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El viacrucis de las familias migrantes de San Camilo

Ana Argueta y su esposo Daniel Pedroza luego del viacrucis multicultural realizado en la parroquia San Camilo, Maryland, al que acudieron con sus hijos, el 20 de marzo de 2026. Foto/AA

El drama que viven los migrantes indocumentados y sus familias se asemeja al sufrimiento de Jesucristo en su camino a la cruz, afirman feligreses de San Camilo.

“Somos perseguidos en este país, por eso nos identificamos con Cristo que fue perseguido y azotado”, dijo Ana Argueta en el marco del viacrucis multicultural “Historias de nuestra comunidad” realizado en la parroquia de San Camilo, Maryland, el 20 de marzo de 2026.

“Al recorrer las estaciones de la cruz, nos identificamos con la muerte de nuestro Señor” y con la realidad de los extranjeros “lo que nos ayuda a encontrar la esperanza que necesitamos”, dijo esta madre salvadoreña que lleva más de dos décadas en condición irregular en EEUU.

Historias reales de maltrato, injusticia y separación familiar se expusieron en la reflexión del viacrucis que se revivió en San Camilo en cuatro idiomas (inglés, español, francés y bengalí).

En la primera estación -cuando Jesús fue condenado a muerte- los fieles escucharon la historia de un feligrés centroamericano que dirigía un grupo de oración y fue detenido el otoño pasado. “Aunque no ha cometido ningún delito, se encuentra detenido sin derecho a fianza en Luisiana, dejando atrás a su esposa y familia, incluyendo un bebé de menos de un año”.

Ese hogar ha perdido la estabilidad, dicen, y “los inmigrantes están siendo condenados por una retórica deshonesta y la falta de un debido proceso. Oramos para que las autoridades y los jueces de inmigración actúen con imparcialidad y justicia, y respeten los derechos legítimos de cada persona, sin importar el color de su piel o su país de origen”.

“Señor, te pedimos que les muestres tu presencia amorosa a todas las familias que temen ser separadas y que podamos servir como instrumentos de tu amor”, oraron los fieles en la segunda estación al recordar a Jesús tomando su cruz y pensar en las madres migrantes angustiadas por la duda de si “podrán volver a ver a sus hijos”.

En la tercera estación -cuando Jesús que cae por primera vez- reflexionaron sobre “un vecino que construyó una vida en EEUU durante 20 años de trabajo honesto y arduo”. Ese padre de cuatro hijos, debido a una condición médica, sufrió una convulsión estando detenido, se cayó y se golpeó la cabeza, ocasionándole una profunda herida en la frente. Después de dos semanas recibió su medicamento. “Oramos para que los oficiales de los centros de detención se movilicen para brindar la atención médica necesaria a quienes están bajo su cuidado”, dijeron.

En la cuarta estación, recordaron el encuentro de Jesús con su madre y reflexionaron sobre las familias abrumadas por la tristeza y el miedo, y los hijos que preguntan cuándo regresará su padre.

“A veces la cruz que nuestros vecinos inmigrantes deben llevar es demasiado pesada para llevarla solos”, dijeron en la quinta estación, pensando en Simón de Cirene que ayudó a Jesús a llevar la cruz.

El personal de San Camilo y su oficina de Langley Park ayudan a las familias a encontrar el lugar donde su ser querido está detenido, los acompañan a una consulta legal, les llevan comida y les ayudan a pagar el alquiler.

En la sexta estación, cuando Verónica limpia el rostro de Jesús, recordaron a quienes acompañan pastoralmente a las personas detenidas en centros de detención y a quienes asisten a las vigilias frente a los centros, las audiencias en corte y las citas de supervisión. “Danos la fuerza y ​​el coraje para ser solidarios, sin importar cuánto tiempo continúe esta represión”, dijeron.

En la séptima estación, recordando cuando Jesús cae por segunda vez, reflexionaron sobre las deportaciones a países que siguen experimentando violaciones de derechos humanos y represión a líderes de la oposición, activistas, periodistas y manifestantes pacíficos. “Esta situación causa profundo pesar a los feligreses de San Camilo, especialmente a los africanos. Jesús, ayúdanos a defender políticas migratorias humanas en todo el mundo”.

En la octava estación -cuando Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén- los fieles oraron por “las mujeres de nuestra comunidad que soportan una carga especial cuando sus esposos son detenidos”.

En la novena estación, cuando Jesús cae por tercera vez, reflexionaron sobre los detenidos sin fundamento legal alguno que son presionados para que regresen a sus países de origen. “Nos conmueve profundamente este cruel desprecio por la dignidad humana, especialmente el de nuestros feligreses de origen africano”, dijeron pidiendo el fin de los acuerdos de deportación con terceros países.

En la décima estación, cuando Jesús es despojado de sus vestiduras, reflexionaron sobre los tepesianos que están en pánico y temerosos. Los haitianos con estatus de TPS pueden permanecer en EEUU, pero su temor persiste. La administración Trump ya ha logrado cancelar el TPS de Venezuela, Etiopía, Myanmar y Somalia.

“Jesús, los soldados romanos te despojaron de tu ropa, tal como la administración Trump está despojando sistemáticamente del TPS a quienes huyen de desastres naturales, crimen, violencia de pandillas y represión”.

En la décimo primera estación -cuando Jesús es clavado en la cruz- los fieles reflexionaron sobre la defensa de los derechos humanos. Contaron la experiencia de un joven centroamericano, miembro del ministerio musical, que durante 17 días -en el centro de detención- le servían comida con gusanos que no se podía comer para presionarlo a firmar los documentos de auto deportación.

En la décimo segunda estación, cuando Jesús muere en la cruz, reflexionaron sobre cómo estamos llamados a poner fin a la pena de muerte. “Hoy en día, el racismo institucionalizado y la discriminación están generalizados, lo que resulta en el encarcelamiento desproporcionado de personas negras y morenas, especialmente en el corredor de la muerte”.

En la décimo tercera estación, reflexionaron sobre el cuerpo de Jesús que es bajado de la cruz, los extranjeros que experimentan la depresión y cómo los parroquianos oriundos de Bangladesh han sufrido allí. “Un empresario quedó arruinado tras negarse a pagar sobornos a funcionarios locales. Una joven madre del programa de catequesis familiar contó que su hermano fue brutalmente golpeado, fue hallado en el río y las autoridades se negaron a investigar el caso como un asesinato”.

En la décimo cuarta estación, al recordar que Jesús es depositado en el sepulcro, recordaron a quienes abogan por su libertad. “Oramos para que prevalezcan sus derechos legítimos”, dijeron.

Fe viva

Ana Argueta dijo que encontrarse con personas de otras culturas, unidos en la misma fe y orando en diferentes idiomas, ha sido una experiencia muy bonita. “En San Camilo no hay barreras”, afirmó.

Ana y su esposo acuden a esta iglesia de Silver Spring desde que llegaron a este país cruzando la frontera en 2004, trabajan actualmente en empleos inestables tratando de salir adelante con sus dos hijos estadounidenses.

“A veces uno se siente derrumbarse, pero si uno cree en Dios, debe mantener la fe viva con la seguridad de que las cosas son pasajeras y todo va a salir bien”, según su esposo Daniel Pedroza, oriundo de México.

San Camilo se caracteriza por la diversidad de fieles. En su mayoría son inmigrantes de Latinoamérica, Haití, países de África y Asia como Bangladesh, comentó Frank Bevacqua, quien coopera con la iniciativa antirracismo y “la Red de Acción y Apoyo a los Inmigrantes” que son parte del ministerio parroquial de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC).

Cada mes más de veinte feligreses participan en las reuniones de la red y más de una decena en las reuniones de la iniciativa. Inf: stcamilluschurch.org.



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