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Vivimos a la luz de la tumba vacía

Imagen de un cementerio y la presencia del sol en el cielo. Foto/EFE/Mariscal/archivo

“Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes carece de valor y aún siguen ustedes hundidos en el pecado” (I Corintios 15:14). ¡Así de clarito lo expresa el apóstol Pablo! Y es que se corre el riesgo de no caer en cuenta a cabalidad, la importancia de los misterios que la Iglesia acaba de celebrar en la gran Semana de Salvación. Es todo como un concierto de eventos trágicos, que culminan en el misterio de ‘la tumba vacía’. En palabras sencillas, ‘Cristo le dio de patadas a la muerte’ y se fue a pasear por el mundo, proclamando “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14/6). No hay nada más urgente en la vida de los bautizados, que saberse amados por Dios, guiados por su Santo Espíritu, y protegidos en todo momento por su Divina Providencia. De mucha sabiduría fue un rótulo, a la entrada de una Iglesia, que decía: “Si te sientes alejado de Dios… !adivina quién se movió! Y es que el ser humano, por naturaleza, se resiste a ser controlado o sometido a cualquier disciplina de mandatos y reglas. En el mundo de los Hispanos, son muy pocos los que nunca han oído sobre Dios y sus mandamientos. Es irónico que el ateo, se ponga a discutir sobre la existencia de un ser sobrenatural como el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, revelado en Jesús el Señor. Si Dios no existe, ¿por qué discutir? ¡Pero, esas son las ironías del ser humano!

Que quede claro para todos los creyentes en el Hijo de Dios, no hay que alterarse en una discusión sobre la fe y la religión. Se señala este detalle, porque son muchos los hispanos que se han ido a la iglesia pentecostal y usualmente son agresivos. Tratan de justificar su abandono de la fe católica, detallando los pecados de la Iglesia Católica. “Que si el cura o la monja tal…, que si el ‘compay, que es bien católico’, cometió adulterio con su propia ‘comadre’, y así por el estilo”. Quien quiera dejar la Iglesia Católica, está libre para hacerlo, asumiendo su propia responsabilidad de conciencia. Lo que se debe siempre considerar en cuestión de religión, es que, por tradición, se bautizan los bebés, obviamente, sin consulta previa. Ya, habiendo desarrollado el uso de razón, ese bautizado tiene la libertad de escoger la práctica de la fe que se desee. La experiencia actual, es que el bautizado continúa viviendo la fe católica, no por decisión personal, sino por costumbre. Se crio en ese ambiente y eso fue lo que aprendió de su familia.

Toda la renovación de la Iglesia, comenzada por el papa San Juan XXIII, quien convocó el Concilio Vaticano II (1962-1965), tenía como propósito insertar a la Iglesia Católica en la realidad innegable de la modernidad. Lo delicado de la doctrina que no todos entienden es, que la Iglesia de Jesucristo no es del mundo, pero vive sirviendo a y en el mundo. Así claramente lo detalla Jesús mismo, cuando en el Evangelio de San Juan dice: “Yo les he confiado tu mensaje, pero el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Como yo no pertenezco al mundo, tampoco ellos pertenecen al mundo. Haz que se consagren a ti por medio de la verdad; tu mensaje es la verdad” (17:14-17). Aquí, la clave es la interpretación adecuada de esa expresión, “ser del mundo”. (La palabra “mundano” se puede interpretar como “alguien entregado a las frivolidades y placeres del mundo”.

Vivir la vida de fe, a “la luz de la tumba vacía”, quiere decir, vivirla con un compromiso y convicción, que inspira y motiva a otros. Existe evidencia histórica, aparte de las Sagradas Ecrituras, que afirman la existencia de Jesús, que fue crucificado, muerto y sepultado en Jerusalén. (cf. historiadores romanos, como Flavio Josefo, Plinio, Tácito y otros.) Para los creyentes católicos, la Semana de Salvación que culmina en la tumba vacía, es algo sagrado. En nuestros países latinoamericanos, esos días solían ser de recogimiento, celebraciones parroquiales, incluyendo adoraciones nocturnas, procesiones y ejercicios espirituales. El Viernes Santo, usualmente, se observaba como un día solemne, con la mayoría de los negocios suspendidos por el día. Hoy por hoy, sin embargo, es un mundo muy diferente, donde predomina lo utilitario, lo práctico y lo que deja ganancias. Lo importante es, sin embargo, recobrar ese sentido de “lo sagrado”.

La tumba vacía debe de seguir siendo el evento culmen de la vida de fe. Cuando se opaca la luz de la esperanza, cuando con frecuencia, el desánimo y lo sin sentido, trata de asfixiar las aspiraciones de vivir una vida de virtud, la verdad contundente de Cristo Resucitado es lo que debe de sacudir lo más profundo del ser y su existencia. En la vida adulta, el creer es una decisión personal. Permitir que la fe informe, forme y transforme la vida es una tarea inacabable. Requiere determinación y firmeza de carácter. Por eso el evento de la tumba vacía, sigue siendo prioridad en la vida de todos los discípulos de Señor Jesús.

Firmes y decididos, consumidos en la alegría de la Pascua del Señor, siempre será bueno recordar las palabras del Salvador, en Mateo 5:11-12:

“Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes”



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