Una pequeña delegación del Encuentro Mundial de Movimientos Populares --una iniciativa respaldada por el Vaticano-- ha concluido su visita a diversas ciudades de Estados Unidos y sus integrantes expresaron haberse sentido conmovidos por el amor y la compasión que la gente mostró hacia los demás.
La delegación tenía previsto partir de Estados Unidos el 30 de julio, pero "circunstancias imprevistas" les obligaron a reprogramar la segunda mitad del viaje, según informó el coordinador de la gira a OSV News el 17 de julio. Aunque los miembros de la delegación esperan regresar en otoño o invierno para una segunda visita, describieron la experiencia como muy enriquecedora, la cual podría servir de base para nuevas iniciativas pastorales.
La delegación estuvo integrada por el padre Mattia Ferrari, de la Arquidiócesis de Módena-Nonantola (en el centro-norte de Italia); César Piscoya, teólogo peruano y asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM); y Luca Casarini, fundador italiano de la organización Mediterranea Saving Humans. Los tres líderes eclesiales llegaron a Estados Unidos el 20 de junio y se reunieron con comunidades en Los Ángeles, Seattle, Denver, Houston, Pittsburgh y otras localidades.
Durante su gira, escucharon testimonios de personas afectadas por la ofensiva de control migratorio del gobierno de Estados Unidos, así como a residentes de un barrio minero contaminado y a quienes enfrentan otros desafíos por vivir al margen de la sociedad.
El scerdote y sus dos acompañantes conversaron con OSV News mientras descansaban en la Casa Santa Juana (St. Jane House) de las Hermanas de la Visitación, durante los cuatro días del viaje programado en Minneapolis. Era el final de una de las muchas jornadas en las que participaron en encuentros con comunidades de base.
El padre Ferrari calificó la gira de inspiradora y comentó que también se sentía sorprendido.
"Ver a una Iglesia acompañando a quienes sufren de una manera tan conmovedora... es un poderoso testimonio de amor", afirmó.
"Es un poderoso testimonio de la Pascua de Cristo, porque resulta imposible explicar este compromiso de la Iglesia desde una perspectiva meramente humana si Jesús no hubiera resucitado", continuó. "Es imposible explicarlo solo a nivel humano, ya que fuimos testigos del compromiso de obispos, clero, religiosas y laicos; un compromiso auténtico... que implica también sufrir con la gente".
Una escala en San Diego dejó huella en el trío de líderes. El padre Ferrari describió su participación en las citas de control del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en esa ciudad, donde miembros del clero y otros líderes católicos acompañaban a personas sin autorización legal para estar en Estados Unidos a sus audiencias de deportación.
"Hay personas que tienen familiares o amigos que son deportados, por lo que sufren mucho", dijo. "Estas experiencias son muy importantes porque se ve que, cuando el sufrimiento se comparte en solidaridad... surgen sentimientos profundos de fortaleza y dignidad".
"Esto es lo que el papa Francisco llamó el sentimiento de ‘movimiento popular’: una emoción que se transforma en acción comunitaria", añadió.
El padre Ferrari es el coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares. La misión de la organización es encontrarse con la gente sobre el terreno, seguir su ejemplo sobre cómo la Iglesia puede apoyarlos mejor y "discernir juntos las exigencias del Evangelio", según un documento que describe la gira por Estados Unidos.
El movimiento es una respuesta al llamado del papa Francisco en 2014 para unir a la Iglesia con diversas iniciativas de base para empoderar a los pobres y convertirlos en agentes de cambio. El enfoque principal de estos movimientos es "tierra, techo y trabajo".
Casarini dijo estar especialmente interesado en "la otra cara de Estados Unidos".
"Solo conocemos a Estados Unidos por los asesinatos de ICE y la terrible situación", declaró a OSV News. "Ahora conocemos a un Estados Unidos de amor, solidaridad y acogida".
Casarini comentó que también estaba tomando nota de cómo los grupos comunitarios se "auto-organizan", observando cómo se unían en proyectos "para un mundo nuevo, un pueblo nuevo, un barrio nuevo".
Casarini, quien regresó a sus raíces católicas tras redescubrir el amor de Jesucristo, afirmó que las iniciativas que ha presenciado en Estados Unidos son aplicables a los refugiados y migrantes que su organización privada de rescate --de la cual el padre Ferrari es capellán-- ha salvado de las peligrosas aguas del mar Mediterráneo.
Para Piscoya --ex misionero agustino y amigo cercano del papa León XIV--, la comunicación es la prioridad tras su regreso a América Latina. Afirmó que es muy importante compartir con los obispos y otros católicos de la región sus experiencias con diversos grupos estadounidenses que abordan desafíos relacionados con la inmigración, así como temas de salud, laborales y de otra índole.
Señaló que el acompañamiento brindado "resaltó la esperanza, la vida, la fraternidad" de las personas visitadas, añadiendo que quienes responden con gran entereza "a estos otros desafíos de injusticia" realmente quieren reconstruir sus vidas allí donde se encuentran.
"Nos vamos, muy agradecidos porque (estos grupos de base) han sabido comunicar esto con nosotros, y porque nosotros hemos podido aprender esta rica experiencia, que ellos nos han comunicado, y que querremos también comunicarle en América del Sur", declaró Piscoya.
Comentó que, tras escuchar a los migrantes, podría proponer a los obispos latinoamericanos la posibilidad de colaborar con la Iglesia de América del Norte para abordar algunos de los desafíos que enfrentan estas personas.
Piscoya también señaló acciones concretas que la Iglesia en América Latina podría emprender, como poner en contacto a las personas que están a punto de ser deportadas a países latinoamericanos con sus diócesis o párrocos locales. Piscoya afirmó que la Iglesia podría brindar un apoyo pastoral similar a los familiares y seres queridos que permanecen en el Norte.
Hizo un llamado a quienes se encuentran en Estados Unidos para que muestren mayor sensibilidad hacia "el dolor y el sufrimiento de tantos hermanos nuestros que sufren estas tristes políticas migratorias, que este gobierno" está imponiendo.
Piscoya señaló que todos --incluidos él mismo, el padre Ferrari y Casarini-- deben seguir recurriendo a Dios en busca de ayuda, "siempre confiando, y orando, para que el señor siga actuando, con pequeños gestos, con pequeños acciones, pero significativas, que cambian la vida".
