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La migración según la preferencia religiosa

Una madre centroamericana deportada de EEUU llora con su familia afuera del edificio del Instituto Nacional de Migración en Ciudad Juárez, México. Foto /CNS/José Luis González, Reuters/archivo

Hace poco hice una sencilla búsqueda en Google sobre el tema “La migración según la preferencia religiosa” y obtuve algunos resultados interesantes.

Las opiniones sobre la aplicación de la ley de inmigración están profundamente polarizadas por la religión y son los protestantes evangélicos blancos (65%) y los católicos blancos (51%) los que muestran un mayor apoyo a las medidas estrictas, incluidas las redadas en lugares sensibles como iglesias, escuelas y hospitales, e incluso las detenciones masivas. Sin embargo, solo el 33% de la población general está a favor de tal actuación por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

Empecé a escribir estos artículos, que ya suman más de cincuenta, para informar a nuestra población católica sobre los hechos relacionados con la migración. Mi esperanza era cambiar las opiniones de mis lectores a través de la reflexión sobre la doctrina social católica y un análisis minucioso de los hechos. No obstante, el desánimo rara vez conduce a un cambio productivo. Intentaré comprender la reticencia o la oposición de algunos fieles católicos a aceptar las opiniones expuestas por nuestro Santo Padre, el papa León XIV, así como por sus predecesores, nuestros obispos y los católicos reflexivos conocedores de la doctrina social católica de larga tradición.

Recientemente en el Congreso se produjo un debate sobre las opiniones religiosas y la aplicación de las leyes de inmigración. Lo inició el presidente de la Cámara de Representantes, Michael Johnson, con unas declaraciones en las que afirmaba que la Biblia apoya las deportaciones masivas, haciendo referencia a una frase de la epístola de San Pablo a los Romanos: “Todos deben someterse a las autoridades constituidas”. Su razonamiento era un poco más complejo. Sin embargo, se resume en una sola frase bíblica.

En respuesta, la diputada Rosa DeLauro reunió las firmas de más de 43 diputados católicos en una carta en la que se citaban la doctrina de la Iglesia y el respaldo bíblico para una comprensión religiosa más profunda de la migración.

Dado que la migración es un fenómeno social tan complejo, las personas de buena voluntad pueden tener opiniones diversas. Algunos sostienen que se necesitan juicios prudenciales para abordar cuestiones sociales complejas. Los juicios prudenciales, sin embargo, deben basarse en hechos que cuenten con un apoyo general. Esa ha sido mi tarea en estos artículos: presentar información basada en hechos sobre esta compleja cuestión social a la que se enfrenta nuestra nación.

Otra serie de argumentos generados por el nacionalismo cristiano ha respaldado diferentes razones para restringir la inmigración. La tesis del nacionalismo cristiano es que Estados Unidos se fundó como un país cristiano. Sin embargo, apenas se hace referencia al hecho de que la ética judeocristiana ha sido el principio rector de los Padres Fundadores desde los inicios de nuestra nación. Algunos nacionalistas cristianos afirman que una nación no es cristiana a menos que la mayoría de sus residentes sean cristianos y que sus leyes se guíen por principios bíblicos.

Por lo tanto, según este razonamiento, la limitación de los inmigrantes no cristianos es preferible o incluso necesaria para preservar una nación cristiana.

Lamentablemente, este razonamiento se asemeja mucho a la plataforma del Ku Klux Klan y a su influencia en la restrictiva Ley de Inmigración de 1924, dirigida contra los católicos del sur y del este de Europa que entraban en Estados Unidos. Vemos que incluso la noción de cristianismo debe estar bien definida antes de abrazar cualquier tipo de nacionalismo asociado a la religión.

El papa León ha popularizado el término “la globalización de la impotencia”. En nuestra época, estamos sometidos a un ciclo informativo de 24 horas en el que se nos presentan todos los problemas del mundo en rápida sucesión. Parece fácil olvidar tan rápidamente las consecuencias de la guerra en Gaza, el conflicto continuo en Irán, el sur del Líbano y la mayoría de los Estados del Golfo. Hay un sentimiento y una actitud de impotencia que nos abruma.

El problema de la aplicación de las leyes migratorias está a la vuelta de la esquina y, por desgracia, la idea de que la compasión es inalcanzable ha minado nuestra voluntad de comprender mejor los acontecimientos internacionales y nacionales.

Esto se ve especialmente cuando sentimos que no podemos hacer nada, o muy poco, para remediar estos numerosos problemas a los que nos enfrentamos.

Como católicos informados y ciudadanos de nuestra gran nación, nuestro primer deber es conocer cuáles son los problemas y, en segundo lugar, hacer todo lo posible para influir en resultados positivos que se ajusten a la visión de nuestra fe sobre los numerosos problemas sociales de nuestro tiempo.

*Este artículo fue escrito por monseñor Nicholas DiMarzio, obispo emérito de la Diócesis de Brooklyn, Nueva York. El escribe la columna "Walking with Migrants" para The Tablet y OSV News.



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