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El riesgo de decir la verdad

Peregrinos rezan durante el rezo nocturno del rosario con motivo del Jubileo de las Misiones en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el 4 de octubre de 2025. Foto/CNS/Pablo Esparza

El proceso normal en las cortes de justicia del país es tomar un juramento a todos los que sirven de testigos en algún litigio legal. Jurar decir la verdad es indispensable para lograr un veredicto justo y adecuado. El sistema actual, se administra dándole el derecho de defensa a cualquier acusado. Todo depende de cuán diestro y astuto es el abogado para probar culpabilidad o inocencia.

Hay leyes que rigen estrictamente el procedimiento. Ahí, el reto del abogado que, ejerciendo su rol, desarrolla un argumento que sea creíble y convincente. ¿Se logra la verdad en todos los casos? ¡Pues, no siempre! Sin embargo, el juez y jurado que presiden la corte, han sido persuadidos a creer que lo planteado por el abogado es lo correcto. Tan pronto el juez da el martillazo, concluye el asunto.

En lo cotidiano de la vida, vivir la verdad y conforme a la verdad, es el reto de toda persona que es auténtica. La paz y armonía de la familia depende que todos sus miembros vivan esa verdad. Los conflictos en el matrimonio usualmente surgen alrededor de alguna situación relacionada con la falta de honestidad. Desde que Adán, en el libro de Génesis (3/6-7), violó el mandato del Creador, la humanidad arrastra la inclinación a la falsedad.

El motivo del por qué uno miente, es variado y complejo. Sin embargo, el mentir, en general, es un mecanismo de defensa. Es evitar la aceptación de culpabilidad a como dé lugar. Hay personas tan íntegras que su fama es intachable. En contraste, existen otras que ya todos saben, son mentirosos de cuna. Todo comienza en la infancia, cuando se descubre que, negando culpabilidad, se evita reprimenda y castigo. Así comienza también, el desarrollo de un carácter deshonesto. Es en la adolescencia, cuando más se necesita disciplina y temple, para que la mentira no se convierta en algo habitual. Es también cuando se desarrolla la capacidad de valentía o atrevimiento, para aceptar las consecuencias de cualquier comportamiento.

El crecer hacia la madurez, incluye ese aspecto de riesgo, donde no hay garantías de nada. Entre los desafíos más comunes, está el reto de siempre andar con la verdad. Se aprende la honestidad desde la humildad y el esfuerzo de apertura a la confianza en sí mismo. Y esto, por supuesto, en lo repetitivo de los errores que se cometen. Una de las experiencias que más ayuda al logro de la honestidad, es aprender a pedir perdón, cuando se cae en el error y uno es reprendido o confrontado. Hiere el orgullo personal y duele emocionalmente, el encontrarse en esa situación. Peor aún, si la reprimenda se hace delante de los demás. Es una humillación que nunca se olvida. A modo natural, existe un sentido de ‘bienestar personal’ que sostiene la salud mental en todo ser humano. Es interesante notar que, desde la infancia, la conciencia comienza a guiar la vida de todos. Por supuesto que ayuda muchísimo cuando hay un papá y una mamá que orientan y encaminan al infante en su proceso de desarrollo. Son ellos los que, no solo ayudan a la criaturita a aprender a caminar, sino también a descubrir lo que es aceptable o no, en el proceso de socialización.

La etapa de la adolescencia es la más sensitiva y decisiva en la transición hacia la adultez. Es cuando se despierta el YO, esa toma de conciencia de que uno es un individuo diferente a los demás. La preocupación es, llamar la atención, sentirse único y aceptado por los demás. ¿Quién soy, cómo soy y qué quiero ser? Dudas sobre la identidad de género confunden y absorben al individuo. La mentira y las apariencias son las tentaciones más comunes en la búsqueda de identidad. Ayuda muchísimo si ese adolescente vive en el seno de una familia con principios religiosos. En la fe católica, se insiste en la práctica del conocido ‘examen de conciencia’. Una mirada ‘hacia adentro’ que incluye conocer la presencia del bien o el mal, de la virtud o el pecado. Es entonces que se desarrolla un sentido de moralidad que motiva hacia la rectitud en el comportamiento.

El riesgo de decir la verdad, de vivir habitualmente en la honestidad, no es algo fácil, pero tampoco imposible. El reto se hace más delicado, en un mundo tecnológico, donde la competencia y el aventajarse de los demás, parece ser el estilo o modalidad aceptable. ¡Nadie trabaja para perder dinero…por supuesto! Pero en esa diligencia de ‘ganancia’, se corre el riesgo de enmudecer la conciencia. Se argumenta, “el negocio es negocio”, como queriendo justificar cualquier comportamiento, aunque no sea justo ni equitativo.

Los discípulos del Señor Jesús viven conscientes del reto que siempre ha sido vivir en la verdad. Exige integridad y honestidad. Recuerdan las palabras del Señor, en Juan 8:31-32:

“Dirigiéndose a los judíos que habían creído en él, dijo Jesús: Si se mantienen fieles a mi mensaje, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.



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