En medio del intenso debate público sobre la política migratoria del país, el arzobispo Bernard Hebda, de St. Paul y Minneapolis, ha hecho un llamado urgente a “una reforma migratoria integral ahora” en un artículo publicado en The Wall Street Journal, señalando el “costo humano para todas las partes implicadas”. Los recientes acontecimientos en Minnesota subrayan la necesidad de abordar de manera decidida la compleja cuestión de la migración, ya que la inacción ha llevado a que “el debate sea más ruidoso, más airado y menos humano”.
Las naciones tienen el derecho y el deber de proteger sus fronteras y hacer cumplir sus leyes. Sin embargo, los inmigrantes son seres humanos con derechos que deben ser respetados. La auténtica justicia exige tanto el cumplimiento de la ley como la compasión, así como responsabilidad y hospitalidad. No obstante, el contexto actual es insostenible. Inclusive los inmigrantes que cumplen con la ley viven bajo la amenaza constante de que una simple interacción con las autoridades pueda separar a padres de hijos o deshacer años de trabajo honesto. La reforma migratoria no se trata de borrar fronteras ni demonizar a los recién llegados. Como subraya el arzobispo, se trata de restaurar el orden moral, fortalecer las familias y promover el bien común; un trabajo que exige coraje, humildad y disposición al compromiso, virtudes necesarias para el buen gobierno.
Los recientes asesinatos en Minneapolis son la manifestación de un problema mayor que no podemos ignorar. Por ello, es esencial formar a nuestros hijos para que defiendan sus derechos y respeten los derechos de los demás, ya que este conflicto podría prolongarse durante generaciones, amplificado por viejas controversias y una preocupante subcultura que rechaza los ideales democráticos. Es imperativo cultivar nuestros propios talentos; de lo contrario, estaremos a merced de las circunstancias.
Debemos priorizar la educación, tanto en las aulas como en los hogares, pues esta es la clave del progreso comunitario y nacional. Un entorno de aprendizaje fomenta el diálogo, incentiva la curiosidad, la disciplina para razonar y el coraje para enfrentar lo desconocido. Nuestra comunidad posee innumerables elementos que nos reúnen e identifican, aspectos de los cuales debemos sentirnos orgullosos para trabajar juntos por el bien común. A pesar de los desafíos que hemos enfrentado, nuestra comunidad ha demostrado una notable resiliencia y capacidad para convivir pacíficamente con el resto de la población. Para profundizar las relaciones en una sociedad multicultural, es crucial asumir un papel activo que exprese buena voluntad y liderazgo.
Independientemente de la posición que ocupemos, por modesta que sea, debemos implementar acciones que promuevan una educación comprometida con la paz y la convivencia, basada en un diálogo constante y genuino. Es fundamental fomentar una formación ética solidaria, recordando que la violencia es cometida por personas, no por comunidades. Debemos hacer todo lo posible para facilitar el establecimiento de un diálogo transparente y continuo, enfocado en analizar las causas subyacentes de la violencia que enfrentamos.
Es fundamental reconocer que la construcción de un futuro más justo y pacífico requiere un compromiso colectivo. Debemos fomentar espacios de diálogo y entendimiento, donde cada voz tenga cabida y se valore la diversidad que enriquece a nuestra comunidad. Al trabajar juntos, podemos enfrentar los desafíos actuales y construir un camino hacia la reconciliación y la prosperidad. Este esfuerzo no solo será la base para superar las tensiones actuales, sino que también favorecerá un entorno donde todos los individuos puedan prosperar, sabiendo que sus derechos son reconocidos y protegidos. Así, el verdadero progreso radica en nuestra capacidad para unirnos, honrando la dignidad de cada persona y fortaleciendo nuestro compromiso común con el bienestar de nuestra sociedad. Nadie se salva solo; es en la colaboración y la empatía donde encontramos la esperanza para un mañana mejor.
