Más de un siglo después de abrir sus puertas, la escuela católica San Martín de Tours inició un nuevo año académico reafirmando la misión que ha guiado a su comunidad educativa durante 101 años: formar estudiantes en la fe, el conocimiento y el servicio.
Estudiantes, padres de familia, maestros y religiosos dieron la bienvenida al nuevo año escolar durante la misa de inicio de clases celebrada, el 28 de agosto, en la parroquia San Martín de Tours, sede de una de las comunidades católicas más activas de la Arquidiócesis de Washington.
Durante la celebración, el párroco Dave Wells recordó a los estudiantes que “la educación católica va más allá de la enseñanza académica”, invitándoles a reconocer la presencia de Dios en su vida cotidiana. Presentó, también, a los vicarios parroquiales Joe Heisey y James Fangmeyer, así como a las hermanas Yelitza y Providencia.
La liturgia coincidió con la festividad de San Agustín, uno de los grandes maestros de la Iglesia. El párroco Wells -inspirado en el legado del santo- destacó la importancia de “aprender y crecer en la fe dentro de una comunidad que camina unida”.
Alianza escuela y familias
Para Stephen Lamont, director de la escuela, el inicio del curso representa una nueva oportunidad para acompañar el crecimiento académico y espiritual de los estudiantes.
“Estoy muy emocionado de volver. Tenemos una comunidad extraordinaria. Las familias están realmente involucradas en la vida de la escuela”, afirmó Lamont en una entrevista.
Destacó que uno de los mayores activos de la escuela San Martín de Tours es “la estrecha colaboración entre la escuela y las familias” y describió a los padres como participantes activos en la vida escolar, desde la asistencia en actividades diarias hasta el acompañamiento constante del proceso educativo.
Existe "una auténtica alianza entre la escuela y las familias", una relación que permite identificar fortalezas, atender desafíos y trabajar juntos por el crecimiento de cada estudiante.
Sobre el valor de la educación católica, Lamont señaló que el objetivo va más allá del éxito académico. Explicó que la escuela busca formar jóvenes seguros de sí mismos, arraigados en la fe y comprometidos con el respeto al prójimo: “Los estudiantes se gradúan con confianza en sí mismos, conocen verdaderamente a Cristo y reconocen la dignidad de cada persona”.
A pesar de los cambios a lo largo de más de cien años, Lamont considera que la identidad y misión de la escuela sigue siendo la misma: una convicción que continúa guiando el trabajo educativo de la comunidad escolar.
La misión de la escuela -subrayó- comienza con la formación espiritual con el objetivo de "compartir el amor de Cristo con nuestros estudiantes", base sobre la que se construye la enseñanza académica.
Cada nuevo año escolar, añadió, representa una oportunidad para acompañar a los estudiantes en su crecimiento académico, personal y espiritual, apoyados por un equipo docente estable que mantiene una estrecha relación con las familias.
Además del aprendizaje en el aula, la escuela promueve una formación integral basada en la fe, el servicio y la vida en comunidad. Los deportes, especialmente el fútbol, desempeñan un papel importante al ayudar a los estudiantes a desarrollar valores como el respeto, la responsabilidad, el compañerismo y la perseverancia.
Con cerca de 190 estudiantes, más de la mitad de ellos hispanos, San Martín de Tours refleja la diversidad de su comunidad parroquial. Lamont señaló que uno de los principales desafíos es mantener la educación católica al alcance de las familias, por lo que la escuela complementa la matrícula con programas de ayuda financiera, apoyo arquidiocesano, becas y alianzas con organizaciones como la Crimsonbridge Foundation. La escuela también acompaña a los estudiantes en su transición a la secundaria, orientando a las familias sobre opciones académicas y recursos económicos.
Formación académica y espiritual
La hondureña Lucía Argueta fue una de las orgullosas madres que asistieron a la Eucaristía y expresó su gratitud por la educación que reciben sus hijos en la comunidad escolar.
“Simplemente nos encanta. Valoramos la educación, la preparación para la vida y nuestra religión católica, porque para nosotros es muy importante que nuestros hijos conozcan las cosas de Dios desde temprana edad”, afirmó Argueta.
Argueta, quien tiene hijos en tercer y quinto grado y forma parte de la comunidad desde hace seis años, aseguró que la combinación de excelencia académica y formación en la fe ha sido fundamental para el crecimiento integral de sus hijos.
“Mi deseo es que cuando salgan de aquí sean unos jóvenes con valores, que no olviden que Dios es el centro de todo”, concluyó.
La colombiana Claribel Vanegas de Garza, madre de tres hijos, también elogió la formación que ofrece la escuela. Su hijo mayor cursa el último año en la Universidad de Maryland, mientras que su hija cursa 11.º grado en la escuela secundaria y su hija menor, de 12 años, cursa séptimo grado en la escuela San Martín.
“Es una excelente escuela”, afirmó Claribel. “Además, tanto la parroquia como la escuela brindan un gran apoyo a la comunidad”.
Al hablar sobre sus aspiraciones para la formación de sus hijos, destacó la importancia de los valores recibidos en el hogar y en la escuela.
“Lo más importante es que sigan cultivando su fe y nunca olviden las enseñanzas y los valores católicos que han aprendido aquí y en casa”, expresó.
En el área metropolitana de Washington existen numerosas opciones educativas, incluidas escuelas públicas, privadas, independientes y parroquiales. Sin embargo, algunos padres de familia dudan a la hora de explorar las distintas alternativas.
Ante esa realidad, Vanegas animó a las familias a considerar la educación católica como una opción para sus hijos.
“Hay que perder el miedo. A veces, como padres, limitamos los sueños de nuestros hijos. Este es un país de oportunidades, y si se trata de educación católica, mucho mejor, porque los mantiene alejados de las influencias negativas del mundo. Siempre debemos inculcarles nuestra fe católica”, concluyó.
