Salvaguardar la presencia de Dios en cada persona y convertir la dignidad humana en una práctica cotidiana fueron algunos de los principales llamados formulados por Tim Shriver, presidente de UNITE y creador del Dignity Index (Índice de Dignidad), durante el seminario “Healing the Breach” (Sanando la brecha), realizado en American University el viernes 18 de septiembre de 2026.
Shriver propuso construir comunidades que sean verdaderos “hogares espirituales”, espacios donde las personas encuentren seguridad para expresarse, apertura al silencio, fortaleza para formular preguntas difíciles y disposición para pedir y ofrecer ayuda.
Su reflexión partió de la convicción que cada ser humano posee una dignidad intrínseca por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios: “Se debe tener presente que la persona no puede reducirse a sus intereses individuales, al nacionalismo, a las jerarquías ni a la búsqueda de poder y dominio. Tampoco puede orientar sus fuerzas en alimentar la división social”.
El presidente de UNITE planteó que la historia humana debería avanzar hacia el reconocimiento de la “dignidad sagrada de todos”, una visión que exige pasar de la confrontación a la cooperación y de la división a la construcción de una humanidad compartida.
Manifestó que toda propuesta de fe tiene que estar fundamentada en los valores morales, la oración contemplativa, la inclusión social, la meditación silenciosa, la renovación cívica y espiritual y la creación de “escuelas de dignidad”, como espacios donde se aprenda a reconocer y proteger el valor de cada persona: “Todos debemos contribuir a transformar la división en alegría y a recuperar aquello que une a los seres humanos”.
Tim Shriver hizo referencia a Etty Hillesum, escritora judía que, durante la ocupación nazi de los Países Bajos, ayudó a decenas de personas perseguidas a encontrar su campo espiritual, en uno de los momentos más trágicos de la historia humana.
Asimismo, destacó del testimonio de Hillesum la capacidad de reconocer la belleza y la presencia de Dios aun frente al sufrimiento y al mal. Recordó su reflexión de que “no solo debemos pedir a Dios que nos ayude”, sino también “ayudarle” para que pueda ayudarnos.
Desde esta perspectiva, dijo Shriver, la oración contemplativa adquiere una dimensión activa: “Es importante crear dentro de uno mismo un espacio para que Dios pueda actuar en el mundo”.
Finalmente, invitó a considerar la meditación no únicamente como una práctica personal, sino como una preparación para convertirse en “los ojos, las manos y los pies de Dios” frente a las necesidades de los demás.
El mensaje de “Sanando la brecha” quedó así vinculado a una tarea espiritual y cívica: proteger la dignidad de cada persona, superar las divisiones y promover una humanidad compartida donde la fe se traduzca en presencia, escucha, solidaridad y acción.
