formación y Empoderamiento para Mujeres y Familias Migrantes y Refugiadas (CAFEMÍN).

Desde hace 13 años, este espacio ubicado en la Ciudad de México ha acompañado a más de 20 mil migrantes de 70 países, convirtiéndose en un refugio de dignidad. Inspiradas en la experiencia de la Sagrada Familia migrante de Nazaret y en una relectura de su carisma, la Congregación da una respuesta concreta al dolor humano. Por ello, en CAFEMÍN no existen los imposibles: aunque su capacidad es para albergar a 100 personas, en emergencias ha acompañado hasta 800.

Una misión que se consolida en el camino

Un momento decisivo en la consolidación de esta misión ocurrió en 2012, cuando la hermana María Magdalena Silva Rentería, actual directora de CAFEMÍN, participó en un Viacrucis Migrante en la frontera con Guatemala. Aquella experiencia dio origen a la primera caravana migrante: una caminata de 36 días, integrada por más de 800 personas que requerían protección. “Ya no era teoría, era tocar el dolor, organizar la vida y defender la dignidad en el camino”, recuerda la hermana Magda.

Durante el trayecto, su presencia ayudó a visibilizar la situación de las personas migrantes, reducir riesgos frente a grupos criminales y mejorar el trato por parte de las autoridades. Gracias a ello, fue posible garantizar alimentos, agua y espacios de descanso hasta llegar a la Ciudad de México. Esa experiencia marcó definitivamente la manera en que CAFEMÍN entiende hoy sus procesos de formación, contención y reconstrucción de vida.

Los Cristos sufrientes de nuestro tiempo

Las políticas actuales migratorias de Estados Unidos han restringido el acceso a las solicitudes de refugio a latinoamericanos, obligándolas a cruzar hasta diez fronteras, entre ellas el Tapón del Darién, una selva de más de 575 mil hectáreas entre Colombia y Panamá. Allí enfrentan ríos crecidos, pendientes peligrosas y caminos fangosos que provocan lesiones, extravíos y, en muchos casos, la muerte. A estos riesgos se suma la presencia de grupos criminales y redes de tráfico de personas. Por ello, la hermana Mercedes describe al migrante como el Cristo sufriente de hoy: “no el Cristo de la infancia, sino el golpeado y crucificado”.

Leticia, migrante venezolana relata que cruzó el Darién con sus dos hijos, su padre y once personas más. “Compartíamos la comida, el cansancio y el miedo”. El peligro no terminó al salir de la zona. “Entendí que el Darién no era la única selva; México también lo sería, pero esta vez de concreto”, cuenta Leticia. Hambre, secuestros, extorsiones y amenazas marcaron su paso por el país. “Hubo momentos en los que pensé que no saldríamos con vida. Mis hijos vieron violencia que ningún niño debería ver”. Según el área de Atención Psicológica de CAFEMÍN, el 90 % de las mujeres atendidas ha sufrido violencia durante su trayecto. Historias como la de Leticia se repiten a diario en CAFEMÍN y en muchos albergues de México.

De acuerdo con datos de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas (UPMRIP), entre enero y agosto de 2024 se registraron 925.085 mil personas en situación migratoria irregular en México, entre ellas más de 108 444 mil niñas, niños y adolescentes.

Un espacio para sanar y volver a empezar

“Aquí pude detenerme, pensar y tomar decisiones para el futuro de mis hijos. Recuperé mi alegría y mi tranquilidad; hacía muchos años que no me reía”, comparte Leticia. Para ella y para miles de personas más, CAFEMÍN es un espacio seguro, cuyo modelo institucional se inspira en el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018, cuando propuso una respuesta articulada en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Estos principios se traducen en una atención física, psicológica, espiritual y legal, así como en procesos de integración social orientados a reconstruir el proyecto de vida de cada persona. El liderazgo de las hermanas Josefinas ha generado una red intercongregacional y multidisciplinaria, que han tocado el dolor, pero también han sido testigo de vidas que vuelven a levantarse. El camino migrante no termina en CAFEMÍN. Aquí comienza un acompañamiento, pero el sueño de ofrecer a hijas e hijos un futuro de dignidad, paz y oportunidades aún continúa. Isaías, niño migrante venezolano de 11 años, lo resume con palabras sencillas que guardan esperanza: “Nunca supe si iba a llegar hasta acá… pero lo logré”.





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