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La dignidad humana en el centro de la justicia social y el desarrollo

El arzobispo Gabriele G. Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, aparece en una foto de 2023 dirigiéndose a la Asamblea General en la sede de la ONU en Nueva York. Foto/OSV/Rick Bajornas, cortesía Naciones Unidas

La dignidad humana debe situarse en el centro del logro de la justicia social y el desarrollo, y las organizaciones religiosas desempeñan un papel fundamental en esa tarea, afirmó el máximo diplomático del Vaticano ante las Naciones Unidas.

El arzobispo Gabriele G. Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, compartió sus ideas en un discurso pronunciado el 4 de febrero ante la 64.ª Comisión de Desarrollo Social de este organismo internacional en la sede de la ONU en Nueva York.

La comisión, que forma parte del Consejo Económico y Social de la ONU, desempeña un papel clave en la promoción de políticas sociales que apoyan los objetivos de desarrollo de la ONU, centrándose en la erradicación de la pobreza, el avance de la integración social y la garantía del "pleno empleo y un trabajo digno para todos", según su sitio web.

En particular, la comisión supervisa la aplicación de la Declaración de Copenhague sobre Desarrollo Social de 1995, que supuso la primera vez que los líderes mundiales reconocieron formalmente la interdependencia entre el crecimiento económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente.

El arzobispo Caccia dijo que acogía con satisfacción el tema anual actual de la comisión: "Promover el desarrollo social y la justicia social mediante políticas coordinadas, equitativas e inclusivas".

Señaló que "el florecimiento humano requiere satisfacer necesidades básicas como la alimentación, el agua y la vivienda, junto con una atención de salud y una educación de calidad, así como la libertad".

Esa tarea, dijo, "exige una coordinación eficaz dentro de los gobiernos y entre ellos, así como con las partes interesadas, incluidas las organizaciones religiosas".

En su discurso, el arzobispo Caccia citó varios principios de la doctrina social católica, que se basa en documentos papales, conciliares y eclesiásticos para articular los medios para construir una sociedad justa y vivir la santidad en la vida moderna.

Su invocación de dichos principios se hizo eco de una declaración conjunta del 2 de febrero sobre la solidaridad entre la Iglesia en Estados Unidos y África, en la que los comités de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos y el Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar trazaron formas específicas en las que la doctrina social católica se aplica a los retos actuales, agravados por los recortes en la ayuda exterior estadounidense.

Dirigiéndose a la comisión de la ONU, el arzobispo Caccia destacó la importancia de la subsidiariedad, mediante la cual se fomenta la administración responsable entre las comunidades locales, y las instituciones sociales más grandes proporcionan la ayuda proporcional que se necesita.

El arzobispo Caccia dijo que la coordinación entre los gobiernos y otras entidades, incluidas las organizaciones religiosas, debe promover "la colaboración con las comunidades afectadas para garantizar que las políticas reflejen las necesidades y prioridades de aquellos a quienes pretenden servir".

También destacó la importancia de la familia --descrita en la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas como "el elemento natural y fundamental de la sociedad"-- como "principal responsable del bienestar de sus miembros, en particular de los niños".

Los gobiernos "deben respetar y apoyar a la familia, y proporcionar la asistencia adecuada cuando sea necesario", dijo el arzobispo, señalando que la familia "fomenta valores que promueven la inclusión, la solidaridad y la integración social".

El bien común, otro principio de la enseñanza social católica, debe ser el objetivo tanto del desarrollo social como de la justicia social, afirmó el arzobispo Caccia.

La responsabilidad de alcanzar el bien común "corresponde tanto a los individuos como al Estado", afirmó.

Este último "debe garantizar la cohesión, la unidad y la organización de la sociedad", ya que "las instituciones políticas existen para proporcionar a las personas los recursos materiales y las libertades necesarias para alcanzar los objetivos culturales, morales y espirituales", afirmó el arzobispo Caccia.

Citando la exhortación apostólica "Dilexi Te" ("Te he amado") del Papa León XIV, el arzobispo afirmó que "remover las causas sociales y estructurales de la pobreza" es imperativo, no solo para preservar "un orden social justo", sino "para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis".

"Las privaciones de la pobreza, el desempleo y la exclusión social no son solo de naturaleza material, sino también espiritual y moral, lo que conduce al desánimo, la desesperación y la soledad", señaló el arzobispo Caccia.

Observó que "esta dimensión espiritual" de la pobreza había sido reconocida en la Declaración de Copenhague y "reafirmada" en la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, que tuvo lugar en Doha en noviembre.
El arzobispo Caccia elogió ante los Estados miembros de la ONU la labor de las organizaciones religiosas, que "motivadas por sus valores" ofrecen "consuelo, esperanza y apoyo a los más necesitados".

"La Santa Sede mantiene su firme compromiso con la justicia social y el desarrollo social y seguirá apoyando todos los esfuerzos que promuevan el bien común y el desarrollo integral de cada persona", afirmó el arzobispo Caccia.



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