La comunidad católica de San Diego, California, ha permanecido presente en las noticias recientemente gracias a su respuesta ante los intensos operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en su localidad.
OSV News habló con el padre jesuita Scott Santarosa, párroco de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, quien ha impulsado, junto a líderes de su comunidad y voluntarios, el ministerio FAITH (Faithful Accompaniment in Trust & Hope) que acompaña a quienes tienen citas en las cortes de inmigración y que se ha convertido en un programa sólido que cuenta con más de 400 voluntarios.
El padre Santarosa comenta que este apostolado empezó el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, como una iniciativa propuesta por Dinora Reyna-Gutierrez, directora ejecutiva de San Diego Organizing Project (SDOP), quien "sugirió que una pequeña coalición de líderes religiosos acudiera a los tribunales y acompañara a las personas a sus citas judiciales".
Fue así como, durante una Misa, extendieron la invitación a quienes quisieran sumarse a la iniciativa y la respuesta fue tan positiva que decidieron que para el primer día asistiría a los tribunales un grupo encabezado por el obispo de San Diego, Mons. Michael M. Pham, y los obispos auxiliares, Mons. Felipe Pulido y Mons. Ramón Bejarano (a quien el Papa León XIV nombró como obispo de la Diócesis de Monterey en diciembre); junto a sacerdotes, religiosas y líderes interreligiosos.
"Acompañamos a las personas y fue un día tan exitoso que el Obispo Pham quiso que lo continuáramos", señala el padre Santarosa, quien explica que el proyecto piloto fue estructurado y empezó formalmente el pasado mes de agosto.
Desde entonces, cada día hábil, los grupos de voluntarios cubren diferentes turnos para acompañar a los juzgados o a las citas en las oficinas de ICE a quienes tienen cita.
"Muchas veces no podemos cambiar los resultados, pero a las personas que van al juzgado las hace sentir acompañadas (…) es hacerles saber de manera real que la iglesia está con ellas", dijo el padre a OSV News.
"Los tribunales son un entorno hostil, porque hay guardias de seguridad en la entrada, agentes del ICE acechando por todas partes y, al principio, acechaban en los pasillos con sus máscaras puestas, era terrible", asegura el padre Santarosa, quien añade que "comparecer ante un juez es algo intimidante para cualquiera y las leyes de inmigración están redactadas de tal manera que no favorecen a la mayoría de los migrantes".
Para el padre Santarosa, la presencia de estos voluntarios y líderes pastorales intenta "proporcionar algo de consuelo, de presencia amorosa, intentamos comunicar amor a través de nuestros ojos, de nuestro rostro, de nuestros gestos, a través de nuestras oraciones, nuestros rosarios, de un apretón de manos, de una conversación, de todas las formas posibles intentamos transmitir el amor de Dios por las personas y el hecho de que no están solas".
Los voluntarios de este ministerio pertenecen a iglesias católicas y no católicas de San Diego, quienes realizan tareas organizativas y deben recibir una orientación mensual de dos horas y un botón que los identifica como miembros de este grupo.
En este apostolado SDOP participa como parte de la red Faith in Action, que es una red nacional de organizaciones comunitarias de base religiosa que promueve la justicia social, inmigración y derechos humanos, y que a su vez está conectada con PICO California, que es la red estatal de Faith in Action. Participan también activamente diferentes congregaciones y parroquias locales.
"Otras diócesis nos han pedido ideas sobre nuestro programa y hemos intentado proporcionarles toda la información que hemos podido, así que estamos dispuestos a ayudar a otras diócesis, pero creo que ya hay varios lugares que lo están haciendo, aunque de una manera ligeramente diferente", comenta el padre Santarosa.
El sacerdote afirma que recientemente realizaron una vigilia en un edificio federal donde en su sótano se encuentran algunos detenidos. "No sabemos cuánto tiempo estarán allí, así que decidimos hacer una vigilia de oración para llamar la atención sobre esas personas (…) fue una oportunidad para que los voluntarios alzaran su voz en apoyo de las personas que están detenidas y este es un ejemplo de algo más allá del acompañamiento judicial".
Finalmente, el padre Santarosa invita a que todos apoyen con tiempo y recursos esta clase de esfuerzos en sus diócesis, oren por quienes asisten a las cortes todos los días, así como por los abogados que de manera voluntaria apoyan a los migrantes en sus casos de inmigración.
"Creo que si una diócesis no tiene un programa de este tipo, lo que la gente puede hacer es intentar poner uno en marcha. Decirle a su obispo lo importante que es tener un programa así, esas son las formas en las que creo que la gente puede apoyar", concluye el sacerdote.
Silvina y Fidel son inmigrantes, esposos y padres de familia. Él vive en San Diego hace más de tres décadas y recientemente recibió una citación para presentarse ante un juez de migración. "Yo pensaba que me iban a poner un grillete, pero no fue así, me detuvieron ahí", relata Fidel quien a los tres días fue trasladado al Centro de Detención Otay Mesa, ubicado en San Diego.
"Dije no, ya no voy a salir de aquí", Fidel le dijo a OSV News. Él añadió que asistió a su cita acompañado por amigos, familiares, un sacerdote, un obispo, un diácono y otros miembros de FAITH que no fueron advertidos de su detención.
"Entendemos que si tienen que hacer su trabajo, pero no es necesario que lo hagan tan violentamente o tan sin respeto, sin dignidad, que permitan a las personas despedirse de sus seres queridos, de decir adiós o algo, pero no, se los llevan en escondidas, casi como secuestrados por atrás sin que la familia se de cuenta", comenta Gloria Morales-Palos, una líder social en San Diego que está involucrada con la iniciativa FAITH, y la prima de Fidel.
Durante casi dos meses, dice Fidel, enfrentó malos tratos, condiciones precarias, mala alimentación, hacinamiento en las celdas, alto estrés emocional, atención médica deficiente y altos costos para poder comunicarse con su familia y comprar lo necesario.
"Mi esposo salió muy mal de ahí del azúcar, él no tenía el azúcar así de elevada y tuvo que ir al hospital de emergencia, todo eso le afectó", dice Silvina.
Fidel comenta que cada día domingo fácilmente gastaba $80 dólares entre llamadas a sus familiares y provisiones necesarias para estar lo mejor posible en su condición de detenido, aparte de los cobros por las llamadas realizadas a lo largo de la semana.
"A mucha gente le quitaban su dinero, decían que venían de allá lejos, de Alcatraz y que tenían en su cuenta o que llevaban en efectivo $1.800 y nada más les daban $1.000", recuerda Fidel de aquellas charlas que mantenía con otros detenidos.
"La verdad que la Iglesia sí nos ha ayudado mucho, estar cerca de Dios es lo que nos mantiene vivos y de pie", dice Silvina.
Por su parte, Gloria afirma: "Me siento orgullosa de ser católica, de tener una iglesia que camina junto con nosotros aquí en San Diego, aunque no es fácil, pero sabes que estás apoyado y que a alguien le importas".
