Jesús era un sanador, una prioridad en su llamado y su misión, porque evidenciaba la presencia de Dios con los enfermos y necesitados a quienes traía sanación, expresó el arzobispo de Washington, Robert McElroy, en la Misa Rosada celebrada en la iglesia Little Flower en Bethesda, Maryland, el 15 de marzo de 2026.
Cuando nos ocupamos de aquellos que están en necesidad o manifestamos paciencia con todos los que encontramos en el camino, es una forma de imaginar a Cristo en el mundo, agregó el cardenal McElroy.
En la Misa Rosada se invoca las bendiciones de Dios a médicos, enfermeras, dentistas y a otros trabajadores del gremio de la salud, así como instituciones de cuidado médico en la Arquidiócesis Católica Romana de Washington.
El cardenal dijo a los profesionales de la salud que están imitando a Cristo de una poderosa manera, especialmente atendiendo a los que sufren, “cuando los cuidan con sus habilidades, compasión, sabiduría y comprenden que todos somos individuos a quienes nos afecta de diferentes maneras la atención médica y sus desafíos”.
El prelado dijo que tiene un sentido particular de gratitud hacia los que son profesionales de la salud porque tuvo una cirugía por cáncer en noviembre y le fue muy bien.
Agregó que en la atención recibida experimentó “enormemente los dones, la atención y la compasión de los profesionales de la salud a quienes quiero, particularmente, agradecerles”, precisando que los que sirven en la atención médica siguen los pasos de Jesucristo de una manera profunda.
La Iglesia Católica celebra la Misa Rosada para orar y pedirle a Dios por las muchas instituciones de salud de la Arquidiócesis de Washington y para el ejercicio del cuidado médico en general. Es también una ocasión para dar las gracias a los profesionales de la salud dedicados y comprometidos que asumen la misión de sanar, cuidar y velar por el bienestar de la población, guiados de la mano de Dios.
El párroco de Little Flower, el padre Lee Fangmeyer, quien dio la bienvenida al cardenal dijo: “Es un día en el cual reconocemos y damos gracias por la forma en que ustedes transmiten la gracia, el amor y cómo Jesús toca a las personas. Les agradecemos por eso y les damos la bienvenida a todos”.
El homilista, el padre James Van Dyke, empezó su homilía recordando una cirugía a corazón abierto que tuvo hace 18 años en el Hospital Presbiteriano de Nueva York: “Pasé mi recuperación durante esa cuaresma, rodeado de amor y cuidados… y el equipo médico, las enfermeras, los técnicos y el personal trabajaron tan fuerte para recuperarme”.
Dijo que debemos estar agradecidos a los profesionales de la salud por su arduo trabajo, su cuidado y su dedicación. “Su ejemplo también debería recordarnos que todos nosotros estamos llamados a ser sanadores”, subrayando que debemos serlo en cualquier vocación a la que hayamos sido llamados.
“Ese es el núcleo mismo de nuestra vocación como cristianos, como personas bautizadas, para que la gloria de Dios pueda brillar a través de nosotros en los oscuros valles de nuestro mundo”.
Instó a no quedarse al margen, a no ser apáticos, a ver lo que se necesita a nuestro alrededor y actuar “por nosotros mismos, por los demás, por nuestro pobre y enfermo mundo desgarrado por el odio, el racismo, la guerra, la violencia, la corrupción y la muerte”.
Instó a los católicos a no ser miopes, cortos de vista, “para que podamos ver lo que Dios nos está pidiendo que hagamos. Hacer exactamente lo que Jesús hizo, llevar buenas nuevas a los pobres.”
Cuando comenzamos a ver cómo ve Dios, nos convertimos en lo que siempre ha esperado que seamos, su propia imagen y semejanza, sus propios hijos e hijas -dijo el homilista.
La tradicional Misa Rosada cumple 34 años bajo el auspicio de John Carroll Society y fue celebrada por el cardenal McElroy y concelebrada por los obispos auxiliares Juan Espósito y Roy Campbell, monseñor Peter Vaghi, capellán de la Sociedad John Carroll, y otros sacerdotes.
Luego de la misa se ofreció un almuerzo y entrega de reconocimientos a profesionales de la salud del área metropolitana por sus aportes como voluntarios y su compromiso por responder a las necesidades de salud de la comunidad.
La Misa Rosada recibe ese nombre porque se realiza cuando el vestuario que utilizan los celebrantes es rosado. Este color simboliza la vida, cuyo precioso cuidado es confiado a las profesionales de la salud.
Es una oportunidad para reconocer cada año la labor de los empleados y voluntarios de las clínicas de salud de la arquidiócesis, en especial de la Red de cuidado de salud de Caridades Católicas. Inf: catholiccharitiesdc.org/healthcarenetwork.
La red está conformada por enfermeras, médicos, dentistas, hospitales del área y profesionales de diversas religiones con un espíritu ecuménico de ayudar al prójimo. Provee millones de dólares en servicios médicos gratuitos de especialistas, incluyendo cirugías, a miles de personas pobres.
Caridades Católicas de Washington ofrece una gama de servicios de salud, gratis o a bajo costo. Infórmese en: catholiccharitiesdc.org/healthcare.
La red cuenta con miles de voluntarios, si usted desea ser uno de ellos, llame al (202)481-1424.
La Misa Rosada puede verse en youtube.com/watch?v=pFqQqmMRdi0.
