Hoy en día, la gran mayoría de negocios regalan calendarios para el nuevo año. ¡Muchas veces, la misma parroquia! Para deleite de todos, la mayoría de esos calendarios publican imágenes religiosas sobre la biblia y la historia de la salvación. Es interesante como nuestro pueblo hispano le interesa muchísimo conseguir uno de esos calendarios. Los eventos de la vida que son importantes para cada quien, quedan marcados en ese almanaque, como recordatorio. Despedida de año, es por tradición, día para festejar y celebrar el hecho que de que todavía se está con vida. Triste admitirlo, pero la mar de las veces, el consumo del alcohol es exagerado en esas celebraciones. Como resultado, se dan muchos accidentes en la carretera que terminan en tragedia.
Lo que no se toma en cuenta, es que cada inicio de un año marca, no solo que todo lo que aconteció quedó atrás, sino también que es una oportunidad para comenzar la vida de nuevo. Propiamente, es algo sentimental y emocional. Primeramente, saberse amado/a por Dios y la convicción que la vida fluye al ritmo de la Divina Providencia. Eso solo es posible desde la dimensión de la fe. Pero es parte vital para la salud mental, ante lo impredecible de lo que es el futuro. Nadie puede controlar el destino, pero sí, se puede vivir en paz y con la tranquilidad de que Diosito es quien está en el timón de la barca. ¡No se cae una hoja sin que sea la voluntad del Creador!
En la modernidad, fácilmente se corre el riesgo de absorberse en la faena de la rutina diaria, donde el trabajo, el quehacer normal de la familia y la lucha por sobrevivir, no dejan tiempo para la dimensión espiritual de la vida de fe. La tecnología es otro factor que impacta el bienestar familiar. Cada uno con su celular, su computadora, su televisor (en la sala, la cocina y las recámaras de cada miembro de la familia), causan aislamiento, distanciamiento y enajenación. La familia que se criaba junta, en algún pueblito o finca de la patria, vive ahora disgregada y con poca comunicación entre sí. En las grandes ciudades, los aparatos electrónicos y la maquina consumen al trabajador 24/7. Posiblemente viven bajo un mismo techo, pero no es mucho el tiempo que dedican para estar unos con los otros. La prisa, la inmediatez obliga y toma prioridad.
Adentrados ya en el presente año, nunca es tarde para tomar conciencia de cómo se desea vivir. ¿Repitiendo los patrones de actuar de lo que siempre ha sido? Una alternativa distinta sería tomar mayor conciencia de mejorar, superando los errores del pasado. El ser humano no es un ‘robot’ que actúa como si estuviese programado. El regalo mayor que se celebró en Navidad, es que Jesús es ‘Dios y Hombre’. Por el amor del Padre, los humanos son dotados de inteligencia y libre voluntad. Así es que, como hijo/as de Dios, viven la vida como les place. Es la esperanza la que sigue nutriendo esa confianza que es necesaria para enfrentarse a los contratiempos y malos ratos que acontecen a modo imprevisto. Por supuesto, que el corazón humano anhela la paz y la tranquilidad necesaria para que la convivencia sea sostén y apoyo en la jornada diaria.
Cada amanecer irrumpe a modo espectacular, disipando las tinieblas e invitando a abrazar la claridad como signo y señal de otro día, otro comienzo de la vida como regalo inigualable del Dios que tanto ama a sus creaturas. Comienza el acostumbrado ‘corre, corre’, y cada cual se apresura a su faena diaria. ¡Que afortunados son aquellos que, al despertar, hacen la señal de la cruz y toman unos minutos de oración mental, dando gracias por el regalo de un nuevo día! Cada paso, cada latir del corazón es manifestación de la Divina Providencia. Claro, hay cansancio, los músculos se estiran buscando comodidad, y así esa magnífica máquina que es el cuerpo humano, retoma su vitalidad y energía. No siempre se toma en cuenta el prodigio de un corazón que palpita por pura misericordia de Dios. Pero, se aligera el reloj y el ser humano regresa a su rutina de vida.
Ayuda mucho cuando se ha vivido una experiencia de fe, desde la niñez. Ese ambiente de una familia religiosa, sigue influyendo y motivando la vida adulta. Todo se mira, entonces, desde una dimensión saludable de que ‘se puede, con la ayuda de Dios’. Los conflictos comienzan desde temprano, …algún malestar corporal, algún percance imprevisto, lo que sea, pero no deja de ser una inconveniencia inoportuna. Algunos, de menos tolerancia, se mortifican de tal manera, que ya todo el día resulta en un desastre. Las ventajas de una vida espiritual son incontables, precisamente en esas situaciones que se requiere aguante y paciencia.
Ha comenzado otro año de vida. Gratitud, una esperanza firme, apertura a la voluntad de Dios, confianza renovada en sí mismo/a, … se camina entonces con la alegría propia de hombres y mujeres que se dejan guiar por la gracia y la fuerza del Espíritu Santo.
