El temor a las redadas y el miedo a la separación familiar por culpa de una deportación inesperada están provocando una crisis de salud mental entre las comunidades inmigrantes del país. Hoy la alternativa más fácil de sobrevivencia es “hacerse invisible” ante las miradas impávidas de muchos ciudadanos o funcionarios públicos, así lo advirtió Brian Cannon, director del Ministerio de Salud Mental de la Diócesis de Phoenix.
Cannon explicó durante una charla virtual denominada “Buenas prácticas en la atención pastoral y social a los inmigrantes”, organizada el 15 de julio por el Center for Migration Studies (CMS), Hope Border Institute (HOPE) y Catholic IMMpact, que aunque muchos consideran que esos problemas afectan solo al indocumentado, se olvidan de las consecuencias emocionales que alcanzan a familias, parroquias, escuelas y vecindarios.
“El miedo permanente a que algo pueda suceder genera ansiedad, depresión, trauma y una profunda sensación de desesperanza en aquellas familias que tienen un miembro en condición de inmigrante indocumentado”, afirmó el representante de la Diócesis de Phoenix.
Recordó que el estado de Arizona ha vivido durante décadas un clima de temor relacionado con las políticas de control migratorio, lo que ha dejado secuelas emocionales duraderas entre miles de inmigrantes, especialmente aquellos que hasta ahora siguen en situación irregular.
También señaló que ese miedo, aunque muchas veces es invisible, siempre termina enfermando a las personas y familias, así como produce un deterioro significativo en la vida comunitaria.
Ante esta realidad, Cannon sostuvo, que la salud mental no debe entenderse únicamente como un asunto clínico, sino también como una responsabilidad pastoral y de salud pública, por lo cual ha propuesto que “las parroquias se conviertan en espacios seguros de acogida y acompañamiento, donde sacerdotes, líderes pastorales y voluntarios reciban capacitación para identificar los primeros signos de ansiedad, depresión o trauma y puedan orientar a las personas hacia servicios especializados”.
Los niños, entre los más afectados
El director del Ministerio de Salud Mental de la Diócesis de Phoenix hizo énfasis al impacto que las políticas de inmigración tienen sobre los niños, asegurando que los menores perciben de inmediato el miedo y la ansiedad que viven sus padres.
“La posibilidad de una redada o de una separación familiar genera consecuencias emocionales profundas que pueden manifestarse mediante ansiedad, problemas para concentrarse en la escuela, trastornos del sueño, hipervigilancia e incluso dificultades para relacionarse con otras personas”, dijo el especialista.
Añadió que el trauma que se genera en los niños no solo surge con una detención o deportación de uno de los padres, sino también de la exposición constante a noticias, publicaciones en redes sociales o relatos de familiares y amigos sobre operativos migratorios en el barrio: “Todo eso alimenta el temor y la sensación de inseguridad entre los niños”.
Cannon puntualizó que “el bienestar emocional, espiritual y psicológico de los niños no puede reducirse a un debate político”, recordando que el Evangelio llama a proteger especialmente a los más vulnerables.
Crear comunidades donde los niños puedan ser niños
Como respuesta pastoral, Brian Cannon propuso fortalecer ambientes seguros y acogedores donde los niños inmigrantes puedan desarrollarse con normalidad.
Entre las acciones recomendadas destacó mantener estables sus rutinas, ofrecer programas familiares y juveniles donde puedan expresar sus emociones con libertad y capacitar a ministros y líderes parroquiales para reconocer señales de angustia en los menores y sus familias.
Asimismo, subrayó que la conexión humana constituye uno de los principales factores de protección para la salud mental infantil: “Saber que existen adultos que los escuchan, los acompañan y se preocupan por ellos marcar una diferencia decisiva en su proceso de recuperación emocional”.
Defensa de la dignidad humana
El director del Ministerio de Salud Mental de la Diócesis de Phoenix sostuvo que el trabajo pastoral debe incluir también acciones que tengan repercusión pública para defender la dignidad de las personas inmigrantes.
Explicó que en su diócesis se mantiene un diálogo permanente con legisladores, organizaciones sin fines de lucro y otras comunidades religiosas para promover políticas que protejan a las familias migrantes.
Aclaró que esta labor no responde a intereses partidistas o intereses políticos: “No se trata de política, sino del sufrimiento de las familias y de afirmar el valor de cada persona”.
Finalmente, recordó que, aunque el debate sobre inmigración suele centrarse en leyes y políticas públicas, la Iglesia no puede perder de vista a quienes viven diariamente las consecuencias emocionales de esas decisiones: “La mejor defensa que podemos hacer es poner siempre a la persona humana en el centro”.
