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Los miedos de un marido

Fotografía de archivo que muestra la silueta de un esposo preocupado. Foto EFE/ Juan Carlos Hidalgo

El miedo como tal, es un sentimiento normal y saludable. Es el que motiva la cautela, el estar alerta y pendiente a la seguridad y el buen vivir. Es el miedo el que lleva a la prudencia y disciplina de la persona, llevando un balance sano y necesario para mantener un sentido de ‘bienestar’. La precaución y la delicadeza, en el manejo de situaciones de conflicto, son fruto de ese temor tan necesario en todo el proceso del desarrollo humano. Va a la par con el esfuerzo de alcanzar el grado de madurez apropiado.

La mayor carga emocional que afecta a un marido es su preocupación por cumplir las expectativas que la cultura machista impone sobre todo varón. Añadiendo, por supuesto, los detalles en particular de lo que su esposa espera de él. ¡No todas las esposas son iguales! Y, por ende, algunas son más exigentes que otras, como también, algunas más tolerantes y pasivas. Cada matrimonio desarrolla su propio estilo de compartir la vida conyugal. Al pasar de los años, se acostumbran y se ajustan al carácter y comportamiento de cada uno, aunque no sea el ideal. Como ya se ha señalado, desde la cultura, el hombre se supone, es el que tiene la autoridad, el que ‘lleva los pantalones’, de acuerdo con la mentalidad pueblerina.

Pero cada marido, dependiendo de su temperamento, maneja su autoridad a modo muy diferente. Desde su infancia, el absorbe el ‘modelo’ de su propio papá, o de alguna otra figura prominente que influyó en su crianza. Entre más maduro y capaz, más consciente está de sus limitaciones y miedos. Algunos de éstos se podrían identificar, aunque hay excepciones, por supuesto. El que predomina generalmente, es el de la preocupación de cómo otros lo ven y lo juzgan, especialmente la familia de la esposa. El temor de ser visto como flojo o no tan capaz como él se cree es el más común. Se nota muchas veces en su modo de vestir y su comportamiento en reuniones de familia. Trata de mostrar su cuerpo fornido y sus músculos, con camisa abierta y pantalón apretado, que muestre su ‘buen desarrollo’. Los celos son su mayor enemigo. Propiamente, es el miedo de perder lo que es suyo, o de no ser capaz de retenerlo. Es cultural, que, en una reunión familiar, los hombres se reúnen por un lado y las mujeres por otro. En esa reunión de ‘machitos’, se comparte usualmente, con una cerveza en la mano y haciendo alardes de ‘saber más que los demás’, sea el tema que sea.

El nene de mami es aconsejado -erróneamente- en todo su proceso de desarrollo, que no muestre mucho afecto a su mujer, pues corre el riesgo de que ella entonces lo domine. “Sé cariñoso, pero no demasiado, pues se aprovechan de ti”, es un consejo común y familiar. Es por eso que usualmente, un papá se muestra ‘callado y enajenado’, dando la impresión de que es él que manda y se le respeta. Tiende a deleitarse a modo especial con su varoncito, pero solo hasta cierta edad. Es prevalente en la cultura hispana, el temor de que su hijo le salga homosexual, o no tan ‘hombre’ como debe de ser. Lo ideal es que, desde pequeño, le gusten los deportes y participe en ellos, adquiriendo mayor destreza que los demás. Calladamente, todo papá desea que su hijo sea el que sobrepasa a los demás.

Otro miedo común, se relaciona con toda la experiencia de fe. Creer en Dios, claro, pero no ser muy fanático. En general, esta dimensión de la vida espiritual, usualmente se interpreta como una debilidad. No se verbaliza, pero se piensa, ‘la religión es buena, pero para las mujeres y los viejos’. Interesante señalar, que hoy en día, mucho ha ayudado a cambiar esa mentalidad, los movimientos pastorales, como los Cursillos de Cristiandad, la Renovación Carismática, Regnum Christi, Juan XXIII y algunos otros, usualmente a nivel parroquial. Crédito se le debe de dar también, a otros grupos más antiguos, como el Santo Nombre, Caballeros de Colón y algunos otros menos conocidos. Pudieron, antes de la renovación de Vaticano II, motivar a los varones a crecer en la fe y dar testimonio, ante la comunidad parroquial. Como a los grupos femeninos, la costumbre era designar un domingo al mes, dedicado a que estos movimientos asistieran a misa. Usualmente, procesaban con el sacerdote celebrante, y se ubicaban en los bancos de enfrente, ya reservados para ellos.

Los miedos de un marido son tan diversos como lo son los caracteres y personalidad de cada hombre. Que no se interprete que éstos siempre son defectos negativos. Al contrario, que se entiendan como aspectos a tomar en cuenta, para mejorar toda la relación conyugal. Y cierto, podrían convertirse en un problema de personalidad, pero solo cuando el amor en la pareja se va descuidando y deteriorando. Y es que como en toda vocación, se pierde el empeño, se pierde el entusiasmo, y entonces la convivencia se hace difícil y trabajosa. Lo peor es cuando, ya muerto el amor, se mantiene una relación de apariencia, ‘utilitaria y de conveniencia’. No se separan físicamente, pero emocionalmente no existe ningún lazo de unión. Lo mismo puede ocurrir en cualquier caso de un/a religioso …, se perdió la ilusión de un amor profundo al Amado, y solo queda la necesidad de sobrevivir.



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