La historia de los migrantes peruanos Marieta Pinazo (68) y Severiano Sáenz (63) es una historia de profunda fe, abuso extremo, inmigración angustiante y amor a la tercera edad.
Se mantuvieron comprometidos con Dios y confiaron en Él a pesar de los obstáculos. Con su rol activo en la vida parroquial se agilizó su caso de inmigración y finalmente fue aprobado hace cuatro meses. Después de 23 años, Marieta dejó de ser indocumentada.
Él llegó en 2002 con ‘green card’ y ella en 2003 sola por la frontera. Se conocieron en 2009 en el área metropolitana de Washington porque Marieta rentó un cuarto en la casa de una tía de Severiano. En ese encuentro jamás imaginaron que la estricta ley de inmigración estadounidense los llevaría por ‘una montaña rusa de emociones’ y que se casarían ante Dios en 2024 en la iglesia Santa Rosa de Lima de Gaithersburg, Maryland.
Vida turbulenta
Marieta fue víctima de violencia doméstica durante veinte años en el marco de una relación de convivencia en su tierra natal. “El padre de mis cuatro hijos me golpeaba, me amenazaba y trató de matarme con un arma. Fui brutalmente abusada, sufrí violencia extrema y persecución, por eso decidí huir de Perú”, le contó a El Pregonero.
Trató de escapar con sus hijos, pero no pudo. Dos se adelantaron, los menores quedaron con sus familiares y ella se fue sola hacia EEUU.
Las autoridades de inmigración la detuvieron en la frontera y Marieta dio datos falsos por dos razones: los coyotes le aconsejaron hacerlo y ella tenía terror de ser devuelta a su país y sufrir las represalias de su vengativa pareja.
Como dijo que era mexicana, fue deportada a México. Después de una semana lo volvió a intentar y logró cruzar el Río Grande en la zona de Laredo, Texas.
“Al entrar a Estados Unidos, finalmente, después de muchos años, pude sentirme segura y protegida”, expresó. “Me arrodillaba ante Dios y le daba gracias de estar en un país seguro, con leyes, donde no me iban a lastimar. Así fue que empecé a amar a este país”.
Decidió instalarse en Maryland, donde dos de sus hijos ya estaban viviendo, donde tenía otros familiares y amigos. Se dedicó a limpiar casas y cuidar niños para salir adelante.
Por su parte, Severiano empezó trabajando en venta de antigüedades, luego en un concesionario de automóviles, más adelante en la empresa Coca-Cola.
Caso difícil
Marieta y Severiano se casaron por civil en 2011. Recién en 2017 él obtuvo la ciudadanía estadounidense y decidieron ir a Caridades Católicas a preguntar qué posibilidades tenía ella de obtener documentos.
“Pensamos que los indocumentados que ingresaron por la frontera, no tenían posibilidades. Allí nos dijeron que era un caso difícil y arriesgado, pero lo hicimos”, comentaron.
Marieta solicitó la residencia permanente por petición familiar, considerando que su esposo es ciudadano estadounidense. La espera fue de siete años, recién en 2024 supieron que el perdón provisional fue aprobado.
“En la entrevista de inmigración con las autoridades estadounidenses en Perú, le revocaron ese perdón porque habían descubierto que ella había mentido 21 años atrás cuando tuvo contacto con los agentes fronterizos. Había dado un nombre y nacionalidad falsos y eso se considera fraude”, explicó Celia Rivas, quien manejó su caso y funge como coordinadora de los servicios de inmigración en el Centro Católico Hispano de Gaithersburg.
Marieta tuvo que permanecer un año en Perú, orando, confiando en Dios y a la espera de la resolución de su caso. Se mantenía escondida, ansiosa y con temor a represalias de su expareja. “Mi esposo estaba en Estados Unidos, a mí no me permitían reingresar. Fue muy traumático”, dijo. Mientras tanto, Severiano también estaba angustiado y viajó cinco veces a darle apoyo.
Celia, experta en trámites de inmigración, gestó otro tipo de perdón en 2025, por el cual habitualmente hay que esperar 4 ó 5 años. Incluyó cartas de diáconos, sacerdotes, terapistas y afirma que definitivamente “la participación activa de Marieta en la Iglesia y razones médicas de su esposo fueron decisivos en el caso que fue aprobado en seis meses”.
El trámite para obtener un perdón de inmigración es complejo y se puede obtener la aprobación demostrando: participación en la Iglesia, trabajo de voluntariado y acciones de ayuda a los más necesitados de la sociedad.
Eso es precisamente lo que Marieta y Severiano han venido haciendo todos estos años desde que llegaron a Estados Unidos. Sirvieron en las parroquias San Juan Neumann, San Martín de Tours, Santa Rosa de Lima y ahora son feligreses en San Francisco (Rockville). Ella es parte del coro y él hace servicio de voluntariado.
Además, Marieta ha sido voluntaria en un programa de ayuda a víctimas de violencia doméstica. “Daba mi testimonio, lo cual era una terapia para mí, y alentaba a otras personas a que se expresen”.
Por el impacto psicológico del abuso doméstico, ella tuvo que recibir terapia durante siete años. Por la ansiedad y angustia generadas por el proceso migratorio, su esposo también recibió terapia durante más de un año. “Me sentí muy solo cuando ella estuvo en Perú, tuve una crisis y fui hospitalizado una semana”, contó.
La visa fue aprobada en febrero pasado y Marieta pudo reingresar legalmente con su residencia permanente. En tres años, puede solicitar la ciudadanía estadounidense.
“Nos aferramos a nuestra fe y, por nuestra fe, es que mi esposa obtuvo los papeles. Estuvimos un año separados, pero la familia nos apoyó y Dios nos mantuvo unidos. Ahora disfrutamos de la bendición de contar con sus documentos y entregamos nuestro corazón al Señor”, dijo Severiano.
Esta pareja confiesa que están tranquilos por haber resuelto finalmente el caso de inmigración. Se sienten muy felices en el matrimonio, por tener cinco nietos y ser parte de la Iglesia Católica.
“Tengo mucha fe en el Señor. Si caminamos con él, tenemos felicidad y tropezamos menos”, según Marieta.
Caridades Católicas de Washington ha venido sirviendo a la comunidad inmigrante durante varias décadas y tiene un experimentado equipo legal. El costo del trámite dependerá del ingreso familiar, por lo tanto puede ser gratuito para personas de bajo ingreso. Para mayor información, llame al (240)858-0958 o visite: catholiccharitiesdc.org/program/immigration-legal-services.
