Los inmigrantes y refugiados son parte de nuestras comunidades y su dignidad no depende de su situación migratoria, no son invisibles y la Iglesia seguirá acompañándolos, preciso la directora de la red legal CLINIC, Anna Gallagher, en capitol Hill al inicio de una jornada de cabildeo, el 15 de septiembre.
Hay que difundir información precisa, rechazar la retórica que deshumaniza y estar al lado de las familias inmigrantes que están asustadas o solas, acotó en la jornada de cabildeo patrocinada por CLINIC, la Arquidiócesis de Washington y otras organizaciones católicas.
Gallagher se pronunció sobre el controversial tema ante más de 200 fieles y algunos líderes católicos, en el contexto de la Semana Nacional de Inmigración (del 21 al 28 de septiembre) y112º Día Mundial del Migrantes y Refugiados (27 de septiembre).
“Quiero dejarlo claro: este es un momento extraordinariamente difícil y aterrador para las familias inmigrantes en Estados Unidos”, dijo la oradora.
El miedo
“Los inmigrantes que han vivido, trabajado, practicado su fe, criado a sus hijos y contribuido a sus comunidades durante años viven con el temor de que, en cualquier momento, un encuentro con las autoridades de inmigración pueda cambiar sus vidas de la noche a la mañana”.
- También estamos siendo testigos de algo que resulta especialmente preocupante para los católicos y otras personas de fe, dijo, en referencia al miedo que se extiende hasta los lugares donde la gente debería sentirse más segura.
- Las familias inmigrantes acuden a las parroquias, no solo para rendir culto, sino también para buscar comida, asistencia legal, ropa, ayuda para pagar la renta, entrenamiento laboral, un puesto de trabajo en los bancos de empleo, atención pastoral, clases de inglés y un sentido de comunidad. “Sin embargo, hoy en día, algunas familias tienen miedo de cruzar sus puertas”, dijo Anna.
“Cuando una madre tiene miedo de asistir a misa, cuando una familia tiene miedo de pedir ayuda, cuando alguien teme que llevar a su hijo a la iglesia pueda exponerlo a las autoridades de inmigración, algo fundamental ha cambiado en la vida de esa comunidad”, agregó subrayando el impacto generado.
- Tiempos difíciles
- Explicó que, durante el último año y medio, hubo profundos cambios en el sistema de inmigración. Los mecanismos y recursos en los que la gente confiaba para buscar seguridad, reunirse con su familia o labrarse una vida en este país se han restringido o se han vuelto mucho más difíciles -dijo.
- Hizo un recuento: Los refugiados que ya habían sido evaluados y admitidos en Estados Unidos se han enfrentado a nuevos escrutinios e incertidumbre. Los solicitantes de asilo se enfrentan a nuevas barreras. Las familias que navegan por el sistema de inmigración legal se han topado con nuevos obstáculos y retrasos.
- Esta abogada, con más de tres décadas de experiencia en leyes de inmigración en EEUU, Centroamérica y Europa, destaca que la legislación en materia de inmigración es extraordinariamente complicada.
- Considera que no es tan simple como dividir a las personas con estado legal o ilegal. Es mucho más complejo, dice.
“Puede que alguien haya vivido aquí legalmente durante años y, de repente, se enfrente a la incertidumbre porque se le ha retirado una protección. Puede que alguien esté solicitando asilo a través de un proceso establecido por nuestras leyes. Puede que alguien lleve años esperando una audiencia en un tribunal de inmigración o una visa por motivos familiares. Puede que alguien haya seguido todas las instrucciones que se le dieron y, aun así, se encuentre con que las normas han cambiado”.
CLINIC es una red de más de 300 organizaciones, como el Centro Católico Hispano, que ofrecen servicios legales gratis o a bajo costo en las comunidades del país. En esos lugares se percibe el temor del extranjero, la lucha de los padres por mantener unida a la familia, la desesperación de los refugiados por vivir en libertad y seguridad en este país. En medio de ese sentir, los inmigrantes tratan de comprender las variables leyes y el complejo sistema migratorio.
Entonces, “los programas legales católicos, las parroquias, las comunidades religiosas y los voluntarios los acompañan” a navegar en esa complejidad -y a veces en su propio idioma.
Anna alzó la voz en defensa del estado de derecho, el cual “debe estar a la altura de los seres humanos cuyas vidas regula, debe respetar las garantías procesales, reconocer la dignidad del ser humano y no debe perder de vista la importancia de la familia, la seguridad y la vida humana”.
Los inmigrantes no son un número de expediente, ni una situación migratoria, ni un tema de debate político, dijo. “Son seres humanos: una madre, un padre, un niño, un vecino, un compañero de parroquia, una persona creada a imagen y semejanza de Dios”.
Insta a los católicos a organizarse, centrarse, trabajar mancomunadamente para “que nuestras parroquias sigan siendo lugares de acogida en lugar de miedo”.
Los líderes tienen que informarse, la comunidad de fe debe estar informada sobre la realidad a las que se enfrentan las familias inmigrantes. “Hay que apoyar a los proveedores de servicios legales para que difundan información precisa y asesoramiento competente. Hay que rechazar la retórica que deshumaniza a nuestros vecinos. Tenemos que estar al lado de las familias inmigrantes cuando se sientan asustadas o solas”.
Finalizó diciendo que la responsabilidad es de todos. “Nos incumbe a todos”.
Durante más de 35 años, CLINIC ha trabajado junto a organizaciones católicas y programas legales comunitarios de todo el país para proteger los derechos y la dignidad de los inmigrantes.
Para mayor información sobre CLINIC, visite: https://www.cliniclegal.org.
