Catholic Standard El Pregonero
Clasificados

Madres celebrarán su día con fe y discreción

En foto de archivo se aprecian ramos de flores preparados para celebrar el Dia de las Madres. Foto/EFE

En el área metropolitana de Washington, el Día de las Madres este año se recibe con sentimientos encontrados para muchas mujeres indocumentadas. Para las centroamericanas Elisa, Olga y Berta, la fecha que antes era motivo de salidas a restaurantes y encuentros al aire libre, hoy se vive con alegría contenida y un temor constante: Ser sorprendidas por operativos migratorios.

Hasta hace pocos años, el segundo domingo de mayo era sinónimo de celebraciones familiares muy alegres y espontáneas, sin embargo, el panorama ha cambiado en los últimos meses. Ahora, los festejos transcurren con discreción en casas de familiares o vecinos de confianza.

Entre platos típicos, llamadas a sus países de origen y momentos de oración, estas tres madres comparten una realidad marcada por el sacrificio silencioso. Trabajan largas jornadas limpiando casas, administran con cuidado cada dólar ganado y, pese al paso del tiempo, todavía no encuentran una vía para regularizar su estatus migratorio. Aun así, continúan adelante impulsadas por la fe y el amor por sus hijos.

Elisa llegó en 2019 desde el cantón Cara Sucia, en Ahuachapán, El Salvador. Cruzó la frontera con sus dos hijos pequeños y se estableció en el vecindario conocido como “Chirilagua”, en Alexandria, Virginia. Desde entonces, se dedica a la limpieza de viviendas. Con el tiempo, unió esfuerzos con Olga y Berta, formando un equipo de trabajo que les permite asegurar ingresos y compartir responsabilidades hogareñas.

“Tenemos varios años trabajando juntas y viviendo el mismo drama de no tener papeles. Compartimos las ganancias y también nos ayudamos con el cuidado de los niños. Ser madre indocumentada en Estados Unidos es difícil, pero tenemos fe en que algún día podremos obtener la residencia legal y celebrar sin miedo el Día de las Madres”, relata Elisa.

Para Olga, la incertidumbre ha cambiado por completo la manera de celebrar: “Ahora ir a un restaurante o a un parque es arriesgado. Siempre existe el miedo de que aparezcan agentes de inmigración y arruinen el momento. Los que más sufren son los niños, porque no entienden por qué ya no pueden salir como antes”.

Berta, por su parte, ha optado por una celebración más reservada. Este año tiene planeado asistir a misa y luego compartir un almuerzo con las vecinas del edificio donde vive: “Prefiero no correr riesgos. Me conformo con ver la sonrisa de mis hijos, antes que exponerme a una inesperada deportación”.

A pesar de las dificultades, sus historias reflejan la resiliencia de miles de madres migrantes que sostienen a sus familias en condiciones muy difíciles. Pero en medio de la incertidumbre, mantienen vivas sus tradiciones, fortalecen su fe y transmiten valores a sus hijos.

En diversas parroquias de la Arquidiócesis católica Roamna de Washington, ya se preparan celebraciones especiales para honrar a las madres. Las actividades suelen incluir bendiciones durante la misa, pequeñas recepciones en los salones parroquiales y, en algunos casos, ceremonias de coronación de la Virgen, ofreciendo un espacio seguro donde estas mujeres pueden conmemorar su día con dignidad y esperanza.



Cuotas:
Print


Secciones
Buscar